TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO B

DOMINGO XXVIII

 

LUNES XXVIII

 

MARTES XXVIII

 

MIÉRCOLES XXVIII

 

JUEVES XXVIII

 

VIERNES XXVIII

 

SÁBADO XXVIII

 

TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO B

DOMINGO XXVIII

 

Ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro de la Sabiduría    7, 7-11

 

Oré, y me fue dada la prudencia, supliqué, y descendió sobre mí el espíritu de la Sabiduría. La preferí a los cetros y a los tronos, y tuve por nada las riquezas en comparación con ella. No la igualé a la piedra más preciosa, porque todo el oro, comparado con ella, es un poco de arena; y la plata, a su lado, será considerada como barro.

La amé más que a la salud y a la hermosura, y la quise más que a la luz del día, porque su resplandor no tiene ocaso.

Junto con ella me vinieron todos los bienes, y ella tenía en sus manos una riqueza incalculable.

 

Palabra de Dios

 

SALMO    Sal 89, 12-13. 14-15. 16-17 (R.: 14)

 

R.    Señor, sácianos con tu amor, y cantaremos felices.

 

Enséñanos a calcular nuestros años,

para que nuestro corazón alcance la sabiduría.

¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo…?

Ten compasión de tus servidores.

 

Sácianos en seguida con tu amor,

y cantaremos felices toda nuestra vida.

Alégranos por los días en que nos afligiste,

por los años en que soportamos la desgracia.

 

Que tu obra se manifieste a tus servidores,

y que tu esplendor esté sobre tus hijos.

Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor;

que el Señor, nuestro Dios,

haga prosperar la obra de nuestras manos.

 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta a los Hebreos    4, 12-13

 

La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de doble filo: ella penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, de las articulaciones y de la médula, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Ninguna cosa creada escapa a su vista, sino que todo está desnudo y descubierto a los ojos de aquel a quien debemos rendir cuentas.

 

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 17-30

 

Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»

Jesús le dijo: « ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»

El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»

Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.»

El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: « ¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!»

Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.»

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.»

Pedro le dijo: «Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.»

Jesús respondió: «Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.»

 

Palabra del Señor.

 

O bien más breve:

 

Lectura del santo Evangelio según san Marcos    10, 17-27

 

Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»

Jesús le dijo: « ¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre.»

El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud.»

Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme.» El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: « ¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!»

Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios.»

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La lectura del libro de la Sabiduría nos presenta lo que el autor considera el bien más excelente que está por encima de todos los bienes de la tierra: la sabiduría. Para el hombre bíblico la sabiduría no era erudición, acumulación de conocimiento, sino el logro de una visión armónica sobre el mundo, el hombre y Dios. Los sabios con el tiempo van descubriendo que ese plan maravilloso de Dios está contenido en la Ley y el verdadero sabio será el que la sabe interpretar y la pone en práctica.

***

  • En este pasaje de la carta a los hebreos, Pablo presenta la Palabra de Dios no como una palabra pasada, sino actual y viva, dirigida personalmente a cada uno de los que la escuchamos cuando es proclamada, no vacía sino llena de contenido y eficacia. El influjo de la Palabra debe penetrar hasta lo más profundo, hasta la médula; debe ser como espada de doble filo que penetra hasta la coyuntura misma de la vida y el alma. Cuando esa Palabra de Dios toca nuestra vida, nuestro ser, se convierte en guía y alimento de nuestra existencia.

***

  • En el Evangelio de Marcos, al hombre que se acercó a Jesús para preguntarle sobre cómo alcanzar vida eterna Jesús le recuerda que un buen camino de perfección son los mandamientos. Particularmente le recuerda aquellos que están más en relación con el prójimo. En los mandamientos pone Jesús el humus para la tierra que será sembrada. Este hombre que los cumplía busca crecer más, ser más y encontrar más sentido a la vida, mayor plenitud. La respuesta de Jesús es clara, sencilla: «anda, vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres, luego ven, y sígueme».
  • Éste es el punto de definición para el seguimiento a Jesús. El amor de Dios manifestado en Jesús es siempre una invitación a ir más allá. Jesús lo sitúa en una nueva dimensión: para tenerlo todo es necesario  desprenderse de todo; para ser hay que dejar.
  • Es incompatible el verdadero seguimiento con el apego a los bienes. Jesús establece nuevas reglas, abre un nuevo camino: el hombre sólo tiene o posee  cuando da; uno que se da a sí mismo es sí mismo; uno que da todo es todo.
  • Es el camino  nuevo que trae Jesús: vaciarnos de lo vacío para llenarnos de plenitud. Vaciarnos de todo lo que nos aliena para vivir una actitud  nítida con respecto a las cosas, entender y vivir que las riquezas no constituyen el  gran valor de la vida humana, que el hombre no se define por lo que tiene.
  • Sólo cuando la riqueza es puesta al servicio de la comunidad deja de ser obstáculo  para el seguimiento.
  • Donde se juega el todo de nuestra vida es en nuestra opción más  profunda, aquella que dirige realmente nuestras decisiones.
  • El desprendimiento de las riquezas es la piedra de  toque de la autenticidad de nuestra fe y de nuestro amor.
  • «Entonces, ¿quién puede salvarse?» El hombre que ha comprendido el amor de Dios ya no pregunta por la medida y límites  de lo que se le pide; quiere amar a Dios con todo su corazón y demostrarlo con el amor a  los demás. Únicamente podrán trabajar por la fraternidad universal, por el reino de Dios, los  desprendidos, los pobres, los que buscan ante todo los valores del Reino.
  • El hombre nace de aquello que deja. La pobreza lo libera de la idolatría del tener y lo  capacita para relacionarse con Dios, con los demás y con las cosas de una manera nueva.  La pobreza lo abre al compartir, le descubre a Dios como bien inagotable.  Por la pobreza, se llega a la verdadera riqueza que es sabiduría de abandono en las manos de Dios, despojo de toda  ansia de posesión, de todo hábito de apego a las cosas, de todo afán de prestigio o dominio, y puede dejarse re-crear por el Padre como nueva criatura.
  • Lo que Jesús propone no es un programa económico-social, sino una actitud del  corazón; es decir, que tengamos nuestros bienes y dinero, pero reconociendo con  toda lealtad de que ese bien pertenece a toda la comunidad, y particularmente a los pobres.
  • Una Iglesia que anuncia este evangelio y que no comparte realmente sus bienes  materiales con la comunidad corre el peligro de convertirse en una caricatura de la  Iglesia de Jesucristo. Pero para lograr esta coherencia necesitamos la ayuda de Dios, porque «para Dios no hay nada imposible»

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿A qué nos llama este Evangelio en nuestra vida de fe?
  • ¿De qué modo puedo hacer efectiva mi opción por la pobreza evangélica?
  • ¿Qué cosas se han transformado en una riqueza asfixiante?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Que seas Tú mi riqueza

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Si quieres ser perfecto». Así pues, el rico no ha llegado a la perfección.

Aunque es libre de llegar o no a ella. La expresión «si quieres» muestra de un modo estupendo la libertad del hombre: la elección depende de él, la decisión a él le corresponde.

Del otro lado está el Dios que da. Dios da a todos los que desean, que no escatiman sus fuerzas y que oran. Concede incluso que la salvación sea obra de ellos mismos.

Dios, enemigo de la violencia, no obliga a nadie, sino que ofrece su gracia a quien la busca, la ofrece a quien la pide, abre a quien llama.

Si queréis la perfección, si la queréis sinceramente, sin engañaros a vosotros mismos, debéis procuraros aquello que todavía os falta.

Y os falta una sola cosa, esa que es la única que dura, que es superior a la ley, que la ley no puede dar ni quitar y que constituye la verdadera riqueza de los seres vivos.

El hombre ha observado toda la ley desde su primera juventud, tanto que ahora hace grandes elogios de sí – mismo; sin embargo, pese a que todos sus méritos, no puede procurarse esta gracia única, de la que sólo el Salvador dispone, no puede alcanzar la eternidad que desea.

Así, se va triste y desanimado, porque piensa que es demasiado alto el precio de la salvación que había venido a pedir.

El hecho es que no quería la vida eterna con la intensidad que se imaginaba tener. Tal vez, en el fondo, quería una sola cosa: mostrar buena voluntad para hacer un poco de exhibicionismo.

Aunque solícito y meticuloso en todo lo demás, ante el tesón necesario para alcanzar la vida eterna se siente débil, como paralizado, inerte.

 

Clemente de Alejandría. El buen uso del dinero

 

PARA REZAR


Padre, me abandono en tus manos,
el abandonarse es un compromiso solo con
y en la madurez de Cristo Jesús.

Es un dejarse ir

es una ruptura con las cuerdas por las cuales
uno manipula, controla, administra,
la fuerza de la propia vida.
El abandonarse es no manejar nada,
no esperar nada,
el abandonarse es recibir todas las cosas
de manera en que uno recibe un regalo
con las manos abiertas,
y el corazón abierto.

El abandonarse es ser dirigido,
no por las necesidades humanas, sino por Dios,
el abandonarse es más que un compromiso,
es no hacer nada para Dios, sino dejar que
todo sea hecho por Dios.

El abandonarse se hace solamente en la
esperanza de que la vida de Dios rodee
todas las cosas,
de que venga su Reino,
de que su voluntad sea cumplida.

Amén.

 

Eduardo J. Farrell

 

LUNES XXVIII

 

Aquí hay alguien que es más que Jonás

 

Principio de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    1, 1-7

 

Carta de Pablo, servidor de Jesucristo, llamado para ser Apóstol, y elegido para anunciar la Buena Noticia de Dios, que él había prometido por medio de sus Profetas en las Sagradas Escrituras, acerca de su Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, nacido de la estirpe de David según la carne, y constituido Hijo de Dios con poder según el Espíritu santificador, por su resurrección de entre los muertos. Por él hemos recibido la gracia y la misión apostólica, a fin de conducir a la obediencia de la fe, para gloria de su Nombre, a todos los pueblos paganos, entre los cuales se encuentran también ustedes, que han sido llamados por Jesucristo.

A todos los que están en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos, llegue la gracia y la paz, que proceden de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 97, 1. 2-3b. 3c-4 (R.: 2a)

 

R.    El Señor manifestó su victoria.

 

Canten al Señor un canto nuevo,

porque el hizo maravillas:

su mano derecha y su santo brazo

le obtuvieron la victoria. R.

 

El Señor manifestó su victoria,

reveló su justicia a los ojos de las naciones:

se acordó de su amor y su fidelidad

en favor del pueblo de Israel. R.

 

Los confines de la tierra han contemplado

el triunfo de nuestro Dios.

Aclame al Señor toda la tierra,

prorrumpan en cantos jubilosos. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    11, 29-32

 

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: «Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Pablo durante quince años funda «Iglesias» en tierra pagana. Toda el Asia Menor y las grandes ciudades de Grecia tienen ahora su Comunidad: cada Iglesia fundada crece y se desarrolla por el mismo dinamismo de sus miembros.
  • Es un momento decisivo en la vida de Pablo, son más de veinte años los que Pablo ha vivido ya como cristiano; reflexionando sobre el misterio de Cristo que ya había esbozado en otras cartas; ahora presenta una exposición completa de su visión sobre el plan salvador de Dios.
  • Por otro lado, considera ahora que su tarea en Oriente está terminada. Quiere continuarla con los paganos de Occidente. Proyecta llegar a España pasando por Roma y para preparar su estadía en la capital del Imperio, escribe a la «comunidad de Roma», fundada ya por san Pedro. Roma no es sólo la capital de un gran imperio, es también un lugar donde Dios ha mostrado su amor haciendo llegar el anuncio de su Hijo.
  • La Epístola a los Romanos se escribió el año 57 ó 58. Pablo que no conocía a la comunidad de Roma, seguramente formada por unos cristianos procedentes del judaísmo y otros del paganismo, escribe con humildad; presentándose con tres títulos: Servidor, Apóstol, Escogido. Pablo tiene conciencia de haber sido llamado y consagrado a una obra que sobrepasa totalmente sus fuerzas humanas.
  • Pero Pablo no es lo importante: es Jesús, y de Él habla ya, con entusiasmo, desde el saludo: «nacido de la estirpe de David, constituido Hijo de Dios, con pleno poder por su resurrección: Jesucristo Nuestro Señor». A sus hermanos cristianos, los considera como «muy amados de Dios».
  • La fe es el tema principal de su carta. Una fe salvadora, que presenta como «obediencia», por la cual el hombre se «somete» al Dios que se revela pidiéndole obediencia a su Voluntad.
  • Sin embargo, no sólo nos quiere obedientes en una vida de servicio a Él, mediante el culto; Él nos ha elegido para ser apóstoles, de tal forma que la Salvación que procede del Evangelio, llegue a todas las naciones.

***

  • Cuando Jesús acababa de exorcizar a un endemoniado, los oyentes le piden un signo. Sin negar su asombro ante este escepticismo, les enrostra la actitud de los ninivitas, que se convirtieron al oír la palabra de Jonás y, aquí hay uno mayor que Jonás y mayor que la reina de Saba.
  • Los judíos se sitúan en el plano más externo: necesitan milagros maravillosos para tener fe y convertirse. Exigen pruebas y demostraciones y no se les concederá más que la palabra viva de un Nazareno, que por el poder del Espíritu, con sus gestos y acción liberadora, los invita a la fe. No se les dará ningún otro signo más que el mismo Jesús.
  • La fe a la que invita Jesús se vive en libertad. La evidencia somete y no se discute, y la demostración encierra y aprisiona. Cristo proclama que la fe descansa únicamente sobre la confianza puesta en la persona del enviado.
  • El milagro físico tiene verdadera significación si interpela a la persona del testigo. Por eso también, la mayoría de los milagros solicitan la conversión interior y la fe; la solicitan, pero no la dan. El verdadero creyente no pide signos exteriores, porque en la persona misma de Jesús, descubre la presencia y la intervención discreta de Dios.
  • La vida, obra y muerte de Jesús a mano de los hombres, es la señal que debe ser aceptada. Es el Dios que aparentemente fracasa en la persona de Jesús. Es el Dios que muere en Jesús pero que resucita al tercer día. Es el Dios que en Jesús y por Jesús, comparte la suerte de los abandonados, los pobres, los despreciados de la historia. La señal, no es una acción arbitraria y portentosa, porque Dios no violenta la historia. En el crucificado habrá que descubrir al resucitado. No hay fe fuera del misterio de muerte y de resurrección del enviado. Los cristianos seguimos al resucitado por el camino del crucificado.
  • Este rostro sufriente de la hora extrema, de la hora de la Cruz es «misterio en el misterio, ante el cual el ser humano ha de postrarse en adoración». En efecto, «para devolver al hombre el rostro del Padre, Jesús debió no sólo asumir el rostro del hombre, sino cargarse incluso del «rostro» del pecado» San Juan Pablo II.
  • En el anuncio del Evangelio, el verdadero signo que podemos ofrecer es que nuestros gestos demuestren que la palabra, ha sido eficaz en nosotros y nos ha salvado, nos ha liberado y nos hace caminar como hombres nuevos, capaces de amar, de ser misericordiosos, de ser constructores de la paz, y de ser solidarios con los que sufren.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué espero que Dios haga en la historia?
  • ¿Pido signos para mi fe?
  • ¿Doy signos de mi fe?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Creo Señor, aumenta mi fe

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Aquí hay uno que es más que Salomón»

 

…»Dejadme citar un salmo, dicho por el Espíritu Santo a David; decís que se refiere a Salomón, vuestro rey, pero es ciertamente a Cristo a quien se refiere… «Dios mío, confía tu juicio al rey» (Sl 71,1). Porque Salomón llegó a ser rey, vosotros decís que este salmo se refiere a él, siendo así que las palabras del salmo señalan claramente a un rey eterno, es decir, a Cristo. Porque Cristo nos ha sido anunciado como rey, profeta, Dios, Señor, ángel, hombre, jefe supremo, piedra, niño pequeño por su nacimiento, primero como un ser de dolor, después subiendo al cielo, viniendo de nuevo en su gloria con la realeza eterna…

«Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes, para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud… Que se postren ante él todos los reyes, y que todos los pueblos le sirvan»… Salomón fue un rey grande e ilustre; es bajo su mandato que se ha construido el Templo de Jerusalén, pero queda claro que nada de lo que se dice en el salmo se le dice a él. Todos los reyes no le han adorado, no ha tenido un reino que llegara a los confines de la tierra, sus enemigos no se prosternaron ante él para lamer el polvo…

Salomón no es tampoco «Señor de los ejércitos» (Sl 23,10); es Cristo. Cuando resucitó de entre los muertos y subió al cielo, se ordenó a los príncipes establecidos por Dios en los cielos «abrid las puertas» de los cielos para que «entre el Rey de la gloria», suba «se siente a la derecha del Padre, hasta que haga de sus enemigos estrado de sus pies», como lo dicen otros salmos (23,109). Pero cuando los príncipes de los cielos lo vieron sin belleza, honor, ni gloria en su aspecto (Is 53,2), no le reconocieron y se preguntaban: « ¿Quién es ese rey de la gloria?» (Sl 23,8) el Espíritu les contestó: «El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria». En efecto, no es Salomón, por muy gloriosa que fuera su realeza…, que se ha podido decir de él: « ¿Quién es ese Rey de la gloria?»»…

 

San Justino (hacia 100-160), filósofo, mártir – Diálogo con Trifón

 

PARA REZAR

 

Señor, Dios todopoderoso,
tú eres el Padre de todos.
Tú has creado a los hombres
para que vivan en tu casa
y alaben tu gloria.
Abre mi corazón para escuchar tu voz
y, pues me he apartado de ti por el pecado,
haz que vuelva a ti de todo corazón
y te reconozca como Padre,
lleno de misericordia para todos los que te invocan.
Corrígeme para que me aparte del mal
y perdona mis pecados.
Dame la alegría de tu salvación
para que, retornando junto a ti,
me alegre en el banquete de tu casa
ahora y siempre y por los siglos de los siglos.

 

MARTES XXVIII

 

Den como limosna lo que tienen y todo será puro

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    1, 16-25

 

Hermanos:

Yo no me avergüenzo del Evangelio, porque es el poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos en primer lugar, y después de los que no lo son. En el Evangelio se revela la justicia de Dios, por la fe y para la fe, conforme a lo que dice la Escritura: El justo vivirá por la fe.

En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo contra la impiedad y la injusticia de los hombres, que por su injusticia retienen prisionera la verdad. Porque todo cuanto de se puede conocer acerca de Dios está patente ante ellos: Dios mismo se lo dio a conocer, ya que sus atributos invisibles -su poder eterno y su divinidad- se hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo, por medio de sus obras.

Por lo tanto, aquellos no tienen ninguna excusa en efecto, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como corresponde. Por el contrario, se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó en la oscuridad. Haciendo alarde de sabios se convirtieron en necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representan a hombres corruptibles, aves, cuadrúpedos y reptiles.

Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios cuerpos, ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente. Amén.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 18, 2-3. 4-5ab (R.: 2a)

 

R.    El cielo proclama la gloria de Dios.

 

El cielo proclama la gloria de Dios

y el firmamento anuncia la obra de sus manos;

un día transmite al otro este mensaje

y las noches se van dando la noticia. R.

 

Sin hablar, sin pronunciar palabras,

sin que se escuche su voz,

resuena su eco por toda la tierra

y su lenguaje, hasta los confines del mundo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    11, 37-41

 

Cuando terminó de hablar, un fariseo lo invitó a cenar a su casa. Jesús entró y se sentó a la mesa. El fariseo se extrañó que no se lavara antes de comer.

Pero el Señor le dijo: « ¡Así son ustedes, los fariseos! Purifican por fuera la copa y el plato, y por dentro están llenos de voracidad y perfidia. ¡Insensatos! El que hizo lo de afuera, ¿no hizo también lo de adentro? Den más bien como limosna lo que tienen y todo será puro.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • La fe estará en el centro de toda la Carta a los Romanos. La fe en Cristo es recibida por pura gracia. Tener fe en alguien es entregarse a él, abandonarse a él, poner todo el ser en sus manos. Tener fe en alguien es creer suficientemente en su palabra para que ella se haga nuestra propia palabra.
  • Para Pablo el Evangelio, es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del «judío» en primer lugar y también del «griego» después. El evangelio no es «algo» estático, pasivo; es un «dinamismo de Dios», es una «fuerza en acción».
  • La «Justicia de Dios» se revela en el Evangelio. Esta justicia no es la que corresponde a un juez que recompensa o castiga, sino la que salva y justifica. El hombre la recibe si colabora. Esta justicia no se alcanza ni mediante los esfuerzos del hombre, ni por cumplir la ley, ni por pertenecer a la raza de Abraham. Se obtiene mediante la fe, la obediencia al Evangelio y la aceptación de su poder.
  • Se trata de una actitud activa de Dios que «justifica», que «hace ser justo». Es Dios quien salva por su gracia. Y la fe del hombre es, justamente, la «correspondencia» a ese acto divino. Nos salvamos acogiendo por la fe la salvación, la justicia, que Dios nos da.
  • Pablo aborda después la cuestión del conocimiento natural de Dios. Para Pablo, la incapacidad en la que el hombre se encuentra, de conocer a Dios a través de lo creado, no es de tipo intelectual; sino de orden moral: el hombre ha hecho de sí mismo el centro del mundo, perdiendo así progresivamente la posibilidad de leer la presencia de Dios en las cosas creadas.
  • El hombre es libre para rechazar a Dios, pero no puede evitar las consecuencias de tal acción. La sabiduría de Dios es distinta de la de los hombres. Al que vive entregado a los caprichos de su yo y a las exigencias del mundo, le parece mera locura. La sabiduría de Dios se manifiesta en la Cruz de Cristo de un modo claro e incomprensible, al mismo tiempo.

***

  • Continúa el viaje de Jesús, camino de Jerusalén. Lucas sitúa en este contexto una serie de recomendaciones y episodios. Durante tres días escucharemos sus duras invectivas contra los fariseos. La preocupación farisea por la pureza legal, dividía a la humanidad en «puros» e «impuros», en judíos y no-judíos, desfigurando el verdadero Rostro de Dios.
  • Jesús confronta al fariseo y a los presentes y los llama a revisar su actitud de vida. Muchos de ellos empleaban la pureza ritual para encubrir los robos, las injusticias y las malas intenciones que cometían diariamente. El pueblo acudía a ellos buscando un juicio justo, la defensa de sus derechos, pero a ellos sólo les interesaba sacar beneficio económico de su servicio.
  • Jesús denuncia, especialmente en los fariseos, una concepción de la vida que apaga la Palabra y le impide alcanzar a los hombres. Jesús cuestiona estas prácticas y muestra cómo son continuadores de una mala tradición que no reconoce el valor del ser humano. La práctica cristiana consiste en el mandamiento del amor. El amor es el que hace el corazón puro, no las prácticas rituales vacías de contenido. La pureza interior es el resultado del amor a los demás.
  • Aparece una nueva ley, que no es una ley preceptual que achica la vida y la somete, sino la novedad de la verdadera la libertad. Jesús habla de la limosna, considerada por los judíos como una de las obras más excelentes, pero insiste, en la necesidad de un cambio interior y sincero, que sin descuidar las normas de vida comunitaria o cultural, supere el cumplimiento del dar dinero en atención a la prescripción legal, y permita la realización de una sociedad más justa y equilibrada. No alcanza que entreguemos ofrendas en el templo o alguna limosna, si no sentimos en carne propia, el dolor del que sufre la miseria, y descuidamos la práctica de la misericordia y del amor solidario.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué concepto tengo de pureza?
  • ¿Qué relación encuentro entre pureza y caridad?
  • ¿Qué lugar ocupa la limosna en mi camino de fe?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Tu Palabra Señor es mi alegría

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?»

 

…»«Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato». Como veis, nuestros cuerpos son llamados aquí con los nombres de objetos de tierra y frágiles, que una simple caída puede romper. Y los íntimos sentimientos del alma son llamados por expresiones y gestos del cuerpo, tal como lo que encierra el interior de una copa se deja ver por fuera. .. Ved, pues, que no es el exterior de una copa o de un plato lo que nos ensucia el interior.

Como buen maestro, Jesús os ha enseñado cómo limpiar las manchas de nuestro cuerpo, diciendo: Más bien dad como limosna lo que tenéis y todo le demás será puro en vosotros». ¡Veis bien cuántos remedios hay! La misericordia nos purifica. La palabra de Dios también nos purifica, tal como está escrito: «Vosotros estáis ya limpios gracias a la palabra que os he anunciado» (Jn 15,3)…

Es el punto de partida de un buen pasaje: el Señor nos invita a buscar la simplicidad y condena el estar ligado a lo que es superfluo y ramplón. Los fariseos, a causa de su fragilidad, son comparados, y no sin razón, a la copa y al plato: observan escrupulosamente puntos que no tienen ninguna utilidad para nosotros, y olvidan aquello donde se encuentra el fruto de nuestra esperanza. Cometen, pues, una gran falta, despreciando lo mejor. Y sin embargo, también a esta falta se le ha prometido el perdón si viene detrás de la misericordia y la limosna»…

 

San Ambrosio (hacia 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia – Comentario al evangelio de Lucas, 7, 100-102

 

PARA REZAR

 

Oración para la acción

 

Señor, danos la sabiduría
que juzga desde arriba y ve a lo lejos
danos el Espíritu que omite
lo insignificante en favor de lo esencial.

Enséñanos a serenarnos
frente a la lucha y a los obstáculos
y a proseguir en la fe, sin agitación
el camino por ti trazado.

Danos una actividad serena
que abarque con una visión
unitaria, la totalidad.

Ayúdanos a aceptar la crítica
y la contradicción
Haz que sepamos evitar
el desorden y la dispersión.

Que amemos todas las cosas
juntamente contigo
Oh Dios, fuente de ser,
únenos a Ti y a todo lo que te converge
hacia la alegría y la eternidad

Amén.

 

Padre Ignacio Larrañaga

 

MIÉRCOLES XXVIII

 

Al que me reconozca, lo reconoceré ante el Padre

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    2, 1-11

 

Tú que pretendes ser juez de los demás -no importa quién seas- no tienes excusa, porque al juzgar a otros, te condenas a ti mismo, ya que haces lo mismo que condenas. Sabemos que Dios juzga de acuerdo con la verdad a los que se comportan así.

Tú que juzgas a los que hacen esas cosas e incurres en lo mismo, ¿acaso piensas librarte del Juicio de Dios? ¿O desprecias la riqueza de la bondad de Dios, de su tolerancia y de su paciencia, sin reconocer que esa bondad te debe llevar a la conversión? Por tu obstinación en no querer arrepentirte, vas acumulando ira para el día de la ira, cuando se manifiesten los justos juicios de Dios, que retribuirá a cada uno según sus obras. El dará la Vida eterna a los que por su constancia en la práctica del bien, buscan la gloria, el honor y la inmortalidad. En cambio, castigará con la ira y la violencia a los rebeldes, a los que no se someten a la verdad y se dejan arrastrar por la injusticia.

Es decir, habrá tribulación y angustia para todos los que hacen el mal: para los judíos, en primer lugar, y también para los que no lo son. Y habrá gloria, honor y paz para todos los que obran el bien: para los judíos, en primer lugar, y también para los que no lo son, porque Dios no hace acepción de personas.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 61, 2-3. 6-7. 9 (R.: 13b)

 

R.    Tú, Señor, retribuyes a cada uno según sus acciones.

 

Sólo en Dios descansa mi alma,

de él me viene la salvación.

Sólo él es mi Roca salvadora,

él es mi baluarte: nunca vacilaré. R.

 

Sólo en Dios descansa mi alma,

de él me viene la esperanza.

Sólo él es mi Roca salvadora,

él es mi baluarte: nunca vacilaré. R.

 

Confíen en Dios constantemente,

ustedes, que son su pueblo,

desahoguen en él su corazón,

porque Dios es nuestro refugio. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    11, 42-46

 

« ¡Ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.

¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas!

¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!»

Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros.»

El le respondió: « ¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Ayer Pablo desautorizaba a los paganos por no haber llegado al conocimiento de Dios, a pesar de sus huellas claras, en la creación de este mundo. Hoy se dirige a los judíos que no han sabido estar a la altura de su elección y misión en el mundo. Esto parece escandalizarlo más que el pecado de los paganos.
  • No hay ningún privilegio ante Dios. No basta pertenecer al pueblo de Abrahán para ser agradable a Dios. Hay que responder a ese don con una conducta coherente con la Alianza. El judío ha visto la elección como privilegio y no como vocación para una tarea; como si Dios fuera un padre que ama a unos hijos y repudia a otros. Y eso no es verdad: Dios da a cada hombre una función diversa, pero, en la hora definitiva los hombres no son recompensados por la «categoría» de la función asignada, sino por la fidelidad con que han cumplido su papel.
  • Tampoco el conocimiento más o menos perfecto de Dios será decisivo en la hora del juicio. Lo decisivo no es el conocimiento, sino la búsqueda. Tampoco el conocimiento de la ley será decisivo en aquella hora. El pagano puede salvarse, y Pablo indica el modo de salvarse el pagano: «seguir su conciencia», «la ley inscrita en su corazón». 
  • Si el don de Dios es para todos, el juicio también lo será para cada uno «según sus obras». Será juicio de «gloria, honor y paz», de «vida eterna» para todos si han sabido responder al don de Dios. Pero será «de castigo implacable» si se han rebelado contra la verdad.
  • Lo importante y necesario es hacer el bien, conformando la vida al Evangelio, que es Cristo; revistiéndonos de Cristo, de modo que perseverando en la práctica del bien, recibamos, finalmente, Vida Eterna de manos de Dios, nuestro Padre.

***

  • La ley estaba hecha para permitir una convivencia social armoniosa y para que se evitara el crecimiento descontrolado de la brecha entre ricos y pobres, ignorantes e instruidos, piadosos y pecadores. Pero esta ley, muchas veces manipulada por autoridades inescrupulosas religiosas judías y romanas, se convirtió en una carga pesada e inútil, que oprimía al pueblo en nombre de Dios. Los fariseos quieren aparecer como irreprochables, para ser honrados y estimados como piadosos.
  • Lucas nos presenta tres acusaciones muy duras de Jesús contra los fariseos, y una contra los doctores de la ley, que se la buscaron metiéndose en la conversación: pagan los diezmos hasta de las verduras más baratas, pero luego descuidan: «el derecho y el amor de Dios»; «les encantan los asientos de honor», «son como tumbas sin señal» que por fuera, parecen limpias, y por dentro sólo tienen la corrupción de la muerte.
  • Jesús se rebela contra este modo de presentar la ley; confrontándolos con lo central de la palabra de Dios que son la justicia y la misericordia. No hay convivencia posible entre el cumplimiento de la ley y la práctica de la injusticia. No se puede ser un hombre religioso siendo inmisericorde con el humilde.
  • Si Jesús echa en cara a fariseos y escribas su pecado, es para moverlos a conversión. El discípulo de Jesús, debe valorar las cosas según el querer de Dios y dar importancia a las cosas, más allá de su propia conveniencia. Debe centrar su esfuerzo y preocupación en lo fundamental: el amor a Dios y el amor al hermano manifestados en una vida justa.
  • La verdadera justicia no consiste en el conocimiento puntilloso de la ley, echando cargas sobre los hombros de los demás, sino en ayudar a los «pobres» a llevar su propia carga.
  • Es necesario que el discípulo, viva en una constante purificación de sus motivaciones, para que el encuentro con Dios, se realice en la autenticidad de una existencia, vivida conforme al querer de Dios.
  • Los intereses personales y egoísmos, bajo el manto de la religiosidad vician la raíz de la propia vida, y nos colocan a nosotros y a los que toman contacto con nosotros, en un camino que, en lugar de acercar a Dios, aleja de Él.
  • Además de obras de caridad, es necesario que el discípulo no olvide la justicia y el amor de Dios. La fe no es un concepto bellamente dicho para hacer comprender a los demás; sino la responsabilidad de ayudar a vivir al hermano. No podemos creer que ya estamos salvados por haber ayudado ocasionalmente a nuestro prójimo, o por haber anunciado el Nombre del Señor, sin un compromiso real en la transformación del mundo.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Qué considero importante en mi camino de fe?
  • ¿Experimento la justicia como una necesidad para expresar mi vivencia cristiana?
  • ¿Qué criterios iluminan mi relación con Dios y con los demás?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Ven Espíritu Santo y renuévanos

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…»La respuesta del hombre a la gracia estará representada por la sumisión de su persona a la acción del Espíritu de Dios. No hace falta martirizarnos el cerebro para saber qué privaciones imponernos. El dominio de nuestra propia persona constituye un programa suficiente. En vez de ir más allá de las exigencias de Dios, es mejor realizar con sencillez de corazón lo que se nos pide hoy. Es posible que, de una manera inconsciente, nuestro corazón prefiera ciertas exigencias ideales a las del hoy. Mientras que se nos pide seguir con paciencia un camino tras las huellas de Dios, nosotros rechazamos la abundancia de los dones y preferimos estériles repliegues sobre nosotros mismos; preferimos mirar nuestro pecado en vez del incomprensible perdón de Dios; preferimos buscar nosotros solos remedios a nuestro mal íntimo, cuando Dios nos presenta estos remedios a través de los medios de la gracia ofrecidos en la Iglesia.

En el camino hacia el dominio de nosotros mismos es importante fijar nuestra propia mirada no tanto en los detalles, en los progresos o en los retrocesos como en el fin: Cristo Jesús. De otro modo, al tomar los medios por el fin, llegaremos a meditar más sobre el hombre que sobre Dios, y a afligirnos por nuestro pecado en vez de experimentar un estupor siempre renovado ante el perdón de Dios. ¿Debemos temer acaso que la disciplina interior nos conduzca a actitudes falsas, como el formalismo o el deseo de la perfección por sí misma? Es preciso hacer frente a estos peligros, sin quedarnos, no obstante, inmóviles, permitiendo que el miedo nos aprese ni que nos marque el paso. El equilibrio del cristiano se puede comparar al de un hombre que camina sobre el filo de una navaja. Sólo Dios puede mantener firme en su marcha al que acepta el riesgo cristiano: el de correr hacia Cristo. El formalismo es la costumbre. En ella sucumbe cada día aquel cuya disciplina espiritual ya no es movida por el amor a Cristo y al prójimo

 

R. Schutz, 1982-edición española: Vivir en el hoy de Dios, Estela, Barcelona.

 

PARA REZAR

 

En medio de un mundo,

donde la gente tiene hambre y sed…

Adoremos a Dios

que alimenta a quienes tienen hambre.

En medio de un mundo,

donde la gente sufre abuso y es oprimida…

Adoremos a Dios

que nos llama a la compasión y la justicia.

En medio de un mundo,

plagado de guerras y rumores de guerras…

Adoremos a Dios

que quiere nada menos que la paz para el mundo.

En medio de un mundo,

con vacío espiritual…

Adoremos a Dios

que le da sentido a la vida.

Adoremos a Dios

cuya gracia y cuyo amor no tienen fin.

 

Fuente: Red Crearte.

 

JUEVES XXVIII

 

No han entrado y se lo impiden a los demás

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    3, 21-30a

 

Hermanos:

Ahora, sin la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas: la justicia de Dios, por la fe en Jesucristo, para todos los que creen. Porque no hay ninguna distinción: todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención cumplida en Cristo Jesús. El fue puesto por Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, gracias a la fe. De esa manera, Dios ha querido mostrar su justicia: en el tiempo de la paciencia divina, pasando por alto los pecados cometidos anteriormente, y en el tiempo presente, siendo justo y justificando a los que creen en Jesús.

¿Qué derecho hay entonces para gloriarse? Ninguno. Pero, ¿en virtud de qué ley se excluye ese derecho? ¿Por la ley de las obras? No, sino por la ley de la fe. Porque nosotros estimamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley.

¿Acaso Dios es solamente el Dios de los judíos? ¿No lo es también de los paganos? Evidentemente que sí, porque no hay más que un solo Dios.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO     Sal 129, 1-2. 3-4b. 5-6b (R.: 7)

 

R.    En el Señor se encuentra la misericordia y la redención en abundancia.

 

Desde lo más profundo te invoco, Señor.

¡Señor, oye mi voz!

Estén tus oídos atentos

al clamor de mi plegaria. R.

 

Si tienes en cuenta las culpas, Señor,

¿Quién podrá subsistir?

Pero en ti se encuentra el perdón,

para que seas temido. R.

 

Mi alma espera en el Señor,

y yo confío en su palabra.

Mi alma espera al Señor,

más que el centinela la aurora. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    11, 47-54

 

Dijo el Señor:

« ¡Ay de ustedes, que construyen los sepulcros de los profetas, a quienes sus mismos padres han matado! Así se convierten en testigos y aprueban los actos de sus padres: ellos los mataron y ustedes les construyen sepulcros.

Por eso la Sabiduría de Dios ha dicho: Yo les enviaré profetas y apóstoles: matarán y perseguirán a muchos de ellos. Así se pedirá cuenta a esta generación de la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la creación del mundo: desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue asesinado entre el altar y el santuario. Sí, les aseguro que a esta generación se le pedirá cuenta de todo esto.

¡Ay de ustedes, doctores de la Ley, porque se han apoderado de la llave de la ciencia! No han entrado ustedes, y a los que quieren entrar, se lo impiden.»

Cuando Jesús salió de allí, los escribas y los fariseos comenzaron a acosarlo, exigiéndole respuesta sobre muchas cosas y tendiéndole trampas para sorprenderlo en alguna afirmación.

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Pablo termina de pintar el cuadro pesimista de la humanidad entregada a sí misma e imposibilitada de alcanzar la salvación iniciando la parte positiva de su carta: la revelación de la salvación en Jesucristo.
  • Seguramente en la comunidad de Roma se daba alguna clase de tensión entre los que procedían del judaísmo y los del paganismo. Los judíos tenían el peligro de creer que merecían la salvación. La tesis que va repitiendo Pablo es que todos somos pecadores y todos somos salvados gratuitamente. Por la fe en Jesucristo viene la justicia de Dios a todos los que creen. Todos han pecado y a todos les ofrece Dios su salvación «gratuitamente, por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús». Dios ha tenido paciencia con unos y con otros.
  • La justicia de Dios es un acontecimiento. Ya en el Antiguo Testamento la justicia de Dios designaba no tanto su juicio sobre los buenos y los malos como su fidelidad a la Alianza, y su preocupación porque ésta triunfe, aunque sea por misericordia y perdón.
  • Pero «ahora la justicia se ha manifestado definitivamente en Cristo en la cruz» y más especialmente en la redención llevaba a cabo en esa cruz. Dios rescata al hombre de la muerte misma, proporcionándole en la comunión con Cristo resucitado, la posibilidad de vencer al pecado. La justicia de Dios es ese acto de Dios que lleva al hombre a la superación de sí mismo, de sus límites y de sus alienaciones, de su pecado y de su muerte.
  • Esta «redención» o esa «expiación» se realiza de manera absolutamente gratuita. Eso es lo que explica Pablo al oponer las obras de la ley a la sola fe. Jesús se ha convertido en fuente de salvación para toda la humanidad. Su sangre derramada por nosotros se ha convertido para nosotros en instrumento de perdón.
  • Es Jesús quien nos salva y no nosotros. Nuestra parte consiste en estar en comunión con Él, vivir de Él, creer en Él. La cruz de Jesús es a la vez la revelación de la inmensidad y de la gravedad del pecado de la humanidad toda, pero también es la revelación de la inmensidad del amor de Dios.
  • Así, mediante la fe en Cristo se ha abierto el camino que nos conduce a la unión con Dios; y a ese camino no sólo tienen acceso los judíos, sino todos, incluso los paganos.

***

  • Desde antiguo, por boca de los profetas Dios había mostrado su rechazo a quienes en su nombre, en medio del pueblo de la Alianza, promovían la injusticia, desdibujando el auténtico rostro de Dios. Muchos pastores, dirigentes del pueblo y falsos profetas con sus actitudes, sus normas y preceptos humanos contradecían la bondad y la justicia de Dios.
  • La misión de los profetas en su tiempo consistía en enfrentarlos y desenmascararlos públicamente. Siempre la profecía estuvo marcada por su incomodidad; para el que recibe el don, por la violencia interna que le causa; y para los interlocutores porque se sienten interpelados.
  • Por eso, frecuentemente, los contemporáneos del profeta pretenden condenarlo al silencio, lo calumnian, lo desacreditan, así hasta que muere. Llega entonces el momento de erigirle el sepulcro y de organizarle homenajes, cuando ya no molesta.
  • Jesús critica de modo frontal la corriente de los fariseos y legistas que han puesto la ley como único absoluto. No se puede hacer de la norma un absoluto, sin correr el riesgo de deformar el auténtico rostro del Dios de la justicia y la misericordia. Tampoco se puede poner la ley por encima del hombre sin hacer de él, un ser deshumanizado y deshumanizante.
  • Hay una radical incompatibilidad entre el modo de encarar la vida y la fe de Jesús y la práctica farisea. Para Jesús caminar en la fe, es vivir desde el amor, que lleva a la libertad. Vivir la fe es dar espacio y cabida para todos, sin hacer distinción de personas. Los fariseos viven una práctica de sometimiento y apegados a las normas, excluyen y desprecian a la mayoría, por incumplidores de unas leyes que ellos mismos inventaron.
  • Jesús pone de manifiesto su rechazo, al uso que hacen del nombre de Dios, y a la imagen falseada y extraña que transmiten. El Dios Santo es también presentado intransigente, intolerante, vengativo, implacable contra quien quebranta el más mínimo precepto.
  • «No hay cosa más peligrosa que juzgar las cosas de Dios con los discursos humanos». San Juan Crisóstomo

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Nos sentimos propietarios de la verdad?
  • ¿Exigimos lo que no vivimos?
  • ¿Nos creemos los únicos que tenemos razón en todas las discusiones?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Tu amor Señor permanece para siempre

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…»Qué significa «antes de la creación del mundo»? Significa que todavía no había nada: no existía el cielo, no existía la tierra y tampoco existía yo. Pero existía él, que pensaba ya en mí y me envolvía con su amor. Pensó en mí desde siempre y me amó desde siempre: el amor de Dios por mí es eterno. Es un pensamiento que da vértigo. No había todavía nada, pero existía ya, en el origen primigenio de las cosas, una ternura infinita que me envolvía: ahora se complace en mí, porque al verme ve a su Hijo y dice: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1,11). Al principio no había nada y él amó esta nada. Es esta nada la que fundamenta la gratuidad de su amor. El Señor me amó por nada, sin porqué. Lo ha dicho de una manera estupenda santo Tomás: «La raíz última del amor de Dios está en su gratuidad». Me ama por nada. Esto va unido a otro principio enunciado también por santo Tomás: «No me ama porque yo sea bueno, sino que me hace bueno al amarme». Es ésta una certeza que da a nuestro corazón una gran paz y una gran fuerza. Si Dios me amara por algo, siempre podría pensar que, si este algo dejara de existir, dejaría de amarme. Sin embargo, los cielos y la tierra pueden hundirse, pero no así el amor de Dios, nunca. Es un amor que no se rinde nunca, ya que está fundado sobre la nada. El amor de Dios no supone nada en mí y me transforma. La santidad depende por completo del creer que somos amados de este modo y de nuestro abandono a este amor. Yo soy una pobre y frágil criatura, soy nada, pero sobre esta nada se posa la mirada de Dios, se posa su amor. Y la nada florece ante él porque su amor realiza en mí maravillas. Es un amor omnipotente, que se derrama sobre el abismo de mi miseria y realiza grandes cosas»…

 

M. Magrassi, Amar con el corazón de Dios, Cinisello B. 1983.

 

PARA REZAR

 

Te confieso, Señor,

que mis conocimientos teóricos

sobre ti van aumentando,

pero mis actitudes no se parecen más a las tuyas.

No es que todo me sea indiferente,

pero me comprometo poco por ti.

Sé perfectamente que Tú

no me examinarás de teoría,

sino de amor solidario;

sin embargo, no termino de arrancar.

Confío en que las actividades

de mis hermanos en la fe y,

sobre todo, sentirte cercano

me ayuden a salir de esta situación.

¡Señor, que no quede todo en una idea más!

 

VIERNES XXVIII

 

No teman a los que matan el cuerpo

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    4, 1-8

 

Hermanos:

¿Y qué diremos de Abraham, nuestro padre según la carne? Si él hubiera sido justificado por las obras tendría de qué gloriarse, pero no delante de Dios. Porque, ¿qué dice la Escritura?: Abraham creyó en Dios y esto le fue tenido en cuenta para su justificación.

Ahora bien, al que trabaja no se le da el salario como un regalo, sino como algo que se le debe. Pero al que no hace nada, sino que cree en aquel que justifica al impío, se le tiene en cuenta la fe para su justificación. Por eso David proclama la felicidad de aquel a quien Dios confiere la justicia sin las obras, diciendo:

Felices aquellos a quienes fueron perdonadas sus faltas y cuyos pecados han sido cubiertos. Feliz el hombre a quien Dios no le tiene en cuenta su pecado.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 31, 1-2. 5. 11 (R.: cf. 7)

 

R.    Señor, tú eres mi refugio y me colmas con la alegría de la salvación.

 

¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado

y liberado de su falta!

¡Feliz el hombre a quien el Señor

no le tiene en cuenta las culpas,

y en cuyo espíritu no hay doblez! R.

 

Yo reconocí mi pecado,

no te escondí mi culpa,

pensando: « Confesaré mis faltas al Señor.»

¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado! R.

 

¡Alégrense en el Señor, regocíjense los justos!

¡Canten jubilosos los rectos de corazón! R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    12, 1-7

 

Se reunieron miles de personas, hasta el punto de atropellarse unos a otros. Jesús comenzó a decir, dirigiéndose primero a sus discípulos: «Cuídense de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. No hay nada oculto que no deba ser revelado, ni nada secreto que no deba ser conocido. Por eso, todo lo que ustedes han dicho en la oscuridad, será escuchado en pleno día; y lo que han hablado al oído, en las habitaciones más ocultas, será proclamado desde lo alto de las casas.

A ustedes, mis amigos, les digo: No teman a los que matan el cuerpo y después no pueden hacer nada más. Yo les indicaré a quién deben temer: teman a aquel que, después de matar, tiene el poder de arrojar a la Gehena. Sí, les repito, teman a ese.

¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos. Ustedes tienen contados todos sus cabellos: no teman, porque valen más que muchos pájaros.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Pablo tomará ejemplo de la vida de Abraham. El es el padre de todo el pueblo judío, pero tampoco él, fue justificado «por sus buenas obras» sino «por la fe».
  • No por sus méritos previos. Porque su elección había sido totalmente gratuita por parte del Dios que lo eligió misteriosamente a él. Esto Pablo lo recuerda de modo especial a los cristianos de Roma provenientes del judaísmo, propensos a sentir un santo orgullo por su pertenencia a la raza de Abrahán.
  • Cuando Dios eligió a Abrahán y le dio la misión de ser cabeza de su pueblo no podía presentar ante Dios «las obras» que realizaba, perteneciendo a un pueblo idólatra. Pero aceptar el plan que se le propone es lo que lo hizo agradable a Dios. «Su fe le fue computada como justicia».
  • Tanto puede ser heredero de Abrahán, y agradar a Dios, un judío convertido como un pagano que acepta la fe. San Pablo establece la unidad teológica de las dos Alianzas. Ya en la antigua Alianza era la fe la que salvaba. La salvación no nos es debida. No es algo merecido, como lo es un salario. Delante de Dios no hay «derechos adquiridos».
  • Dios es el que hace del impío un hombre justo; aquel que salva. Esto no significa que hay que permanecer pasivos en la fe, la fe moviliza al hombre entero y lo lleva a la vida apoyada y realizada en el amor; pero con la convicción profunda que todo es gracia.
  • La salvación es un don gratuito de Dios. Aquel que la recibe, creyéndole a Dios y confiando en Él para seguir su planes de salvación, es justificado, no por las obras personales, no por el cumplimiento de la Ley, sino por pura gracia de Dios. Esta perspectiva expresada por San Pablo abre los ojos de toda la humanidad para que acepte que Dios quiere salvar a todos, sin excepción; y que, por tanto, hemos de procurar creer que Dios no se ha equivocado al darnos como único camino de salvación, que nos conduce a Él, a Cristo Jesús.

***

  • Lucas nos dice que Jesús rodeado de la multitud que lo sigue se dirige en primer lugar a sus discípulos para advertirlos de la levadura de los fariseos. Jesús aquí está hablando de una actitud externa de justicia, sabiduría, observancia de la ley; que no está respaldada por el amor, la misericordia, la justicia y el respeto por la dignidad de la persona humana.
  • Jesús está convencido que para muchos será difícil dejar de lado las exigencias legalistas con las que han crecido y vivido hasta su llegada. Muchos temen abandonar ciertos criterios y prácticas religiosas pensando que Dios los va a desechar.
  • La hipocresía es el pecado típico del fariseo y Jesús teme que esa «mala levadura» se filtre en la nueva comunidad; por eso invita a los discípulos a estar atentos y a cuidar sus corazones. Con fuerza y con paciencia los irá llevando desde el cumplimiento de ritos externos hacia lo central, lo fundamental de la vida del creyente: el amor y la misericordia de Dios, que no necesita absolutamente de nuestros cumplimientos ni los exige so pena de castigo.
  • El discípulo de Jesús debe proceder sin disimulo, sin doblez, sin mentira. Su conducta debe ser siempre franca, como quien obra a la luz del día, como en plena plaza. Toda su acción, toda palabra suya será un día testimonio público.
  • La libertad de Jesús frente a la ley, frente al legalismo y fariseísmo de su tiempo deben incorporarse en el comportamiento de los que lo siguen para ser verdaderos discípulos suyos.
  • Para que sean libres, Jesús insiste en que no deben tener miedo de nadie ni de nada. Si tenemos miedo, ya estamos atrapados. Lo dice, cuando está cercado por sus adversarios que no lo pueden atrapar por dentro porque su corazón sólo pertenece al Padre.
  • Dios conoce hasta lo más profundo del ser del hombre, y a pesar de todo, lo llama a trabajar por su Reino. Será necesario afrontar todos los riesgos y consecuencias que trae ese anuncio. No hay que temer a quienes al rechazar a los enviados de Dios, que trabajan por su Reino, intenten hacerlos desaparecer o atraparlos con toda clase de seducciones, pues, finalmente, la vida pertenece a Dios.
  • Dios jamás se olvida de nosotros. A pesar de nuestros pecados e infidelidades, Él siempre vuelve su mirada compasiva y nos contempla con gran amor. Prueba de ello es su propio Hijo que, hecho uno de nosotros, dio su vida por nosotros en un amor que llegó hasta el extremo. «Dado que aquí no puedes elegir el no morir, mientras vives elige el no morir eternamente». San Agustín

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Somos verdaderamente aquello que mostramos?
  • ¿Tememos a Dios o lo amamos?
  • ¿Qué lugar ocupa el cumplimiento en mi vida de fe?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

No temo Señor, te sigo

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

…»Debemos darnos cuenta de que nosotros «somos la gloria de Dios». Leemos en el libro del Génesis: «Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz un hálito de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente» (Gn 2,7). Nosotros vivimos porque participamos de la respiración de Dios, de la vida de Dios, de la gloria de Dios. La cuestión no es tanto la de «cómo vivir para la gloria de Dios», como la de «cómo vivir lo que somos, cómo realizar nuestro ser más profundo».

Tú eres el lugar donde Dios ha elegido habitar, tú eres el tópos tú theú (el «lugar de Dios»), y la vida espiritual no es otra cosa que permitir la existencia de ese espacio donde Dios pueda morar, crear el espacio donde pueda manifestarse su gloria. Cuando medites, pregúntate a ti mismo: « ¿Dónde está la gloria de Dios? Si la gloria de Dios no está aquí donde yo estoy, ¿en qué otra parte puede estar?».

Naturalmente, todo esto es más que una intuición, más que una idea, más que un modo de ver las cosas y, por consiguiente, es más tema de meditación que de estudio. Pero apenas empieces a «darte cuenta», de un modo íntimo y personalísimo, de que eres verdaderamente la gloria de Dios, todo se volverá diferente y tu vida llegará a un viraje decisivo. Entonces, por ejemplo, esas pasiones que parecían tan reales, más reales que el mismo Dios, revelarán su naturaleza ilusoria y, en cierto sentido, se disiparán»…

 

H. J. M. Nouwen, He escuchado el silencio, Brescia 101998.

 

Para rezar

 

Quiero seguirte, Señor

 

A pesar de las incomprensiones de los demás.
A pesar de mis momentos débiles.
A pesar de las horas de cansancio.
Quiero ser dichoso con los que te siguen
con corazón sencillo.

Con los pobres que sienten necesidad de Ti.
Con los que sufren en su caminar por la vida.
Con los que trabajan por implantar la justicia.
Con los de corazón puro.
Con los que llevan consigo la paz y la transmiten

Quiero seguirte Señor…

 

SÁBADO XXVIII

 

El Espíritu les enseñará lo que deban decir

 

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    4, 13. 16-18

 

Hermanos:

La promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe. Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.

Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia.

 

Palabra de Dios.

 

SALMO    Sal 104, 6-7. 8-9. 42-43 (R.: 8a)

 

R.    El Señor se acuerda eternamente de su alianza.

 

Descendientes de Abraham, su servidor,

hijos de Jacob, su elegido:

el Señor es nuestro Dios,

en toda la tierra rigen sus decretos. R.

 

El se acuerda eternamente de su alianza,

de la palabra que dio por mil generaciones,

del pacto que selló con Abraham,

del juramento que hizo a Isaac. R.

 

El se acordó de la palabra sagrada,

que había dado a Abraham, su servidor,

e hizo salir a su pueblo con alegría,

a sus elegidos, entre cantos de triunfo. R.

 

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas    12, 8-12

 

Jesús dijo a sus discípulos:

«Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.

Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir.»

 

Palabra del Señor.

 

PARA REFLEXIONAR

 

  • Pablo contrapone de nuevo con el ejemplo de Abrahán, «fe y obras». También Abraham era un pecador, pero creyó en esa promesa. Creyó en lo imposible.
  • Pablo contrapone la fe en Cristo con la obstinación espiritual en la observancia de la ley de Moisés como causa de la salvación.
  • La ley es buena. Pero no es la ley la que salva. «Todo es gracia», don de Dios, para Abrahán y para nosotros. Esto no quiere decir que no tenemos que actuar y obrar el bien.
  • Tanto en nuestra vida espiritual como en nuestro trabajo apostólico, no tenemos que apoyarnos tanto en nuestros propios talentos y recursos, sino en la gracia y la fuerza salvadora de Dios.
  • Pablo dice que la fe, justifica mejor que las obras de la ley; porque la fe se apoya en la aceptación de Dios, que sale al encuentro del hombre. El secreto de la justificación se encuentra en Dios, que viene al hombre con una promesa, con un don gratuito. Por esa razón las obras de la ley son inútiles, porque el hombre cree que puede conseguir por sus propios medios lo que es un don.
  • Es necesario haber encontrado al Dios vivo, y haberse apoyado en su fidelidad, para presentir que la salvación esperada pertenece al orden de la promesa, es decir, al orden del amor.

***

  • Jesús continúa la instrucción tanto a sus discípulos de modo particular, como a la gente en general en su subida a Jerusalén. Esta vez lo hará mostrando la radicalidad que implica el seguimiento. Optar por Jesús no se puede reducir al ámbito íntimo del corazón, necesariamente tiene que manifestarse, verse también exteriormente.
  • Esta toma de posición, tiene repercusiones no sólo en esta vida sino en la vida eterna. El discípulo que lo reconozca será reconocido por él delante de la presencia misma del Padre.
  • La libertad de Jesús frente a las prácticas legales, el cuestionamiento de ciertas prácticas sin contenido, la invitación a cuidarse de la levadura de los fariseos, buscan que sus discípulos puedan experimentar y vivir la novedad del Reino con un corazón nuevo. El seguidor, con la experiencia de una conciencia liberada, vivirá y trasmitirá una experiencia religiosa que libera y humaniza.
  • Creer y seguir a Jesús no es sólo un acto de aceptación verbal; sino, ante todo, un acto de identificación y adhesión a su propuesta: creer en lo que Él creyó y amar a quienes Él amó.
  • El rechazo del Hijo del Hombre delante de Dios, de aquel que lo rechace a Él, va directamente contra los dirigentes religiosos, que muchas veces impedían a los hombres el acceso a la verdadera fe.
  • La certeza de la presencia del Espíritu Santo, nos da la seguridad necesaria para enfrentar los desafíos y dificultades que encontramos en su concreción. La blasfemia contra el Espíritu Santo se presenta aquí en los que, viendo la luz, la niegan, y no quieren ser perdonados ni salvados. Son ellos mismos los que se excluyen del perdón y la salvación: El Padre que no nos olvida, Jesús que «se pondrá de nuestra parte» el día del juicio, y el Espíritu que nos inspirará cuando nos presentemos ante los magistrados y autoridades para dar razón de nuestra fe.
  • Vivir en cristiano es hacer que la fe sobrepase nuestro ámbito interior, para que su influencia testimonial llegue al contexto en que vivimos. Para este camino que no es fácil, necesitamos la ayuda de la gracia. Jesús nos asegura el amor de Dios y el auxilio eficaz de su Espíritu. Además Él mismo saldrá fiador a favor nuestro en el momento decisivo. No se dejará ganar en generosidad, si nosotros hemos sido valientes en nuestro testimonio, si no hemos sentido vergüenza en mostrarnos cristianos en nuestro ambiente.

 

PARA DISCERNIR

 

  • ¿Me animo a dar testimonio en mi ambiente?
  • ¿Experimento el haber sido liberado?
  • ¿Confío en la presencia del Espíritu que me sostiene?

 

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

 

Quiero testimoniarte Señor

 

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

 

«Si uno se pone de mi parte ante los hombres, también el Hijo del hombre se pondrá de su parte»

 

El más admirable de los mártires ha sido el obispo Policarpo. Primeramente, en cuanto supo todo lo que había sucedido, no se inquietó sino que quiso permanecer en la ciudad. Bajo la insistencia de la mayoría, acabó alejándose de ella. Se retiró a una pequeña propiedad situada no lejos de la ciudad y permaneció en ella algunos días con algunos compañeros. Noche y día oraba insistentemente por todos los hombres y por todas las iglesias del mundo entero, lo cual era su costumbre habitual…

Unos policías, a pie y a caballo, armados como si se tratara de correr detrás de un bandido, se pusieron en marcha. Ya tarde llegaron a la casa en la que se encontraba Policarpo. Éste estaba acostado en una pieza de la planta superior; desde allí hubiera podido escapar a otra propiedad. Pero no quiso; se limitó a decir: «Que se cumpla la voluntad de Dios». Al oír la voz de los policías, bajo al piso inferior y se puso a hablar con ellos. Éstos quedaron admirados por la avanzada edad y la serenidad de Policarpo: no podían comprender porqué habían tenido que gastar tantas energías para coger a un anciano como él. Policarpo se apresuró, a pesar de la hora avanzada, a servirles algo para comer y beber, tanto como desearon. Tan sólo les pidió le concedieran una hora para orar libremente. Ellos se lo concedieron y se puso a orar de pie, mostrando ser un hombre lleno de la gracia de Dios. Y así, durante dos largas horas, sin parar, oró en voz alta. Los que le escuchaban estaban llenos de estupor; muchos de ellos lamentaban haberse puesto en camino contra un hombre tan santo.

Cuando hubo terminado su oración, en la que recordó a todos los que había conocido durante su larga vida, pequeños y grandes, gente ilustre y gente sencilla, y a toda la Iglesia extendida por el mundo entero, había llegado la hora de partir. Le hicieron subir a un asno y le condujeron a la ciudad de Esmirna. Era el día del gran sábado.

 

Carta de la Iglesia de Esmirna sobre sus mártires (hacia 155)

 

PARA REZAR

 

Creo en un Dios que sin límites me ama,
que vino a darnos luz, como nos da el sol, cada mañana.
Creo en un Dios que penetra mi pensamiento,
que se mete en mi corazón y conoce mis sentimientos.
Comunidad:
Creo en un Dios que sabe todo lo que me pasa,
que sufre y ríe conmigo, que me sostiene y que me abraza.
Creo en un Dios que en mí ve lo bueno,
que perdona lo malo y me hace un ser nuevo.
Creo en un Dios que es verdad y es camino,
que es pan y que es agua, alimento de peregrinos.
Creo en un Dios que es humano y es divino,
que está en el cielo y a la vez aquí, en mi destino.
Creo en un Dios que se muestra pequeño,
que se manifiesta humilde, pero que de todo es dueño.
Comunidad:
Creo en un Dios que es Padre, que es Hijo,
y que es Espíritu Santo. Que es Uno y es Trino.
Creo en un Dios que es Dios de mis padres,
un Dios que por su pueblo hizo y hará cosas grandes.
En ese Dios creo, con una fe sin tiempo,
con una fe simple, que nace desde adentro.
Comunidad:
En ese Dios creo, con fe verdadera,
con toda mi fuerza y mi alma entera.
En ese Dios creo, el mismo de ayer,
el que será mañana y será para siempre.
En ese Dios creo, pues vela por el universo,
porque está en la inmensidad y también en cada verso,
en cada palabra, en cada mirada, en cada sonrisa y en cada gesto
que desde el ser humano nacen para ir haciendo en la tierra su Reino.
Comunidad:
En ese Dios creo, en El está mi esperanza,
a El doy mi canto y dedico mi alabanza,
a El ofrendo mi vida, pobre, consagrada,
y le entrego esta fe, pequeña, que de creer no se cansa.

 

Gerardo Oberman