SAGRADA FAMILIA  – F

27 DE DICIEMBRE

San Juan, apóstol y evangelista (F)

28 DE DICIEMBRE

Los Santos Inocentes, mártires (F)

29 DE DICIEMBRE

Día V de la Octava de Navidad

30 DE DICIEMBRE

Día VI de la Octava de Navidad

31 DE DICIEMBRE

Día VII de la Octava de Navidad

1 DE ENERO

Solemnidad de Santa María Madre de Dios

SAGRADA FAMILIA – F

El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

PRIMERA LECTURA         

Lectura del primer libro de Samuel          1, 20-22.24-28

«Ana concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Samuel, pues dijo: ¡Al Señor se lo pedí! Cuando su marido Elcaná subió con toda su familia para ofrecer al Señor el sacrificio anual y cumplir sus promesas, Ana no quiso subir, sino que dijo a su marido: Cuando el niño haya sido destetado, yo lo llevaré para presentárselo al Señor y que se quede allí para siempre. Después subió con el niño al templo del Señor en Siló, llevando un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino.

Cuando inmolaron el novillo y presentaron el niño a Elí, Ana le dijo: Señor mío, te ruego que me escuches; yo soy la mujer que estuvo aquí, junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía, y el Señor me ha concedido lo que le pedí. Ahora yo se lo cedo al Señor; por todos los días de su vida queda cedido para el Señor. Y se postraron allí ante el Señor».

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 95, 1-2. 11-12. 13-14 (R.: 11a)

R.        Alégrese el cielo y goce la tierra.

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre,

día tras día, proclamen su victoria.  R.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,

resuene el mar y todo lo que hay en él;

regocíjense el campo con todos sus frutos,

griten de gozo los árboles del bosque.  R.

Griten de gozo delante del Señor,

porque él viene a gobernar la tierra:

él gobernará al mundo con justicia,

y a los pueblos con su verdad.  R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta de San Juan       3,1-2.21-24

Consideren el amor tan grande que nos ha demostrado el Padre, hasta el punto de llamarnos hijos de Dios; y en verdad lo somos. El mundo no nos conoce, porque no lo ha conocido a él. Queridos, ahora somos ya hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.

Queridos míos, si nuestra conciencia no nos condena, podemos acercarnos a Dios con confianza, y lo que le pidamos lo recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada. Y éste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros según el mandamiento que él nos dio. El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él. Por eso sabemos que él permanece en nosotros: por el Espíritu que nos ha dado.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 2, 41 -52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua.

Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre, y cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres.

Estos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca.

A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían, quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

-Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Él les contestó:

-¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?

Pero ellos no comprendieron lo que quería decir.

El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad.

Su madre conservaba todo esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • Sobre el amor en familia decía el Papa Francisco: “Si el amor es una relación, se construye como una casa. No querrán construirla sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios. La familia nace de este proyecto de amor que quiere crecer como se construye una casa: que sea lugar de afecto, de ayuda, de esperanza” (Palabras a los novios que se reunieron en la Plaza San Pedro en San Valentín).
  • La familia de Nazaret era cumplidora de la Ley de Dios que mandaba peregrinar a Jerusalén al menos para la fiesta mayor de la Pascua. Era todo un acontecimiento para la gente del interior, iban en caravana rezando y cantando.
  • Se señala que Jesús había cumplido los doce años. Posiblemente era la edad de la madurez y podía entonces participar de la peregrinación y de la fiesta de Pascua en Jerusalén. La fiesta en Jerusalén transcurrió sin inconvenientes, pero cuando el grupo emprende el regreso, incluidos María y José, Jesús se queda en la ciudad santa sin avisar a sus padres. Al cabo de tres días de angustiosa búsqueda lo encuentran: “lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas” (2,46).
  • La gran cuestión es por qué Jesús hizo esto, es decir quedarse sin avisar a sus padres. La misma Virgen María lo expresa en su pregunta, con tono de comprensible disgusto: “Cuando le vieron quedaron sorprendidos y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.” (2,48).
  • La respuesta de Jesús a esta interpelación de su Madre es algo enigmática por cuanto sugiere que sus padres no deberían haberlo buscado sabiendo que debía ocuparse de las cosas de su Padre (Dios). En efecto, la respuesta de Jesús resulta desconcertante para María y José, pero a través de ella el evangelista pone en claro que el único Padre de “Él debe estar con el Padre, y así resulta claro que lo que puede parecer desobediencia, una libertad desconsiderada respecto a los padres, es en realidad precisamente una expresión de su obediencia filial. Él no está en el templo por rebelión a sus padres, sino justamente como quien obedece, con la misma obediencia que lo llevará a la cruz y a la resurrección”. (J. Ratzinger). Por tanto, en las primeras palabras de Jesús que nos reporta el evangelio de Lucas, este se dirige a Dios llamándolo “mi Padre” y revelando que esta relación Padre-Hijo tiene un carácter trascendente y único que supera la simple comprensión humana, incluida la de María, su madre.
  • Según la interpretación de muchos Padres de la Iglesia, Jesús quiso de este modo conducirlos al verdadero Padre. Lo cierto es que María y José, como todos los padres, debieron “aprender” a “entregar” a su Hijo a Dios, a reconocer Su soberanía sobre todo ser humano.
  • Superado este “incidente”, todo vuelve a la “normalidad” pues Jesús regresa a casa con María y José y permanece obediente a ellos. Y allí, en la vida oculta y familiar de Nazaret “iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres” (2,52).
  • No se trató, por tanto, de un acto de rebeldía y menosprecio de su familia. Fue un momento de “revelación” de la identidad profunda de Jesús que supera la percepción natural y que requiere su aceptación por la fe.

PARA DISCERNIR

  • ¿Vivo mi experiencia familiar como lugar de encuentro, de respeto mutuo, de crecimiento?
  • ¿Qué aporto para el desarrollo de todos sus miembros?¿Qué riquezas recibo para mi madurez?
  • ¿La experimento como lugar de realización del plan de Dios?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Mis ojos han visto a tu Salvador

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Cuando Jesús, sobre los doce años, se queda entre los doctores en el templo, le pierden sus padres. Podemos imaginarnos el desconcierto de María, después de haberle buscado y encontrado: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Tu padre y yo te hemos buscado angustiados» (Lc 2,48). En este nuevo pasaje de la vida de María nos parece encontrar en su estado de ánimo una analogía con un fenómeno típico por el que pasan, llegadas a cierta edad espiritual, las almas que aman a Dios. Estas, en efecto, tras haber conocido y optado por el nuevo ideal de vida y haber correspondido a las muchas gracias recibidas del Señor, advierten en un momento determinado, con aguda insistencia, un nuevo florecimiento de las tentaciones que desde hacía tiempo ya no advertían y que parecían superadas definitivamente. En general, se trata de tentaciones contra la paciencia, contra la caridad, contra la castidad. Y, a veces, son tan fuertes que ofuscan la fascinación de la luz que las había iluminado primero.

Se desvanece el entusiasmo y se frena el impulso. Esto nos hace sufrir y nos dirigimos al Señor casi lamentándonos, como hizo María: «Por qué te has alejado de mí? Te habías hecho tan presente en mi alma que me habías hecho creer que contigo habría podido vencer al mundo. Ahora estoy en la oscuridad de tu ausencia». Y el Señor parece respondernos, un poco como hizo con María, diciéndonos: ¿No sabías que todo lo que te he dado es mío y sólo por gracia lo habías recibido? Esa aridez y esas tentaciones te han sobrevenido para que puedas comprender bien esto. De este modo podré hacer en ti lo que quiere mi Padre».

El fenómeno del que hablo es ese que los místicos llaman la «noche de los sentidos». La pérdida del jovencito Jesús constituyó también, en cierto modo, para María, una noche de los sentidos. Ya no veía a Jesús, no oía su voz, su presencia se había sustraído a su amor sensible de madre. En el caso de María, después de la prueba, hubo un largo período en el que pudo convivir con Jesús, y nadie en el mundo podrá saber nunca cuán bello e íntimo fue. De modo paralelo, los que -con humildad- aceptan estas pruebas, a veces largas, y, con la gracia de Dios, las superan, pueden avanzar después en las diferentes experiencias de la unión con Dios en una nueva y profunda intimidad con él, algo que antes no habían experimentado nunca.

C. Lubich, Edición española:Cristo a través de los siglos, Editorial Ciudad Nueva, Madrid 1995

PARA REZAR

Más, en Jerusalén, una amarga tristeza
te envuelve y, como un mar, tu corazón inunda.
Por tres días Jesús se esconde a tu ternura 
y, entonces sí, sobre tu vida 
cae un oscuro, implacable, riguroso, destierro.

Por fin logras hallarle y, al tenerle,
rompe tu corazón en transporte amoroso.
Y le dices al Niño, encanto de doctores: 
«Hijo mío, ¿por qué has obrado así?
Tu padre y yo, con lágrimas, te estábamos buscando».

Y el Niño Dios responde, ¡Oh profundo misterio!, 
a la Madre querida que hacia él tiende los brazos: 
«¿A qué buscarme, Madre? ¿No sabías, acaso, 
que en las cosas que son del Padre mío
he de ocuparme ya?».

Me enseña el Evangelio que sumiso
a María y José permanece Jesús
mientras crece en sabiduría.
¡Y el corazón me dice
con qué inmensa ternura a sus padres queridos 
él obedece siempre!

Ahora es cuando comprendo el misterio del templo, 
las palabras ocultas del amable Rey mío:
tu dulce Niño, Madre,
quiere que seas Tú el ejemplo vivo
del alma que le busca
a oscuras, en la noche de la fe.

Teresa de Lisieux, Porque te amo, María, estrofas 13-15.

27 DE DICIEMBRE

San Juan, apóstol y evangelista (F)

El otro discípulo corría más que Pedro y llegó primero al sepulcro

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan          1, 1-4

Queridos hermanos:

Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos.

Porque la Vida se hizo visible, y nosotros la vimos y somos testigos, y les anunciamos la Vida eterna, que existía junto al Padre y que se nos ha manifestado.

Lo que hemos visto y oído, se lo anunciamos también a ustedes, para que vivan en comunión con nosotros. Y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.

Les escribimos esto para que nuestra alegría sea completa.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12 (R.: 12a)

R.        Alégrense, justos, en el Señor.

¡El Señor reina! Alégrese la tierra,

regocíjense las islas incontables.

Nubes y Tinieblas lo rodean,

la Justicia y el Derecho son la base de su trono.  R.

Las montañas se derriten como cera

delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.

Los cielos proclaman su justicia

y todos los pueblos contemplan su gloria.  R.

Nace la luz para el justo,

y la alegría para los rectos de corazón.

Alégrense, justos, en el Señor

y alaben su santo Nombre.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan     20, 1-8

El primer día de la semana, María Magdalena corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.

Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • Hoy la Iglesia nos muestra la entrega en amor de un apóstol: Juan. De tal manera se sintió querido por Jesús que él mismo se dio ese título, y quiso mostrarnos la calidad y fuerza de ese amor. Juan es testigo de lo que Jesús vivió e hizo; escribe su evangelio «para que creamos y tengamos vida». 
  • La finalidad de toda la carta es clara. El amor de Dios se nos ha manifestado para que tengamos comunión de vida con Él y la alegría sea plena: «para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo», y «que nuestra alegría sea completa».
  • Esa comunión es una presencia de Dios en el hombre y una presencia del hombre en Dios. Es también una alianza mediante la cual Dios concede al hombre un corazón nuevo para conocerlo.
  • Todas las exposiciones de Juan tienden hacia la misma conclusión: Dios se revela a través de la justicia, el amor, luz, y el cristiano que hace justicia, ama, camina en la luz, penetra en una relación existencial con Dios a la que Juan llama comunión.
  • La Encarnación no es un sueño, un fruto de la imaginación. Esta vida eterna que estaba junto al Padre -esta Palabra de vida- mediante la cual Dios se expresa a sí mismo, de una manera absoluta, perfecta, se manifestó, se hizo visible. Desde la encarnación se nos invita a participar de la «vida» de Dios: «pensar», «reflexionar», «amar», «actuar», «trabajar», como El; a tratar de reproducir la vida de Jesús.
  • La comunión con Dios no se comunica a cada individuo en particular, sino que se transmite por medio de la comunión con hombres. Por medio de la comunión con los testigos, nosotros mismos llegamos a ser testigos.
  • Cuando anunciamos a Cristo como la vida, entonces no sólo queremos comunicar un “saber”, sino también atraer a otros a nuestra comunión, y con ello a la comunión con el Padre y el Hijo, lo cual significa la salvación y el «gozo pleno». 

***

  • El día de Pascua, por la mañana, María Magdalena echó a correr en busca de Simón Pedro y el otro discípulo, aquel que Jesús amaba. Juan se caracteriza a sí mismo como: «el discípulo amado».
  • Juan era aquel que junto con su hermano Santiago el Mayor, y Pedro, fue testigo de la gloria de la transfiguración de Jesús, en la última cena reclinó su cabeza sobre el pecho de Jesús. Estuvo presente en su agonía en el Huerto y en el Calvario, al pie de la cruz en la que moría Jesús, y de sus labios recibió a María como su segunda madre. Juan, que había sido testigo presencial de la muerte de Cristo, es también testigo del sepulcro vacío.
  • Después de escuchar las palabras de María, Pedro y Juan corrían juntos hacia el sepulcro. Juan corrió más rápido y llegó primero, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro y entró en el sepulcro. Juan es quien creyó al ver este signo de la ausencia del cadáver.
  • Este apóstol que para muchos estudiosos es símbolo de todo cristiano, aparece unido al Señor por algo más que el simple seguimiento, o  adhesión a una doctrina: por el amor y la amistad.
  • Es esta amistad la que lo hace reconocer la resurrección y creer. Por eso el creer no está sujeto al lugar que se ocupa en la iglesia, ni al poder que en ella se ejerce, sino a la amistad con Jesús.
  • Celebrar a Juan es celebrar la fe que se apoya en un creer por amor.
  • La transmisión del hecho de la resurrección es algo que el discípulo amado no sólo comprobará al ver el sepulcro vacío, sino también al contemplar al resucitado en las varias apariciones de las que será testigo. Lo que nos transmita no será sólo algo que le haya llegado de oídas, sino algo que él mismo vio y tocó con sus propias manos. Ser discípulo amado de Jesús es ser experto por amor en descubrir los signos del resucitado e interpretarlos. Donde otros veían un robo, el discípulo amado “vio y creyó”. Donde todos ven contraindicaciones, los discípulos amados verán huellas, signos.
  • El discípulo amado es testigo, también nosotros debemos ser signos de la resurrección. Aquí está nuestro desafío: ser una comunidad cristiana enamorada de la resurrección, empujada por el valor, mostrando el sentido de una vida nueva, jugada en el amor y el servicio.

PARA DISCERNIR

  • ¿Experimento la fe como cercanía de amor?
  • ¿Me animo a contar el paso del Señor por mi vida?
  • ¿Siento que la expresión más alta de mi fe es un amor comprometido?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Creo Señor, aumenta mi fe

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

«Lo que existía desde el principio…, lo que hemos contemplado…, os lo anunciamos»

. ..”Pedro y Juan corrieron los dos al sepulcro. El sepulcro de Cristo es la Escritura santa, en la que los misterios más oscuros de su divinidad y de su humanidad están protegidos, me atrevo a decirlo, por una muralla rocosa. Pero Juan corre más que Pedro, porque el poder de la contemplación totalmente purificada penetra los secretos de las obras divinas con una mirada más penetrante y más viva que el poder de la acción, que todavía tiene necesidad de ser purificada.

Sin embargo es Pedro quien entra primero en el sepulcro; Juan le sigue. Los dos corren, y los dos entran. Aquí Pedro es la imagen de la fe, y Juan representa la inteligencia… La fe, pues, debe entrar la primera en el sepulcro, imagen de la Escritura santa, y la inteligencia entra detrás de ésa…

Pedro, que representa también la práctica de las virtudes, por el poder de la fe y de la acción ve al Hijo de Dios encerrado de manera inefable y maravillosa en los límites de la carne. Juan, que representa la más alta contemplación de la verdad, admira al Verbo de Dios, perfecto en sí mismo e infinito en su origen, es decir, en su Padre. Pedro, conducido por la revelación divina, mira al mismo tiempo las cosas eternas y las cosas de este mundo, unidas en Cristo. Juan contempla y anuncia la eternidad del Verbo para darlo a conocer a las almas creyentes.

Digo, pues, que Juan es un águila espiritual de vuelo rápido, que ve a Dios; le llamo el teólogo. Domina toda la creación visible e invisible, va mucho más allá de las facultades del intelecto, y entra divinizado en Dios que le da a compartir su propia vida divina.

Juan Escot Erigene (?- hacia 870), benedictino irlandés – Homilía sobre el prólogo de san Juan, §2

PARA REZAR

Señor Jesús, Tú que revelaste a Juan

tus misterios más secretos

y aquellos misterios

que mis ojos no verán,

haz que yo logre entender

cuanto Juan nos ha contado.

Déjame, Señor, poner

mi cabeza en tu costado

Tú que en la cena le abriste

la puerta del corazón

y en la transfiguración

junto a ti lo condujiste,

permíteme entrar

en tu misterio sagrado

Déjame, Señor, poner

mi cabeza en tu costado.

Tú que en el monte Calvario

entre sus manos dejaste

el más santo relicario:

la carne donde habitaste;

tú que le dejaste ser

el hijo bien adoptado,

Déjame, Señor, poner

mi cabeza en tu costado.

Y tú, Juan, que a tanto amor

con amor correspondiste

y la vida entera diste

por tu Dios y tu Señor,

enséñame a caminar

por donde tú has caminado.

Enséñame a colocar

mi cabeza en su costado.

28 DE DICIEMBRE

Los Santos Inocentes, mártires (F)

José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan          1, 5-2, 2

Queridos hermanos:

La noticia que hemos oído de él y que nosotros les anunciamos, es esta: Dios es luz, y en él no hay tinieblas. Si decimos que estamos en comunión con él y caminamos en las tinieblas, mentimos y no procedemos conforme a la verdad. Pero si caminamos en la luz, como él mismo está en la luz, estamos en comunión unos con otros, y la sangre de su Hijo Jesús nos purifica de todo pecado.

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

Hijos míos, les he escrito estas cosas para que no pequen. Pero si alguno peca, tenemos un defensor ante el Padre: Jesucristo, el Justo. El es la Víctima propiciatoria por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

Palabra de Dios.

SALMO               Sal 123, 2-3. 4-5. 7b-8 (R.: 7a)

R.        Nuestra vida se salvó como un pájaro de la trampa del cazador.

Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte,

cuando los hombres se alzaron contra nosotros,

nos habrían devorado vivos.

Cuando ardió su furor contra nosotros.  R.

Las aguas nos habrían inundado,

un torrente nos habría sumergido,

nos habrían sumergido las aguas turbulentas.  R.

La trampa del cazador: la trampa se rompió

y nosotros escapamos.

Nuestra ayuda está en el nombre del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   2, 13-18

Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo.»

José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto.

Allí permaneció hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del Profeta: Desde Egipto llamé a mi hijo.

Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado. Así se cumplió lo que había sido anunciado por el profeta Jeremías: En Ramá se oyó una voz, hubo lágrimas y gemidos: es Raquel, que llora a sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya no existen.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • La carta de Juan entra en el primer gran tema de su mensaje: Dios es luz, Dios es «verdadero», Dios es transparencia, Dios es sinceridad.  En El no hay ningún desfase entre «lo que dice o muestra»… y «lo que verdaderamente es».
  • Jesucristo está en la luz, y nosotros debemos también caminar en la luz. Juan utiliza términos que en su contraposición nos hacen más claro el mensaje: amar-odiar, dar vida-dar muerte, luz-tinieblas.
  • Juan se propone «desvelar» el mensaje de Cristo a los destinatarios de la carta  porque deben ahondar cada vez más en sus exigencias.
  • La luz, en el lenguaje bíblico, es sinónimo de alegría, de vida, de verdad, de bondad, de pureza. Lo contrario de todo esto es la tiniebla, la oscuridad, la penumbra.
  • Caminar en la luz significa realizar el proyecto de vivir en comunión con El. Pero esto, no está al alcance de los solos medios humanos: el pecado obstaculiza continuamente nuestro caminar en la luz y nos extravía constantemente entre las tinieblas. Por desgracia todos tenemos la experiencia de nuestra debilidad, y nos sentimos  pecadores. Con humildad, nadie puede decir que no tiene pecado. Sería engañarnos a nosotros mismos e ir contra la luz. Sin embargo esto no nos puede llenar de angustia, porque «la sangre de Jesús nos limpia» y «si alguno peca, tenemos a uno que aboga ante el Padre: Jesucristo, el Justo».
  • La confesión de los pecados nos mantiene en la luz y en la comunión con Dios, pues la actitud misma de confesar los pecados es una llamada al perdón de Dios. Caminar en la luz de Dios no es un estado adquirido de una vez para siempre; se trata, por el contrario, de un incesante paso de las tinieblas a la luz por la conversión y la confesión de los pecados.
  • El pecado es también una ocasión de comunión con Dios por el perdón que puede provocar. Sólo la pretensión de estar sin pecado nos priva de esa comunión salvadora.
  • Vivir «según la verdad», es «vivir según Dios». Es en primer lugar una exigencia de lucidez, de santidad, de verdad.
  • El Jesús de quien habla Juan es el que ha venido en Navidad y a la vez el de la Cruz, el que con su sangre nos purifica de todo pecado, no sólo a nosotros, sino a todo el mundo.

***

  • El texto del evangelio de san Mateo relata la matanza de los niños inocentes de Belén por obra del rey Herodes el Grande, despechado porque los magos no le avisaron del lugar en el que lo encontraron. Este es el fundamento histórico de este legendario relato que evoca la famosa matanza de los niños israelitas en Egipto, cuando el faraón ordenó hacerlos morir ahogados en el Nilo, para controlar así el crecimiento del pueblo hebreo al que consideraba peligroso.
  • San Mateo quiere presentar a  Jesús como el nuevo Moisés que desde su nacimiento ha venido para dar al pueblo de Dios la nueva ley, a ser el mediador de una alianza definitiva y a liberarlo de toda esclavitud.  El intento asesino del rey causa la muerte en torno suyo, pero, en este contexto de homicidio, Dios se hace presente, de nuevo, por medio de su ángel. Una nueva aparición del ángel durante el sueño de José prepara lo necesario para el cumplimiento de su palabra liberadora que se llevará a cabo a través de la fuga a Egipto de José con el niño y su madre. De esta manera se cumple lo anunciado en Oseas: «De Egipto llamé a mi hijo» (cf. Os 11,1). En un mundo de muerte causada por el temor de los poderosos, Dios se revela como Padre, fuente de la vida para su hijo y, por medio de él, para toda la Humanidad.
  • Al igual que el pueblo elegido, la familia de Jesús huye a Egipto para escapar de las calamidades que sobrevinieron en Palestina hacia el final del reinado de Herodes el Grande. Esta peregrinación les sirvió para madurar sus opciones de fe y estar preparados para los continuos llamados de Dios.
  • El sacrificio de estos niños inocentes y las lágrimas de sus madres se convierten en símbolo de tantos niños que son injustamente tratados y han sufrido y siguen sufriendo sin ninguna culpa.
  • Estos niños mártires, hoy, también tienen nombres concretos en niños que siguen siendo asesinados víctimas de la pobreza, del desamparo, de la miseria. Mueren porque sus padres no llegan a los hospitales, porque no pueden pagar sus medicamentos, o simplemente porque no pueden darles de comer.
  • Mueren miles de niños víctimas de la violencia familiar, de la prostitución infantil y de la delincuencia juvenil.  Mueren en las calles, que para muchos es el único hogar que conocen, con hambre, frío, desnudos, sucios y analfabetos; empachados de drogas y con la nostalgia de no haber sido amados por alguien.
  • El amor de Dios se ha manifestado en la Navidad. Pero el mal existe, y el desamor de los hombres ha ocasionado a lo largo de la historia mucha muerte inocente.
  • José y María empiezan a experimentar que los planes de Dios exigen una disponibilidad nada cómoda. La huida y el destierro no son precisamente un adorno poético en la historia de la Navidad.
  • De esta experiencia brota una enseñanza para la comunidad de discípulos que nace y crece  en un contexto de amenazas a la vida. El discípulo está llamado a hacer una experiencia de exilio, no de evasión, respecto a su entorno, para trabajar comprometidamente con la vida amenazada. Nuestra opción de fe nos invita constantemente a levantarnos, nos hace estar atentos a las cosas que pasan a nuestro alrededor, porque es el lugar donde Dios habla.
  • También hoy el ángel del Señor nos invita a preservar la vida poniendo distancia de los que la amenazan y de esa forma, convertirnos en signo de esperanza para los inocentes que están expuestos a la matanza.

PARA DISCERNIR

  • ¿Nos  quedamos contemplando horrorizados la muerte de los inocentes sin ver la que ocurre a nuestro alrededor?
  • ¿Tomamos alguna actitud en defensa de la vida amenazada?
  • ¿Qué postura tomamos ante la constante amenaza a la vida no nacida?

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Los santos Inocentes, pobres como Cristo pobre

No muy lejos del primer mártir [Esteban] se encuentran las «flores martyrum», las tiernas flores que fueron arrancadas antes que pudieran ofrecerse como víctimas. La piedad popular ha creído siempre que la gracia se adelantó al proceso natural y concedió a los niños inocentes la comprensión de lo que sucedería con ellos para hacerles capaces de entregarse libremente y asegurarse así el premio de los mártires. Sin embargo, ni aun así pueden equipararse al confesor consciente que con heroísmo se compromete en la causa de Cristo. Ellos se asemejan más bien a los corderos que, en su indefensa inocencia, «son llevados al matadero» (Is 53,7; Hch 8,32).

De este modo son la imagen de la pobreza más extrema. No poseen más riqueza que su vida. Y ésta también se les quita, sin que ellos opongan resistencia. Ellos rodean el pesebre para indicarnos cuál es la mirra que hemos de ofrecer al Niño Dios: quien quiera pertenecerle totalmente, tiene que entregarse a Él sin reservas y abandonarse a la voluntad divina como esos niños.      

Santa Teresa Benedicta de la Cruz [Edith Stein] (1891-1942), carmelita descalza, mártir, copatrona de Europa  Meditación para el 6 de enero 1941

PARA REZAR

Recibe, Señor

Recibe, Señor, nuestros miedos

y transfórmalos en confianza.

Recibe, Señor, nuestro sufrimiento

y transfórmalo en crecimiento.

Recibe, Señor, nuestro silencio

y transfórmalo en adoración.

Recibe, Señor, nuestras crisis

y transfórmalas en madurez.

Recibe, Señor, nuestras lágrimas

y transfórmalas en plegaria.

Recibe, Señor, nuestra ira

y transfórmala en intimidad.

Recibe, Señor, nuestro desánimo

y transfórmalo en fe.

Recibe, Señor, nuestra soledad

y transfórmala en contemplación.

Recibe, Señor, nuestras amarguras

y transfórmalas en paz del alma.

Recibe, Señor, nuestra espera

y transfórmala en esperanza.

Recibe, Señor, nuestra muerte

y transfórmala en resurrección.

29 DE DICIEMBRE

Día V de la Octava de Navidad

Mis ojos han visto la salvación

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan          2, 3-11

Queridos hermanos:

La señal de que lo conocemos, es que cumplimos sus mandamientos.

El que dice: «Yo lo conozco», y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud.

Esta es la señal de que vivimos en él. El que dice que permanece en él, debe proceder como él.

Queridos míos, no les doy un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, el que aprendieron desde el principio: este mandamiento antiguo es la palabra que ustedes oyeron.

Sin embargo, el mandamiento que les doy es nuevo. Y esto es verdad tanto en él como en ustedes, porque se disipan las tinieblas y ya brilla la verdadera luz.

El que dice que está en la luz y no ama a su hermano, está todavía en las tinieblas. El que ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hace tropezar.

Pero el que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 95, 1-2a. 2b-3. 5b-6 (R.: 11a)

R.        Alégrese el cielo y  goce la tierra.

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre.  R.

Día tras día, proclamen su victoria,

anuncien su gloria entre las naciones,

y sus maravillas entre los pueblos.  R.

El Señor hizo el cielo;

en su presencia hay esplendor y majestad,

en su Santuario, poder y hermosura.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas   2, 22-35

Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: Todo varón primogénito será consagrado al Señor. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:

«Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel.»

Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos.»

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • La carta de Juan nos ha señalado un termómetro para evaluar nuestra celebración de la Navidad: la venida al mundo del Mesías es luz y es amor, por parte de Dios, y debe serlo también por parte nuestra. Porque el amor de Dios es total entrega: «tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo para que todos tengan vida eterna». El mismo Jesús  vincula las dos direcciones del amor: «yo los he amado: ámense unos a otros».

***

  • La presentación de Jesús en el Templo es una escena que nos ayuda a seguir profundizando en el misterio de la Encarnación de Dios.  José y María cumplen la ley, con lo que eso significa de solidaridad del  Mesías con su pueblo. San Lucas es el único evangelista que nos presenta esta solemne escena de la presentación de Jesús recién nacido en el templo de Jerusalén.
  • La madre, después de dar a luz, quedaba legalmente impura: debía permanecer en casa otros treinta y tres días. El día cuarenta debía ofrecer un sacrificio en la puerta de Nicanor, al este del Atrio de las Mujeres. Por otro lado, todo primogénito varón, como aparece en el libro del Éxodo, debía ser consagrado a Dios para el servicio del santuario y rescatado mediante el pago de una suma.
  • Lucas no habla del rescate pero sí del sacrificio expiatorio de los pobres ofrecido para la purificación. Esto pone de manifiesto la condición social de José. La ley prescribía el sacrificio de un cordero para las familias con recursos económicos, o un par de tórtolas si eran pobres.
  • Cuando acuden al Templo, se produce el encuentro del Mesías recién nacido con el anciano Simeón, representante de los hombres justos de Israel que esperaban el consuelo y la salvación de Dios. Simeón, camina hacia la muerte, pero no parece estar triste. Es un hombre religioso que se deja guiar, y Dios lo ha conducido como de la mano, hacia el Templo.
  • Allí, movido por el Espíritu, reconoce en el hijo de esta sencilla familia al enviado de Dios, y prorrumpe en un canto de bendición y esperanza «ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz». Describe en su alabanza al Mesías: «mis ojos han visto a tu Salvador», que es «luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel».
  • Este Cristo que es la gloria del pueblo de Israel y la luz para los demás pueblos, es a la vez, juicio, signo de contradicción. Todos tendrán que tomar partido ante Él, no podrán quedar indiferentes. Por eso Simeón anuncia a la joven madre María una misión difícil, porque tendrá que participar en el destino de su Hijo: «será como una bandera discutida… y a ti una espada te traspasará el alma».
  • La presencia de María en este momento, al inicio de la vida de Jesús, la conecta con la madre que estará al pie de la Cruz cuando muera su Hijo. Presencia y cercanía de la madre a la misión salvadora de Cristo Jesús.
  • El evangelio nos conduce a la profundidad de la Navidad. El anciano Simeón nos invita, con su ejemplo, a saber ver, a dejarnos conducir por el Espíritu, para descubrir la presencia de Dios en nuestra vida; así como Él la supo discernir en esta familia pobre, que no llamaba a nadie la atención. Reconoció a Jesús, y se llenó de alegría y lo anunció a todos los que escuchaban. En los detalles de cada día, y en las personas que pueden parecer más insignificantes, Dios se nos presenta si tenemos los ojos de la fe para descubrirlo. 
  • Además, Simeón nos dice a nosotros, como se lo dijo a María y José, que el Mesías es signo de contradicción. El niño a quien contemplamos indefenso en el pesebre de Belén y que ahora es presentado en el templo, se convertirá en un hombre, abandonará su casa, su familia, su trabajo, para asumir su destino, su vocación. Proclamará la buena noticia del amor de Dios por los pobres, los pequeños, los pecadores. Cristo, por su palabra de fraternidad y de reconciliación, se convierte en la luz del mundo no sólo para Israel, el pueblo al cual perteneció por sus orígenes humanos, sino para todos los pueblos de la tierra.
  • La fidelidad a esta verdad lo llevará a ser condenado por los poderes de este mundo a una muerte vergonzosa. Su mensaje, fue en su tiempo y lo sigue siendo ahora, una palabra exigente, que pone al descubierto los pensamientos de muchos y ante la que hay que tomar partido. Podemos hacerlo seguros y confiados porque tenemos la firme esperanza de que el Padre Dios, que lo resucitó a Él de entre los muertos, nos dará también a nosotros una vida nueva y definitiva.
  • Lucas hoy, pone en labios de Simeón, la seguridad que tenemos que tener como discípulos si nos comprometemos en el anuncio y el trabajo desde el evangelio de la Vida: «mis ojos han visto la salvación».

PARA DISCERNIR

  • ¿Estoy abierto al encuentro con Jesucristo?
  • ¿Trato de mirar la realidad más allá de las apariencias?
  • ¿Lo descubro en la realidad que me rodea?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Jesús, Tú eres  nuestra luz

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Dios ha manifestado su salvación en todo el mundo

…”La misericordiosa providencia de Dios, que ya había decidido venir en los últimos tiempos en ayuda del mundo que perecía, determinó de antemano la salvación de todos los pueblos en Cristo.

De estos pueblos se trataba en la descendencia innumerable que fue en otro tiempo prometida al santo patriarca Abrahán, descendencia que no sería engendrada por una semilla de carne, sino por la fecundidad de la fe, descendencia comparada a la multitud de las estrellas, para quien de este modo el padre de todas las naciones esperara una posteridad no terrestre, sino celeste.

Así pues, que todos los pueblos vengan a incorporarse a la familia de los patriarcas, y que los hijos de la promesa reciban la bendición de la descendencia de Abrahán, a la cual renuncian los hijos según la carne. Que todas las naciones, en la persona de los tres Magos, adoren al Autor del universo, y que Dios sea conocido, no ya sólo en Judea, sino también en el mundo entero, para que por doquier sea grande su nombre en Israel.

Instruidos en estos misterios de la gracia divina, queridos míos, celebremos con gozo espiritual el día que es de nuestras primicias y aquél en que comenzó la salvación de los paganos. Demos gracias al Dios misericordioso quien, según palabras del Apóstol, nos ha hecho capaz de compartir la herencia del pueblo santo en la luz; él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido. Porque, como profetizó Isaías, el pueblo que caminaba en tinieblas vio una grande; habitaban en tierra de sombras, y una luz les brilló. También a propósito de ellos dice el propio Isaías al Señor: Naciones que no te conocían te invocarán, un pueblo que no te conocía correrá hacia ti.

Abraham vio este día, y se llenó de alegría, cuando supo que sus hijos según la fe serían benditos en su descendencia, a saber, en Cristo, y él se vio a sí mismo, por su fe, como futuro padre de todos los pueblos, dando gloria a Dios, al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete.

También David anunciaba este día en los salmos cuando decía: Todos los pueblos vendrán a postrarse en tu presencia, Señor; bendecirán tu nombre; y también: El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia.

Esto se ha realizado, lo sabemos, en el hecho de que tres magos, llamados de su lejano país, fueron conducidos por una estrella para conocer y adorar al Rey del cielo y de la tierra. La docilidad de los magos a esta estrella nos indica el modo de nuestra obediencia, para que, en la medida de nuestras posibilidades, seamos servidores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo.

Animados por este celo, debéis aplicaros, queridos míos, a seros útiles los unos a los otros, a fin de que brilléis como hijos de la luz en el reino de Dios, al cual se llega gracias a la fe recta y a las buenas obras; por nuestro Señor Jesucristo que, con Dios Padre y el Espíritu Santo, vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 De los sermones de san León Magno, papa – (Sermón 3 en la Epifanía del Señor, 1-3. 5: PI, 54, 240

PARA REZAR

Jesús voy a tu encuentro

Señor Jesús, aquí estoy junto a tí. Te necesito.

Jesús amigo, extiéndeme tu mano. Te necesito.

Jesús acércate a mi soledad. Es duro sentirse solo.

Jesús, tú eres el hombre que yo quiero ser.

Tú me comprendes, tú eres tolerante, tú esperas.

Tú eres paciente, tú amas, tú no oprimes.

Tú eres amigo de libertad y de confiar en el hombre.

Tú confías siempre, perdonas siempre, estás siempre.

Ayúdame a descubrir mi rostro. Un rostro nuevo.

Ayúdame a encontrarme conmigo mismo. Ayúdame.

Ayúdame a saber cómo soy por dentro. Por dentro.

Ayúdame a crecer como un hombre nuevo. Nuevo.

Jesús de Nazaret, amigo: dame luz para ver claro.

Jesús de Nazaret, amigo: dame tu amistad sincera.

Jesús de Nazaret, amigo: dame fuerza para caminar.

Jesús de Nazaret, amigo: dame saber ser hombre.

Jesús de Nazaret, amigo: Tú que fuiste el modelo de Hombre,

has que yo sepa mirar tu rostro y descubra

mi rostro nuevo en tu rostro resucitado.

Yo lo sé Señor: vale la pena.

30 DE DICIEMBRE

Día VI de la octava de la Navidad

El que cumple su voluntad permanece en Él

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan          2, 12-17

Hijos, les escribo porque sus pecados han sido perdonados por el nombre de Jesús.

Padres, les escribo porque ustedes conocen al que existe desde el principio.

Jóvenes, les escribo porque ustedes han vencido al Maligno.

Hijos, les he escrito porque ustedes conocen al Padre.

Padres, les he escrito porque ustedes conocen al que existe desde el principio.

Jóvenes, les he escrito porque son fuertes, y la Palabra de Dios permanece en ustedes, y ustedes han vencido al Maligno.

No amen al mundo ni las cosas mundanas. Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo -los deseos de la carne, la codicia de los ojos y la ostentación de riqueza- no vienen del Padre, sino del mundo. Pero el mundo pasa, y con él, sus deseos.

En cambio, el que cumple la voluntad de Dios permanece eternamente.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 95, 7-8a. 8b-9. 10 (R.: 11a)

R.        Alégrese el cielo y goce la tierra.

Aclamen al Señor, familias de los pueblos,

aclamen la gloria y el poder del Señor;

aclamen la gloria del nombre del Señor.  R.

Entren en sus atrios trayendo una ofrenda,

adoren al Señor al manifestarse su santidad:

¡que toda la tierra tiemble ante él!  R.

Digan entre las naciones: « ¡el Señor reina!

el mundo está firme y no vacilará.

El Señor juzgará a los pueblos con rectitud.»  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas   2, 22. 36-40

Había también allí una profetisa llamada Ana, hija de Fanuel, de la familia de Aser, mujer ya entrada en años, que, casada en su juventud, había vivido siete años con su marido. Desde entonces había permanecido viuda, y tenía ochenta y cuatro años. No se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día con ayunos y oraciones. Se presentó en ese mismo momento y se puso a dar gracias a Dios. Y hablaba acerca del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del Señor, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría, y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • La primera carta de Juan define las modalidades de la comunión con Dios: vivir con El en la luz, compartir su amor amando a los hermanos: esto es conocerlo. Pero esa comunión supone una elección deliberada. No es posible servir a dos amos a la vez: al Padre y al Mundo. El término «mundo» no se refiere al mundo por el que Cristo ha muerto y al que Dios ha amado tanto, sino esa humanidad que se niega a admitir que su futuro depende de la iniciativa gratuita de Dios,  ese mundo cuyo príncipe es Satanás.
  • El cristiano no huye del mundo; forma parte activa de él y sabe que puede llevar al mundo a su plenitud cuando vive tratando de ser dócil a los impulsos del Espíritu de Dios.

***

  • En esta línea el evangelio nos presenta a esta buena mujer, Ana que es conducida por el Espíritu. Ella es del grupo de los «pobres de Yahvé», que esperaban confiados la salvación de Dios y la alcanzaron a celebrar gozosamente. Representa a las tantas personas que desde su vida de cada día sirven a Dios y siguen el camino de Jesús, y, sin demasiada cultura probablemente, tienen capacidad para discernir los signos de los tiempos y de reconocer, más que los sabios, la presencia de Dios en la vida. Esta mujer, viuda, marginada, necesitada por lo tanto de sustento material, es una mujer religiosa que vive en profundidad su comunión con Dios. Su religiosidad no se limita al ámbito de lo íntimo e individual. Según Lucas, Ana tenía el don de profecía que no era algo común para las mujeres en Israel. Dios le había concedido ese don. Su experiencia religiosa le permitió reconocer en el niño Jesús, al Mesías y el don de profecía, la llevó a compartir esta alegría.
  • Ana no descubre al Mesías de un modo mágico; había preparado su alma y su corazón desde hacía muchos años. Su fe no era improvisada sino que se apoyaba en una experiencia de entrega en la oración profunda y creyente.
  • El descubrimiento de Jesús como Mesías no fue el resultado de haber estado en contacto con el templo, ni con la religión, sino directamente con Dios. La mujer servía en el templo, del mismo modo que lo hacían los sacerdotes; pero estos últimos no reconocen la presencia de Jesús liberador, porque eran otras sus preocupaciones. Es la experiencia con el Dios Vivo desde donde se puede reconocer al Mesías, y no sólo desde la pertenencia a una estructura religiosa.
  • La real comunión con el Dios de la Vida, abre el corazón a la novedad de lo que el mismo Dios quiere manifestar en cada tiempo, y nos ayuda a descubrir lo que Dios va haciendo en la historia.
  • El final del evangelio nos hace mirar a Jesús que va creciendo y aprendiendo. Los largos años de Nazaret son años de camino oculto: aprendiendo de sus padres y maestros, yendo a la sinagoga, llenándose de Dios. Su vida tan normal como la nuestra nos da a entender que Dios estará siempre junto a aquellos que, siendo hombres de buena voluntad, están dispuestos a dejarse conducir por su Espíritu. Navidad es invitación a estar siempre en la presencia del Señor: cuando oramos en el templo, pero sobre todo cuando con nuestro modo fiel de vivir, hacemos de toda nuestra vida una continua alabanza de su Nombre.

 PARA DISCERNIR

  • ¿Qué es lo que espero más ardientemente en esta vida?
  • ¿En qué expreso mi deseo de comunión con Dios?
  • ¿Me dejo conducir por el Espíritu?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Te alabo Señor y te doy gracias

 PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

…”Ser hijo de Dios no te hace libre de las tentaciones. Podrás tener momentos en que te sientas tan bendecido por Dios, tan en Dios, tan amado, como para olvidar que vives aún en un mundo de potencias y de principados. Pero tu inocencia de hijo de Dios tiene necesidad de ser protegida. De otro modo serás fácilmente catapultado fuera de tu verdadero yo y experimentarás la fuerza devastadora de las tinieblas que te rodean.

Este salir de ti mismo puede sobrevenirte como una gran sorpresa. Antes que seas plenamente consciente podrás encontrarte derrotado por la concupiscencia, por la ira, por el resentimiento o por la avidez. Un cuadro, una persona, un gesto, pueden desencadenar estas emociones fuertes y destructivas y seducir tu yo inocente.

Como hijo de Dios, debes ser prudente. No puedes andar sencillamente por el mundo como si nada o nadie pudiesen hacerte daño. Continúas siendo extremadamente vulnerable: La mismas pasiones que te hacen amar a Dios  pueden ser utilizadas por las potencias del mal.

Los hijos de Dios necesitan apoyo, protección, ayudarse unos a otros cercanos al corazón de Dios. Tú perteneces a una minoría en un mundo grande y hostil. Haciéndote más consciente de tu verdadera identidad de hijo de Dios, distinguirás también más claramente las muchas fuerzas que tratan de convencerte de que todas las realidades espirituales son un falso sustituto de las cosas reales de la vida (…).

No te fíes de tus pensamientos ni de tus sentimientos cuando te encuentras fuera de ti mismo. Vuelve rápidamente a tu centro verdadero y no prestes atención a lo que te ha llevado a engaño. Gradualmente llegarás a estar mejor preparado para estas tentaciones y ellas tendrán cada vez menos poder sobre ti. Protege tu inocencia ateniéndote a la verdad: eres hijo de Dios y eres profundamente amado”…

H. J. M. Nouwen, La voz interior del amor, Madrid 1998.

PARA REZAR

Ante nada, para nada

Hay vidas que se consumen

a través de una ventana,

mueren sin encontrar

un camino,

mueren de no haber partido.

hay plegarias que son su propio eco;

esperanzas que son espejos:

aguardan sólo lo que aguardan,

se transforman en la estatua

de aquello que esperaban,

son el miedo a perder

no el deseo del encuentro.

Hay otras, otras vidas, que laten vida:

buscan lo aún sin nombre

hacen del azar su esperanza,

no miran a lo lejos

hacen de la lejanía un atajo.

es la de hombres que hablan con palabras

que no son palabras son golpes

contra el pecho de la vida,

como los que dan contra las paredes

los presidiarios

para que desde otra celda respondan.

son como mudos moviendo

los labios dentro de una ronda de ciegos,

como mudos, sí,

pero sin cerrar la boca, sin traicionar el grito.

Y hay vidas que ni gritan

ni golpean,

que no tienen ni siquiera una tapia donde

tatuar un nombre,

donde inscribir su paso,

son vidas a la intemperie:

es la espera en carne viva

como la de un mendigo en medio

de un páramo

ante nadie, para nada,

pero sin bajar ni cerrar la mano.

31 DE DICIEMBRE

Día VII de la Octava de Navidad

La Palabra se hizo carne

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan          2, 18-21

Hijos míos, ha llegado la última hora.

Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora. Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros. Pero debía ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros.

Ustedes recibieron la unción del que es Santo, y todos tienen el verdadero conocimiento.

Les he escrito, no porque ustedes ignoren la verdad, sino porque la conocen, y porque ninguna mentira procede de la verdad.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 95, 1-2. 11-12. 13-14 (R.: 11a)

R.        Alégrese el cielo y goce la tierra.

Canten al Señor un canto nuevo,

cante al Señor toda la tierra;

canten al Señor, bendigan su Nombre,

día tras día, proclamen su victoria.  R.

Alégrese el cielo y exulte la tierra,

resuene el mar y todo lo que hay en él;

regocíjese el campo con todos sus frutos,

griten de gozo los árboles del bosque.  R.

Griten de gozo delante del Señor,

porque él viene a gobernar la tierra:

él gobernará al mundo con justicia,

y a los pueblos con su verdad.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Juan     1, 1-18

Al principio existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra

y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

En ella estaba la vida,

y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas,

y las tinieblas no la percibieron.

La Palabra era la luz verdadera

que, al venir a este mundo,

ilumina a todo hombre.

Ella estaba en el mundo,

y el mundo fue hecho por medio de ella,

y el mundo no la conoció.

Vino a los suyos,

y los suyos no la recibieron.

Pero a todos los que la recibieron,

a los que creen en su Nombre,

les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

Ellos no nacieron de la sangre,

ni por obra de la carne,

ni de la voluntad del hombre,

sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne

y habitó entre nosotros.

Y nosotros hemos visto su gloria,

la gloria que recibe del Padre como Hijo único,

lleno de gracia y de verdad.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • Esta carta se dirige, evidentemente a unas comunidades que atraviesan una grave crisis. En este pasaje, san Juan pone en guardia a los cristianos contra los «falsos doctores».
  • El autor sigue haciendo su llamamiento a la serenidad. No sabe cuándo será la última hora de la historia, pero está convencido de que esa hora decisiva llegará precedida de anticristos, todos los que niegan a Cristo, todos los que no lo aceptan como Señor, que se esforzarán por seducir a los fieles.
  • Dentro de la comunidad de los creyentes existe la terrible posibilidad de que sólo se pertenezca a ella de una manera puramente externa sin vivir del Espíritu de Cristo.
  • Los «falsos doctores» han dejado la comunidad. Se los detecta por el hecho que: bautizados o sacerdotes, se separan de la Iglesia. Hay motivos para vacilar, sin duda; pero los que se mantengan fieles pueden seguir sintiéndose seguros, deben seguir siendo «ungidos», fieles al Ungido por excelencia, Jesús. Ellos son los que han recibido la Buena Noticia y los que han sido marcados con la unción. Por eso también han de ser ellos los que perseveren.
  • En la antítesis entre la verdad y la mentira, Cristo es la Verdad, la Palabra que Dios nos ha dirigido. Todo lo que no sea Cristo es mentira, embuste y anticristo.

***

  • Terminamos el año escuchando el prólogo de san Juan, el magnífico resumen de todo el misterio de Cristo y de nuestra fe.  Este himno cristológico es muy antiguo. Juan afirma el origen de Jesucristo en Dios mismo.
  • Con palabras solemnes se nos dice que la Palabra de Dios, su Verbo, su «logos», ha acampado en medio de nuestro mundo, para iluminarlo con su luz potente. La Palabra divina se ha hecho carne humana en Jesucristo, poniendo en nuestra historia un principio de esperanza.  “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado” (G.S).
  • Dios, por la encarnación de su Hijo, se ha introducido en la historia del hombre para redimirnos y comunicarnos su propia vida. Jesús nos revela al hombre en su integridad total y absoluta.
  • Por eso, los creyentes sabemos que ni la muerte ni la vejez, ni el dolor ni la enfermedad, ni la guerra ni el hambre, ningún mal que podamos padecer podrá apartarnos del amor de Dios.
  • Nuestra suerte está asegurada si recibimos a Cristo en nuestra vida, en nuestro hogar, en nuestro corazón. La fe es algo más que unos criterios. Acoger a Jesús quiere decir dejarse cuestionar por Él. Dejar que sus criterios den luz tanto a nuestros pensamientos más íntimos, como a nuestra actuación social y laboral.
  • Y esto no es sólo esfuerzo, es sobre todo, don y gracia. Es nuestra vida injertada en la Vida de Dios. Vida recibida en el seno de la Iglesia.
  • A todos los que lo recibieron y creyeron en su nombre, Jesús les dio poder de hacerse hijos de Dios y no dudó de entregarse a la muerte por ellos.
  • Él nos comunica su Vida y su Espíritu y habita en nuestros corazones como en un templo. Desde esta presencia salvadora de Dios en nosotros, también nosotros somos llamados a poner nuestra morada en medio de los hombres para caminar en sus penas y alegrías, en sus gozos y esperanzas, en su dolor y en su pobreza.
  • Como Iglesia de Cristo no podemos quedarnos como espectadores en medio de todo aquello que sufre la humanidad. Cristo nos quiere como signos claros de su amor, de su alegría, de su bondad, de su paz, de su misericordia en medio de nuestros hermanos.
  • Navidad es luz y gracia, pero también examen sobre nuestra vida en la luz. En fechas como el fin de año necesitamos sabiduría para que nuestra historia personal y comunitaria no se desvíe de ese Cristo que, además de Niño nacido en Belén, se nos presenta como la Palabra, la Verdad y la Vida.
  • Los que hemos visto su gloria y lo hemos acogido en nuestra vida, nos sentimos llamados a que nuestro seguimiento sea más generoso y más fuerte.
  • Es bueno aprovechar para pensar si verdaderamente nos hemos dejado poseer y transformar por la buena noticia del amor de Dios, si nos hemos dejado iluminar por la luz que es Cristo, si permanecimos fieles a su palabra de verdad, si nuestro camino ha sido el justo o tenemos necesidad de rectificarlo.

PARA DISCERNIR

  • La novedad de Dios hecho hombre ¿En qué modifica mi manera de ver la vida?
  • ¿Qué significa para mí vivir en la luz?
  • ¿Qué caminos necesito rectificar para vivir desde la propuesta de Cristo?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Hemos visto su Gloria

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

… “Al ver más claro que tu vocación es la de ser testigo del amor de Dios al mundo, y al crecer tu determinación de vivir esta vocación, aumentarán los asaltos del enemigo. Oirás voces que te dirán: «No eres digno, no tienes nada que ofrecer, no tienes atractivo, no suscitas ni deseo ni amor». Cuanto más sientas la llamada de Dios, más descubrirás en tu propia alma la batalla cósmica entre Dios y Satán. No tengas miedo. Continúa profundizando en la convicción de que el amor de Dios te basta, que estás en manos seguras, y que eres guiado en cada paso de tu camino. No te dejes sorprender por los asaltos del demonio. Aumentarán pero, si los enfrentas sin miedo, descubrirás que son impotentes.

Lo que importa es aferrarse al verdadero, constante e inequívoco amor de Jesús. Cada vez que dudes de este amor, vuelve a tu morada interior y escucha allí la voz del amor. Solamente cuando sabes en tu ser más profundo que eres íntimamente amado, puedes afrontar las oscuras voces del enemigo sin ser seducido por ellas.

El amor de Jesús te dará una visión cada vez más clara de tu vocación, así como de las muchas tentativas de arrancarte de aquella llamada. Cuanto más sientas la llamada a hablar del amor de Dios, más necesidad tendrás de profundizar en el conocimiento de este amor en tu mismo corazón. Cuanto más lejos te lleve el camino exterior, más profundo debe ser tu camino interior. Sólo cuando tus raíces sean profundas, tus frutos podrán ser abundantes, pero tú puedes afrontar sin miedo al enemigo cuando te sabes seguro del amor de Jesús”…

H. J. M. Nouwen, La voz interior del amor, Madrid 19981.

PARA REZAR

Yo había pedido…

Yo había pedido a Dios la fuerza para

alcanzar el éxito, pero Él me hizo débil a

fin de que aprenda humildemente a obedecer.

Yo había pedido la salud para hacer

grandes cosas, pero Él me dio la enfermedad

para que pueda hacer cosas mejores.

Yo había pedido el poder para ser apreciado

por los hombres, pero me dio la debilidad

para que experimente la necesidad de Dios.

Yo había pedido la riqueza para

ser feliz, pero me ha dado la pobreza

para que pueda ser prudente.

Yo había pedido un compañero para no

vivir solo, pero me dio un corazón para

que pueda amar a todos mis hermanos.

Yo había pedido cosas que pudieran

alegrar mi vida, pero he recibido la vida

para que pueda gozar de todas las cosas.

Yo no he obtenido nada de lo que

había pedido, pero he recibido

todo cuanto había esperado.

Casi a pesar de mí mismo, mis plegarias

informuladas han sido escuchadas. Yo soy,

entre los hombres, el más ricamente colmado.                  

1 DE ENERO

Solemnidad de Santa María Madre de Dios

Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer

Lectura del libro de los Números  6, 22-27

El Señor dijo a Moisés: «Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán: «Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz.» Que ellos invoquen mi Nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.»

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 66, 2-3. 5. 6 y 8 (R.: 2a)

R.        El Señor tenga piedad y nos bendiga.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,

haga brillar su rostro sobre nosotros,

para que en la tierra se reconozca su dominio,

y su victoria entre las naciones.  R.

Que canten de alegría las naciones,

porque gobiernas a los pueblos con justicia

y guías a las naciones de la tierra.  R.

¡Que los pueblos te den gracias, Señor,

que todos los pueblos te den gracias!

Que Dios nos bendiga,

y lo teman todos los confines de la tierra.  R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Galacia 4, 4-7

Hermanos:

Cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos.

Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abba!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas   2, 16-21

Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.

Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • La fórmula de bendición sacerdotal que aparece en la primera lectura, se cumplió plenamente en María. El Señor estuvo con ella, desde el principio, le dio su paz, fue la llena de gracia. Así lo sintió la primera Iglesia post-apostólica cuando la invocó: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros”. Y así lo siente la Iglesia de nuestros días llamándola: “Madre de la Paz”.

***

  • San Pablo nos muestra que el Hijo hecho hombre ha puesto su voluntad debajo de nuestras necesidades, De esta manera, Jesucristo, el Hijo de Dios, nos ha dado la posibilidad de ser también nosotros hijos de Dios por adopción.

***

  • María cobra un particular relieve en este texto de Lucas. En el contexto anterior de la presentación en el templo, ella aparece como Madre carnal de Jesús. Aquí se presenta otra relación entre Jesús y María: la de la fe. “Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. Actitud de fe adulta y  reflexiva. María guardaba las cosas en su corazón, no como quien pone siete llaves y mantiene oculto. María guarda las cosas en su corazón como aquella que atesora, aquella que valora, aquella  que es capaz de descubrir en cada cosa un sentido y eso le da razón a su caminar.
  • María tiene esa memoria sabia que no cae en olvidos injustos, ni en recuerdos superficiales, tiene memoria del corazón.
  • Siempre estaba vivo en ella el gozo de la anunciación, por la promesa de Dios, el amor dado en la visitación, la confianza del buen José, todo lo que se decía del niño. Y en cada uno de estos momentos experimentaba el paso de Dios por su vida, la ternura de un Dios que la bendecía. Esta experiencia fue la que animó su esperanza y no quebrantó  su fe ante en el momento del dolor.
  • La memoria del corazón le permitió experimentar, una y otra vez,  que el mismo Dios que la había llamado no abandonaría la obra de sus manos aunque espesos nubarrones aparecieran en el horizonte.
  • Ella nos invita a  acrecentar nuestra memoria del corazón, a mirar con ojos nuevos el paso de Dios  por nuestra vida. Creemos que nuestro Dios es fiel y no cambia; lo que prometió lo cumplirá, lo que nos dio no lo quitará, de lo que dijo no se desdecirá,  su proyecto no cambiará.
  • Necesitamos que la memoria de su fidelidad nos arranque de nuestros egoísmos, conveniencias, tibiezas e inseguridades, para hacer memoria agradecida del pasado que nos permita mirar el futuro con esperanza y pasión por el bien, la justicia y la paz. Para ese compromiso hace falta la memoria buena de un Dios que ha sido generoso con nuestra vida sabiendo rescatar todo lo bueno que hemos vivido, porque de la memoria del corazón brotará nuestra fidelidad.
  • María, Madre de Dios, al inicio de un nuevo año aparece como lugar de encuentro del hombre con Dios y de Dios con el hombre. Un mundo sin Dios, sería pronto un mundo sin hombres. Estaría la humanidad a merced del más fuerte, de la ley de la selva, de la violencia y la destrucción. En María, los hombres deben encontrar a Dios y sentirse hermanos los unos de los otros en Cristo Jesús.
  • María es el signo de la presencia de Dios en medio de los hombres, con el que se debe contar para construir el mundo en la verdad, la justicia y la paz.

PARA DISCERNIR

  • ¿Cómo me comprometo con la paz?
  • ¿Creo que el valor de la paz verdadera anida en un corazón reconciliado?
  • ¿Soy constructor de paz en mis ambientes y realidades?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Su nombre es Jesús

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

«Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer» (Gal 4,4)

…”Cuando se mira a la Inmaculada se experimenta en el corazón la necesidad de acercarse a ella… Los que la aman y los que escriben sobre ella, se paran para mirar quien es ella, incluso si no la conocen profundamente. ¿Quién es ella en relación a Dios Padre? Es su creador, ciertamente; ella misma lo declara: «Soy la esclava del Señor» (Lc 1,38). Pero ¿qué es ella además? Es la preferida del Padre eterno. No podemos llegar a concebir esta verdad; las palabras humanas no lo pueden expresar.

El Padre celestial ha querido que la segunda persona de la Trinidad, su Hijo, tenga por madre, en el tiempo, a la Inmaculada. Ella es verdaderamente la Madre del Hijo de Dios; ¡cosa muy difícil de entender! Es preciso que estemos muy unidos a la Madre de Dios para comprender este misterio más profundamente. La Virgen María no puede compararse a los demás santos por el hecho de que ella es la Madre del Hijo de Dios, verdaderamente Madre de Dios… Ser creada por Dios, ser hija de Dios por adopción, esto todavía se puede comprender. Pero ser verdaderamente la Madre de Dios sobrepasa nuestra inteligencia… Es una verdad de fe que la Inmaculada es realmente la Madre de Dios y no solamente la madre de la humanidad de Jesús.

En relación al Espíritu Santo, ella es su Esposa. ¡Tampoco es posible entender esto! El Espíritu Santo se ha unido de tal manera a la Inmaculada que forma con ella un solo ser… Nuestra inteligencia no es suficiente para comprender esto, porque la Trinidad es infinita. Y aunque tuviéramos una comprensión perfecta, hay una distancia infinita entre lo que sabemos de la Santa Trinidad y lo que es en realidad. Más tarde, en el cielo, descubriremos este misterio. Incluso después de millares y millares de años, este conocimiento quedará siempre limitado, de tal manera que hará falta toda una eternidad para su perfecto conocimiento”…

San Maximiliano Kolbe (1894-1941), franciscano, mártir – Conferencia del 26/11/1938

PARA REZAR

Dios de luz,
bendito seas por cada mañana
y por cada año nuevo,
promesa de vida y de renovación.

Dios de ternura,
bendito seas por el corazón de cada hombre
y por las manos que se abren
en señal de paz.

Dios y Padre de Jesucristo,
bendito seas, más aún,
por la mirada de tu Hijo,
reflejo insondable de tu amor.

¡Bendito, glorificado y santificado seas
por Aquel que abrazó nuestra carne
y nos transfigura en tu luz! 

Que con tu Iglesia
te canten los ángeles en los cielos,
pues tú eres el Dios de lo infinito
y el Dios de toda ternura,
y es a Ti a quien aclamamos.

Señor Jesucristo,
tu nacimiento fue la aurora de una paz nueva
para los hombres que tú amas.
Mira una vez más el amor
que tú mismo has depositado
en el corazón de tu Iglesia, 
y, para que en este nuevo año
pueda ella cantar tu gloria, 
dígnate unir nuestras manos
en la unidad y en la alegría.

Quédate con nosotros, Emmanuel,
y danos una paz que dure por los siglos y siglos sin fin.

Por Mari