PRIMERA LECTURA   

Lectura del libro del profeta Isaías     35, 1-6a. 10

¡Regocíjense el desierto y la tierra reseca, alégrese y florezca la estepa! ¡Sí, florezca como el narciso, que se alegre y prorrumpa en cantos de júbilo! Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Ellos verán la gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios.

Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes; digan a los que están desalentados: « ¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios! Llega la venganza, la represalia de Dios: él mismo viene a salvarlos.»

Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y se destaparán los oídos de los sordos; entonces el tullido saltará como un ciervo y la lengua de los mudos gritará de júbilo.

Volverán los rescatados por el Señor; y entrarán en Sión con gritos de júbilo, coronados de una alegría perpetua: los acompañarán el gozo y la alegría, la tristeza y los gemidos se alejarán.

Palabra de Dios.

SALMO    Sal 145, 7. 8-9a. 9bc-10 (R.: cf. Is 35, 4)

R.  Señor, ven a salvarnos.

El Señor mantiene su fidelidad para siempre,

hace justicia a los oprimidos

y da pan a los hambrientos.

El Señor libera a los cautivos. 

El Señor abre los ojos de los ciegos

y endereza a los que están encorvados.

El Señor ama a los justos,

y protege a los extranjeros. 

Sustenta al huérfano y a la viuda;

y entorpece el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

reina tu Dios, Sión,

a lo largo de las generaciones. 

SEGUNDA LECTURA  

Lectura de la carta del apóstol Santiago       5, 7-10

Tengan paciencia, hermanos, hasta que llegue el Señor. Miren cómo el sembrador espera el fruto precioso de la tierra, aguardando pacientemente hasta que caigan las lluvias del otoño y de la primavera. Tengan paciencia y anímense, porque la Venida del Señor está próxima. Hermanos, no se quejen los unos de los otros, para no ser condenados. Miren que el Juez ya está a la puerta. Tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo         11, 2-11

Juan el Bautista oyó hablar en la cárcel de las obras de Cristo, y mandó a dos de sus discípulos para preguntarle: « ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?»

Jesús les respondió: «Vayan a contar a Juan lo que ustedes oyen y ven: los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan y la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de tropiezo!»

Mientras los enviados de Juan se retiraban, Jesús empezó a hablar de él a la multitud, diciendo:

« ¿Qué fueron a ver al desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué fueron a ver? ¿Un hombre vestido con refinamiento? Los que se visten de esa manera viven en los palacios de los reyes.

¿Qué fueron a ver entonces? ¿Un profeta? Les aseguro que sí, y más que un profeta. Él es aquel de quien está escrito: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino».

Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.»

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • Asolado constantemente por la guerra, el pueblo de Israel ha conocido derrota tras derrota. Jerusalén ha sido destruida, el Templo profanado, y el pueblo deportado a Babilonia, condenado a trabajos forzados. Isaías medita y ora, escucha a Dios, e inspirado por Él, invita al pueblo, desalentado y herido, a que se ponga en camino en busca de su Dios Salvador. Este libro de la Consolación es una vigorosa predicación de esperanza que anuncia un tiempo de felicidad total, en el que Dios salvará a su pueblo.

***

  • El texto de la carta de Santiago pretende llamar la atención sobre la venida del Señor que se consideraba próxima, como sucedía en los ámbitos apocalípticos del judaísmo y el cristianismo primitivo. Dos elementos resuenan con fuerza: “la venida del Señor y la paciencia”. Se pone el ejemplo de la paciencia del labrador esperando las gotas de agua que vienen sobre la tierra, hasta que un día llegan y ve que se salva su cosecha. De nada vale desesperarse porque llegará la lluvia, a pesar de las épocas de larga sequía. La paciencia de que todo cambiará un día, es sinónimo de entereza y de ánimo. No debemos escuchar a los catastrofistas que destruyen, sino a los profetas que construyen.

***

  • El domingo pasado se presentaba la figura de Juan Bautista con la certeza de que estaba de parte del Dios liberador de Israel, denunció con valentía los abusos de los poderosos.
  • Hoy lo presenta el evangelio en una situación totalmente distinta. Por denunciar los pecados de Herodes es presionado por la amante del rey y se encuentra en la cárcel. 
  • El que pregonó la venida del Mesías, el que lo reconoció y lo presentó como el Cordero de Dios se encuentra perplejo. El Mesías realiza muchas obras, pero no son las que esperaba el precursor. Ha oído hablar de las obras de Jesús, pero no sabe interpretarlas. Esperaba un Mesías riguroso, victorioso; por eso se asombra al enterarse que el Cristo anda con los pobres y se dedica a curar a los enfermos.
  • Juan lo había descrito como un fuego devorador. Y Jesús se muestra como la ternura del Padre volcada a la humanidad. Juan necesitaba ver la fuerza de Dios; Jesús manifestaba la debilidad del hombre y la del mismo Dios.
  • Jesús apela a los profetas que hablaron del Mesías para responder a Juan. Con la alusión a los oráculos de Isaías, está diciendo que sus obras inauguran los tiempos mesiánicos; pero con el sello de la bondad y la salvación, y no de violencia y castigo. Él es el Señor. Jesús muestra las señales de su venida, que son señales de liberación: los ciegos ven, los sordos oyen, los cojos saltan de gozo, los pobres son evangelizados.
  • La venida de Jesús sorprende a sus contemporáneos y sigue sorprendiéndonos a todos nosotros. El reino de Dios que anuncia Jesús es una realidad totalmente nueva. Ante él caen todas las grandezas humanas y todos los aparatos seudo salvadores.
  • La duda de Juan resulta paradigmática. Dios es lo más esperado, pero también es lo más sorprendente porque no sigue nuestros criterios, ni se adapta a nuestros programas. Los signos de los tiempos no llegan según nosotros esperamos. Dios siempre rompe nuestros esquemas y se hace presente no cómo y cuándo queremos o creemos. Hay que estar atentos.
  • Se trata, de abrirnos y de mirar los hechos sin prejuicio; de contemplar los signos sin esquemas prefabricados.
  • El reino anunciado por el Mesías aparece cuando los hombres esperamos contra toda esperanza, cuando creemos en el progreso verdadero, en lo nuevo, en la posibilidad de una sociedad distinta, en las relaciones fraternales. El tiempo del Mesías esperado se hace presente cada vez que el fracaso anima a comenzar una nueva etapa de la historia sin complejos ni derrotismos, cuando cada pueblo trata de reencontrarse desde la reconciliación y el perdón.
  • El discípulo de Cristo no es un espectador del mundo. Participamos de las alegrías y gozos así como de las penas y sufrimientos de los hombres. «El gozo y la esperanza, la tristeza y la angustia de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de toda clase de afligidos, son también gozo y esperanza, tristeza y angustia de los discípulos de Cristo, y nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón».
  • La esperanza verdadera tiene un sentido activo, concreto, eficaz, por eso, siempre compromete. La esperanza es «desear provocando lo que se desea». 
  • Jesús nos anuncia la llegada de un tiempo nuevo, la única condición es dejarnos invadir por la gracia “de Aquel que viene en nombre de Dios” y que con su presencia desborda nuestros cálculos y posibilidades humanas.

PARA DISCERNIR

  • ¿Me siento necesitado de salvación?
  • ¿Dónde busco respuesta a mis angustias y desconsuelos?
  • ¿Qué espero de Dios?

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

Ven Señor Jesús

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

«No ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el Reino de los cielos es más grande que él»

Reverenciemos la compasión de un Dios que ha venido a salvar y no a juzgar al mundo. Juan, el precursor del Maestro, que hasta entonces había ignorado este misterio, cuando supo que Jesús era verdaderamente el Señor, a voz en grito dijo a los que venían a hacerse bautizar: «’Raza de víboras’ (Mt 3,6), ¿por qué me miráis con tanta insistencia? Yo no soy el Cristo. Soy un servidor y no el Señor. Soy un simple sujeto, no el rey. Soy una oveja, no el pastor. Soy un hombre, no un Dios. Al venir al mundo he curado la esterilidad de mi madre, no he hecho fecunda su virginidad; he sido sacado de lo bajo, no he descendido desde las alturas. He atado la lengua de mi padre (Lc 1,20), no he desplegado la gracia divina… Soy vil y pequeño, pero después de mí viene el que es anterior a mí (Jn 1,30). Viene después en el tiempo; pero antes, estaba en la luz inaccesible e inefable de la divinidad. ‘Viene el que puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego’ (Mt 3,11). Yo soy un subordinado; él es libre. Yo estoy sujeto al pecado, él destruye el pecado. Yo enseño la Ley, él lleva la luz de la gracia. Yo predico como esclavo, el legisla como maestro. Tengo por capa el sol, él los cielos. Yo bautizo con el bautismo de penitencia, él da la gracia de la adopción. ‘Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego’. ¿Por qué me queréis reverenciar? Yo no soy el Cristo.»

San Hipólito de Roma

PARA REZAR

Ven, Señor, a salvarnos.

Peregrinos, transeúntes, emigrantes,

refugiados, desterrados,

mendigos:

el Señor los guarda a todos.

Lectura del libro de Los Números 24, 2-7. 17a

Cuando alzó los ojos y vio a Israel acampado por tribus, el espíritu de Dios vino sobre él y pronunció su poema, diciendo: «Oráculo de Balaam hijo de Beor, oráculo del hombre de mirada penetrante; oráculo del que oye las palabras de Dios y conoce el pensamiento del Altísimo; del que recibe visiones del Todopoderoso, en éxtasis, pero con los ojos abiertos.

¡Qué hermosas son tus carpas, Jacob, y tus moradas, Israel!

Son como quebradas que se extienden, como jardines junto a un río, como áloes que plantó el Señor, como cedros junto a las aguas.

El agua desborda de sus cántaros, su simiente tiene agua en abundancia. Su rey se eleva por encima de Agag y su reino es exaltado.

Entonces pronunció su poema, diciendo: «Oráculo de Balaam, hijo de Beor, oráculo del hombre de mirada penetrante; oráculo del que oye las palabras de Dios y conoce el pensamiento del Altísimo; del que recibe visiones del Todopoderoso, en éxtasis pero con los ojos abiertos.

Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no de cerca: una estrella se alza desde Jacob, un cetro surge de Israel: golpea las sienes de Moab y el cráneo de todos los hijos de Set.

Palabra de Dios

SALMO    Sal 25(24), 4-5.6-7.8-9.

R: Señor, instrúyeme en tus sendas.

Señor, enséñame tus caminos,

instrúyeme en tus sendas:

haz que camine con lealtad;

enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R.

Recuerda, Señor, que tu ternura

y tu misericordia son eternas;

acuérdate de mí con misericordia,

por tu bondad, Señor. R.

El Señor es bueno y es recto,

y enseña el camino a los pecadores;

hace caminar a los humildes con rectitud,

enseña su camino a los humildes. R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   21, 23-27

Jesús entró en el Templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo, para decirle: «¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Y quién te ha dado esa autoridad?».

Jesús les respondió: «Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas.

¿De dónde venía el bautismo de Juan? ¿Del cielo o de los hombres?». Ellos se hacían este razonamiento: «Si respondemos: ‘Del cielo’, él nos dirá: ‘Entonces, ¿por qué no creyeron en él?’.

Y si decimos: ‘De los hombres’, debemos temer a la multitud, porque todos consideran a Juan un profeta».

Por eso respondieron a Jesús: «No sabemos». El, por su parte, les respondió: «Entonces yo tampoco les diré con qué autoridad hago esto».

Palabra del Señor

PARA REFLEXIONAR

  • Esta vez es el adivino Balaán el que nos anuncia la salvación de Dios.
  • El rey de Moab le encarga, por su fama de vidente, que maldiga al pueblo de Israel y sus campamentos. Pero Dios toca su corazón, y el adivino pagano se convierte en uno de los mejores profetas del futuro mesiánico. En sus poemas breves, en vez de maldecir, bendice el futuro de Israel. Anuncia la aparición de un héroe que dominará sobre todos los pueblos.
  • Dios, no se deja manipular ni entra en nuestros cálculos. 
  • Es una profecía que en un primer momento se interpretó como cumplida en el rey David, pero que luego los mismos israelitas dirigieron a la espera del Mesías.

***

  • De nuevo Jesús habla del Bautista y lo presenta como profeta enviado por Dios.
  • Después de expulsar a los mercaderes del Templo, las autoridades le preguntan en público: « ¿con qué autoridad haces esto?».
  • Jesús, como tantas veces en el evangelio, elude elegantemente la cuestión que no era sincera. Desenmascara a los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo. No pueden contestar que es meramente autoridad humana, porque el pueblo tiene a Juan como profeta de Dios. Pero si su autoridad -la de Juan y en el fondo, la de Jesús- viene del cielo, entonces no se lo puede ignorar, hay que aceptarlo y hacerle caso. El pueblo sí  lo ha hecho, pero muchos de las clases dirigentes no.
  • Los dirigentes de Israel no quieren aceptar a Juan.
  • La peor ceguera es la voluntaria. Aquí se cumple una vez más lo que decía Jesús: que los que se creen sabios no saben nada, y los sencillos y humildes son los que alcanzan la verdadera sabiduría.
  • El Dios del ayer es el Dios del hoy y el Dios del mañana. El que vino, el que viene, el que vendrá. Cada día, no sólo en la Eucaristía, sino a lo largo de la jornada, en esos pequeños encuentros personales y acontecimientos, sucede una continuada venida de Dios a nuestra vida, si estamos despiertos y sabemos interpretar la historia.

PARA DISCERNIR

  • ¿Me abro a la propuesta  que la Palabra me hace cada día?
  • ¿Discierno la realidad desde la meditación y la oración de la Palabra?
  • ¿Dejo que Dios me sorprenda y acojo su voluntad?

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

Haz Señor que  camine con lealtad

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

“¿Con qué autoridad haces estas cosas?”

Este Hijo, realmente, se parece a su Padre. Viene de él, a quien se le puede comparar porque es semejante al Padre. Es igual al Padre porque realiza las mismas obras que el Padre. (Jn 5,36)… Sí, el Hijo realiza las obras del Padre y nos pide que creamos que él es el Hijo de Dios. No se arroga un título que no le corresponde. No son las obras propias que apoyan su reivindicación. No. El Hijo da testimonio que no son sus propias obras sino las de su Padre. Así atestigua que la gloria de sus obras proviene de su nacimiento divino. Pero ¿cómo los hombres podían reconocer en él al Hijo de Dios a través del misterio de este cuerpo que había asumido, en este hombre nacido de María? El Señor realizó todas sus obras para que la fe en él pudiera penetrar en el corazón de los hombres. “Si realizo las obras de mi Padre, aceptad el testimonio de las mismas, aunque no queráis creerme a mí.” (Jn 10,38)

Si la condición humilde de su cuerpo parece un obstáculo para creer en su palabra, nos pide creer, al menos, en sus obras. En efecto, ¿por qué su nacimiento en la carne nos tiene que privar de creer en su nacimiento divino?… “De este modo podríais reconocer que el Padre está en mí y yo en el Padre.” (Jn 10,38)…

Esta es la naturaleza que él posee desde su nacimiento; este es el misterio de una fe que nos salva: no dividir lo que uno, no negar la naturaleza del Hijo y proclamar la verdad del Dios vivo, nacido de Dios vivo… “El Padre que me ha enviado, posee la vida, y yo vivo por él.” (Jn 6,57) “El Padre tiene el poder de dar la vida, y ha dado al Hijo ese mismo poder.” (Jn 5,26)

San Hilario (c. 315-367) – obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia – Sobre la Trinidad VII, 26-27

PARA REZAR

De luz nueva se viste la tierra,
porque el Sol que del cielo ha venido
en el seno feliz de la Virgen
de su carne se ha revestido.

El amor hizo nuevas cosas,
el Espíritu ha descendido
y la sombra del que es poderoso
en la Virgen su luz ha encendido.

Ya la tierra reclama su fruto
y de bodas se anuncia alegría,
el Señor que en los cielos moraba
se hizo carne en la Virgen María.

Gloria a Dios, el Señor poderoso,
a su Hijo y Espíritu Santo,
que en su gracia y su amor nos bendijo
y a su reino nos ha destinado. Amén.

Himno de Adviento

Lectura de la profecía de Sofonías           3, 9-13

Así habla el Señor:

¡Ay de la rebelde, de la impura, de la ciudad opresora! Ella no escuchó el llamado, no aprendió la lección, no puso su confianza en el Señor ni se acercó a su Dios.

Entonces, yo haré que sean puros los labios de los pueblos, para que todos invoquen el nombre del Señor y lo sirvan con el mismo empeño. Desde más allá de los ríos de Cus, mis adoradores, los que están dispersos, me traerán ofrendas.

Aquel día, ya no tendrás que avergonzarte de las malas acciones con las que me has ofendido, porque yo apartaré a esos jactanciosos prepotentes que están en medio de ti, y ya no volverás a engreírte sobre mi santa Montaña.

Yo dejaré en medio de ti a un pueblo pobre y humilde, que se refugiará en el nombre del Señor. El resto de Israel no cometerá injusticias ni hablará falsamente; y no se encontrarán en su boca palabras engañosas. Ellos pacerán y descansarán sin que nadie los perturbe.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 33, 2-3. 6-7. 17-18. 19 y 23 (R.: 7a)

R.        El pobre invocó al Señor, y él lo escuchó.

Bendeciré al Señor en todo tiempo,

su alabanza estará siempre en mis labios.

Mi alma se gloría en el Señor:

que lo oigan los humildes y se alegren.  R.

Miren hacia él y quedarán resplandecientes,

y sus rostros no se avergonzarán.

Este pobre hombre invocó al Señor:

él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.  R.

El Señor rechaza a los que hacen el mal,

para borrar su recuerdo de la tierra.

Cuando los justos claman, el Señor los escucha

y los libra de todas sus angustias.  R.

El Señor está cerca del que sufre

y salva a los que están abatidos.

El Señor rescata a sus servidores,

y los que se refugian en él no serán castigados.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   21, 28-32

Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

« ¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: «Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña.» El respondió: «No quiero.» Pero después se arrepintió y fue.

Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: «Voy, Señor», pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?»

«El primero», le respondieron.

Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios.

En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él.»

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • Sofonías escribe un siglo después de Isaías, aproximadamente en el 640. La historia del pueblo escogido es una larga serie de infidelidades: idolatrías, injusticias sociales, hipocresía religiosa.
  • Los primeros versículos que leemos hoy constituyen una queja dolorosa de Dios, al ver que Jerusalén, lejos de oír su voz, de buscarlo y arrepentirse con sincera conversión, se ha vuelto ciudad rebelde, materialista. Es tarea de los profetas denunciar ese mal.
  • Pero en la última parte del texto, Dios redunda en promesas de restauración mesiánica. Y no sólo para Jerusalén, sino para todos los pueblos, a los que dará «labios puros» para que «le invoquen y lo sirvan unánimes».
  • Un pueblo que experimenta su debilidad y su pobreza, encontrará su fortaleza en una vuelta sincera a Dios, reconociéndose pobre y débil ante Él. Este reconocimiento es lo que lo hace grato a los ojos de Dios.

***

  • La conversación con los doctores de la ley viene seguida de la parábola de los dos hijos. Mientras uno de los hijos dice “sí”, sin medir las consecuencias, el otro reflexiona y vuelve sobre su primera afirmación y termina por cumplir la misión que su Padre le había confiado.
  • Jesús coloca a los fariseos como delante un espejo. De poco les sirve un piadoso cumplimiento y un santo discurso, si existe la distancia de dos mundos entre las palabras y las acciones.
  • No deja de asombrar el evangelio, Jesús detrás de estas comparaciones, busca mostrar que a Dios sólo le interesa la confianza que el hombre es capaz de tener en su palabra de vida y salvación.
  • Los publicanos son justificados no por haber robado, sino por haber creído en quien los invitó a seguirlo. La salvación no se alcanza por acumular méritos, sino por creer en la gracia del que salva a los pobres y a los que se convierten de corazón. Juan Bautista recibió el odio de los fariseos, de los sacerdotes y de los ancianos por haber recibido a todo hombre sin pedirle otra cosa que la conversión del corazón, sin importar tanto el pasado, sino  la vida nueva de la gracia, que mira siempre hacia adelante.

PARA DISCERNIR

  • ¿Somos capaces de volver sobre nuestros pasos cuando nos equivocamos?
  • ¿Juzgamos a los demás según su pasado o damos oportunidades?
  • ¿Nos detenemos en el pasado o confiamos en lo que Dios puede obrar en nosotros?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Quiero hacer tu voluntad Señor

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

La voluntad de Dios es vida

El primer grado de la contemplación es pensar constantemente qué es lo que quiere el Señor, qué es su placer, lo que le agrada. Todos lo ofendemos en algo y nuestro orgullo choca contra la rectitud de la voluntad del Señor, cuando no podemos aceptarla ni ponernos de acuerdo con ella. Humillémonos bajo la poderosa mano de Dios altísimo y esforcémonos en poner nuestra miseria a la mirada de su misericordia, con estas palabras: “Sáname, Señor, y quedaré sano, sálvame y estaré a salvo” (Jr 17,14). Y también esas palabras: “Ten piedad de mí, Señor, sáname, porque pequé contra ti” (Sal 41,5).

Una vez que se ha purificado la mirada de nuestro corazón con esos pensamientos, ya no nos ocupamos con amargura en nuestro propio espíritu, sino de las delicias del Espíritu de Dios. Ya no vamos considerando cuál es la voluntad de Dios respecto a nosotros, sino cuál es su voluntad en sí misma. Ya que la vida es la voluntad del Señor, indudablemente lo más ventajoso y útil será acordarnos con su voluntad. Por eso, si nos proponemos de verdad conservar la vida, pongamos verdadero empeño en no apartarnos del camino de la voluntad divina.

San Bernardo (1091-1153) – monje cisterciense y doctor de la Iglesia – Sermón 5 “de diversas materias” , 4-5

PARA REZAR

De luz nueva se viste la tierra,

porque el sol que del cielo ha venido

en el seno feliz de la Virgen

de su carne se ha revestido.

El amor hizo nuevas las cosas,

el Espíritu ha descendido

y la sombra del que es poderoso

en la Virgen su luz ha encendido.

Ya la tierra reclama su fruto

y de bodas se anuncia la alegría,

el Señor que en los cielos moraba

se hizo carne en la Virgen María.

Gloria a Dios, el Señor poderoso,

a su Hijo y Espíritu Santo,

que en su gracia y su amor nos bendijo

y a su reino nos ha destinado.

Amén

Lectura del libro del Génesis         49, 1-2. 8-10

Jacob llamó a sus hijos y les habló en estos términos:

«Reúnanse, para que yo les anuncie lo que les va a suceder en el futuro:

Reúnanse y escuchen, hijos de Jacob, oigan a Israel, su padre.

A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, tomarás a tus enemigos por la nuca y los hijos de tu padre se postrarán ante ti. Judá es un cachorro de león. -¡Has vuelto de la matanza, hijo mío!- Se recuesta, se tiende como un león, como una leona: ¿quién lo hará levantar?

El cetro no se apartará de Judá ni el bastón de mando de entre sus piernas, hasta que llegue aquel a quien le pertenece y a quien los pueblos deben obediencia.»

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 71, 1-2. 3-4ab. 7-8. 17 (R.: cf. 7)

R.        Que en sus días florezca la justicia y abunde la paz eternamente.

Concede, Señor, tu justicia al rey

y tu rectitud al descendiente de reyes,

para que gobierne a tu pueblo con justicia

y a tus pobres con rectitud.  R.

Que las montañas traigan al pueblo la paz,

y las colinas, la justicia;

que él defienda a los humildes del pueblo,

socorra a los hijos de los pobres.  R.

Que en sus días florezca la justicia

y abunde la paz, mientras dure la luna;

que domine de un mar hasta el otro,

y desde el Río hasta los confines de la tierra.  R.

Que perdure su nombre para siempre

y su linaje permanezca como el sol;

que él sea la bendición de todos los pueblos

y todas las naciones lo proclamen feliz.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   1, 1-17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:

Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David.

David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.

El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • La escena del Génesis nos prepara para escuchar luego la genealogía de Jesús.  La salvación futura, se perfila de un modo ya bastante concreto en este poema, en boca del anciano Jacob, que se despide de sus hijos. Es la familia de su hijo Judá, la elegida por Dios, para que de ella nazca el Mesías.

***

  • Mateo empieza su evangelio con el árbol genealógico de Jesús. No se trata de una enumeración de los antepasados de Jesús. Es la historia del «adviento» de Jesús que nos ayuda a entender mejor el misterio del Dios-con-nosotros.
  • El Hijo de Dios, la Palabra eterna del Padre, se ha encarnado plenamente en la historia humana arraigándose en el pueblo concreto de Israel. Pertenece con pleno derecho a la familia humana. Jesús, no sólo está profundamente enraizado en nuestra historia, sino que es el culmen de la historia humana.
  • Lo importante es que los nombres que aparecen no son los de una letanía de santos.
  • Después del destierro hay muy pocos que se distingan por sus valores humanos y religiosos hasta llegar a los dos últimos nombres, José y María. Los pensamientos de Dios no son los de los hombres. Dios va construyendo la historia de la salvación a partir personas concretas.
  • Pero el Mesías salvador nace por una intervención directa de Dios en la historia humana. Jesús no es un hombre cualquiera. El nacimiento virginal, por obra del Espíritu Santo, nos muestra esta acción de Dios como una segunda creación, que supera la descrita en el Génesis.
  • Jesús se arraiga en la humanidad al cabo de una historia marcada por el pecado, pero también por la esperanza. Todos somos solidarios de Cristo, primero por la carne y luego por la fe.
  • También la Navidad de cada año, la celebramos hombres y mujeres débiles, pecadores. Dios quiere conceder su gracia. Es una invitación a mirar a todos con ojos nuevos, sin menospreciar a nadie. Nadie está imposibilitado para recibir la salvación. Jesús viene a sanar a los enfermos y a salvar a los pecadores, no a felicitar a los sanos, a canonizar a los buenos. En esto se apoya nuestra confianza.
  • En cada Navidad, el Señor quiere darnos la oportunidad de rehacer nuestra vida, de tal forma que en adelante, nos podamos manifestar como hijos de Dios, llenos de amor, de perdón y de ternura, como Él se ha manifestado con nosotros.
  • Este tiempo de adviento es un tiempo para mirarnos, reconocernos, aceptarnos, para dejar que Dios nos ame y nos salve, en y desde la historia concreta de cada uno.

PARA DISCERNIR

  • ¿Acepto mi historia y mi presente?
  • ¿Puedo leer mi vida como una historia que vamos haciendo codo a codo con Dios?
  • ¿Tengo esperanza en las promesas de Dios?

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

Que te reconozca Jesús

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

…”Los largos y prodigiosos siglos que preceden al primer nacimiento no están vacíos de Cristo, sino penetrados por su potente influjo.

Es la agitación de su concepción la que mueve las masas cósmicas y dirige las primeras corrientes biosféricas. La preparación de su nacimiento es la que acelera el progreso del instinto y hace que el pensamiento desemboque en la tierra. No nos escandalicemos ingenuamente de la interminable espera que nos ha impuesto el Mesías.

Se requería nada menos que las espantosas y anónimas fatigas del hombre primitivo, la durable belleza egipcia, la espera inquieta de Israel, el perfume destilado del misticismo oriental, la sabiduría cien veces refinada de los griegos, para que del tronco de Jesé y de la humanidad germinase un retoño y pudiese abrirse la Flor.

Todas estas preparaciones eran cósmicamente, biológicamente necesarias para que Cristo entrase en la escena humana. Y toda esta agitación se movía por el desvelo activo y creador de su alma en cuanto que esta alma era elegida para animar al Universo.

Cuando Cristo aparece en brazos de María, en él se elevaba todo el mundo.

No, yo no me escandalizo de estas esperas interminables y de estos largos preparativos. Todavía lo contemplo en el corazón de los hombres de hoy, que, de luz en luz, caminan lentamente hacia aquel que es la luz. Caminan hacia esta Palabra que ha sido pronunciada, pero todavía no escuchada, algo así como el esplendor de las estrellas que emplean tantos años para llegar a nuestros ojos”…

P. Teilhard de Chardin, El medio divino.

PARA REZAR

Ven Señor Jesús

Ven Señor Jesús, hijo de Dios

que entraste en el mundo como uno de tantos,

que podamos en tu Iglesia mostrarte

como único salvador y redentor.

Ven Señor Jesús, a nuestra historia

de miseria y de pecado para que comprendiendo

tu amor redentor descubramos que cada momento

de nuestra existencia

forma parte de una historia de salvación.

Ven Señor Jesús, y danos tu sabiduría y dulzura

que nos permita trabajar en las cosas cotidianas

dejando una impronta de tu presencia.

Lectura del libro del profeta Jeremías      23, 5-8

Llegarán los días -oráculo del Señor- en que suscitaré para David un germen justo; él reinará como rey y será prudente, practicará la justicia y el derecho en el país. En sus días, Judá estará a salvo e Israel habitará seguro. Y se lo llamará con este nombre: «El Señor es nuestra justicia.»

Por eso, llegarán los días -oráculo del Señor- en que ya no se dirá: «Por la vida del Señor que hizo subir a los israelitas del país de Egipto», sino más bien: «Por la vida del Señor que hizo subir a los descendientes de la casa de Israel, y los hizo llegar del país del Norte y de todos los países adonde los había expulsado, para que habiten en su propio suelo.»

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 71, 1-2. 12-13. 18-19 (R.: cf. 7)

R.        Que en sus días florezca la justicia y abunde la paz eternamente.

Concede, Señor, tu justicia al rey

y tu rectitud al descendiente de reyes,

para que gobierne a tu pueblo con justicia

y a tus pobres con rectitud.  R.

Porque él librará al pobre que suplica

y al humilde que está desamparado.

Tendrá compasión del débil y del pobre,

y salvará la vida de los indigentes.  R.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

el único que hace maravillas.

Sea bendito eternamente su Nombre glorioso

y que su gloria llene toda la tierra.

¡Amén! ¡Amén!  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   1, 18-24

Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados.»

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.»

Al despertar, José hizo lo que el Ángel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • A pesar de las muchas infidelidades, sigue en pie el amor de Dios por su pueblo. Así como lo libró una vez de Egipto, en el primer éxodo, será grande la intervención de Dios liberándolo del destierro de Babilonia, y haciéndolos volver a Jerusalén. Con debilidades continuas por parte del pueblo, y con fidelidad admirable por parte de Dios, sigue adelante la historia de la salvación y el Señor reafirma su promesa.
  • Un nuevo rey, un vástago de la casa de David reinará como verdadero rey, será inteligente y prudente, practicará el derecho y la justicia en la tierra. Por eso se llamará «el Señor, nuestra justicia». De modo que, en la humanidad pecadora hay un «germen justo», un germen de Dios. En la dinastía de David, hay un germen de Mesías. Toda una tradición presentaba al Mesías como un descendiente de la familia de David.  María está comprometida con «José, descendiente de David».

***

  • Según las costumbres judías el matrimonio se celebraba en dos etapas: el contrato y luego la vida matrimonial. El contrato los constituía como matrimonio, sólo que la mujer seguía viviendo bajo la autoridad y en la casa de su padre. Entre estos dos momentos transcurría un tiempo, que podía durar hasta un año. El contrato podía hacerse desde que la joven tenía doce años; el intervalo daba tiempo a la maduración física de la esposa. La fidelidad que debía la desposada a su ma­rido, era la misma de una mujer casada, de modo que, la infidelidad se consideraba adulterio.
  • José y María están unidos por contrato, pero aún no vivían juntos. El desconcierto de José, es muy grande y comprensible al notar que María está embarazada sin haber convivido. La ley, ordenaba denunciar a la mujer que había sido infiel a su prometido y apedrearla frente a la casa de su padre.
  • José, ama demasiado a María como para buscar esa condena para ella; y por eso decide abandonarla en secreto. De ese modo, no habrá esposo que la denuncie y al creer que el hijo es de José, se evitarán habladurías.
  • La intervención de Dios se hace necesaria para que José participe y no quede fuera  del misterio de la Encarnación. El ángel disipa sus dudas, le anuncia el nacimiento y le encarga, como a padre legal, imponerle el nombre Jesús, que significa «Dios salva». Jesús hará lo que es propio del Mesías, restablecer la justicia: librar al hombre oprimido bajo el peso del pecado.
  • Así prepara Dios para su Hijo, un hogar en el mundo, padres que lo eduquen y lo protejan hasta que se valga por sí mismo, un nombre, unos antepasados que lo vinculan a las más queridas esperanzas de Israel. Un ambiente en el cual pueda crecer en la realización de su misión. La historia de Jesús, es la historia de una esperanza cumplida, que ya estaba presente en su pueblo, pero que se presenta con otras constantes: el silencio, la pobreza, la misericordia, la debilidad, la compasión. Creer en Jesucristo, como hijo de Dios, supone aceptar la presencia de Dios que está con nosotros, desde dentro de la historia humana.
  • La obediencia de José, nos enseña que a Dios hay que dejarlo ser Dios y no encasillarlo en las lógicas humanas. Dios rompe la medida de nuestros planteos y especulaciones. Aún es posible que Dios se revele y nos invite a ver las cosas de manera diferente.
  • En este Adviento, somos invitados para que con una disponibilidad y obediencia como las que tuvieron José y María, nos hagamos instrumentos del nacimiento de Cristo en muchas personas, para que experimenten la cercanía y ternura del Emmanuel, que es Dios con nosotros.

PARA DISCERNIR

  • ¿Cómo experimentamos a Jesús en nuestra vida?
  • ¿Dejamos que alguien nos revele el misterio de Jesús?
  • ¿De qué me tengo que dejar salvar?

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

Quiero testimoniar tu cercanía y ternura Señor

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

“Cuando José se despertó, hizo lo que el ángel del Señor le había mandado”

Al comienzo de su peregrinación en fe, la fe de María se encuentra con la fe de José. Si Isabel había dicho de la Madre del Redentor: “Dichosa tú que has creído” (Lc 1,45), en un cierto sentido se puede también atribuir esta bienaventuranza a José, porque él respondió afirmativamente a la Palabra del Señor cuando le fue anunciada en este momento decisivo. José, es cierto, no respondió al anuncio del ángel como María, pero él “hizo lo que el ángel le había dicho: llevársela como esposa”. Lo cual es pura “obediencia a la fe” (Rm 1,5).

Se puede decir que lo que hizo José le unió, de manera muy especial, a la fe de María; aceptó como una verdad venida de Dios lo que ella había aceptado ya en el momento de la Anunciación. El concilio Vaticano II dice: “Cuando Dios se revela el hombre tiene que someterse con la fe. Por la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece  el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela (Dei Verbum, 5). Esta frase, que toca a la esencia misma de la fe, se aplica perfectamente a José de Nazaret.

Así él llega a ser, de manera singular, el depositario del misterio “escondido desde los siglos en Dios” (Ef 3,9), de la misma manera que María lo es en este momento decisivo llamado por el apóstol Pablo “la plenitud de los tiempos”, cuando “Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer… para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos el ser hijos por adopción.” (Gal 4,4-5)… José es, con María, el primer depositario de este misterio divino… Teniendo ante los ojos el texto de los dos evangelistas Mateo y Lucas, se puede igualmente decir que José es el primero en participar de la fe de la Madre de Dios y que así sostiene a su esposa en la fe de la Anunciación divina; Dios lo puso el primero en el camino de la peregrinación en la fe de María… El camino personal de José, su peregrinación en la fe, se concluirá primero…; pero, el camino de la fe de José sigue la  misma dirección.

San Juan Pablo II (1920-2005) – Papa – Redemptoris custos

PARA REZAR

Ven Señor Jesús

Ven Señor Jesús,

para que podamos fortalecer

de tal manera nuestras palabras,

que se transformen

en acciones que nos tomen la vida.

Ven Señor Jesús,

para que la transparencia de tu vida

nos anime a transparentar,

sin miedo lo que hay en nosotros,

para que lo transfigures y lo redimas.

Ven Señor Jesús,

y dirige hacia nosotros tu palabra

para que podamos hacerla nuestra,

y desde nosotros,

sea de todos los que te buscan con sincero corazón,

para que los transfigures y los redimas.

Ven Señor Jesús,

para que sintamos el gozo de tu amor,

la certeza de tu paciencia inacabable

y la esperanza que nos da tu misericordia.

Lectura del libro de los Jueces      13, 2-7. 24-25a

Había un hombre de Sorá, del clan de los danitas, que se llamaba Manóaj. Su mujer era estéril y no tenía hijos.

El Ángel del Señor se apareció a la mujer y le dijo: «Tú eres estéril y no has tenido hijos, pero vas a concebir y a dar a luz un hijo. Ahora, deja de beber vino o cualquier bebida fermentada, y no comas nada impuro. Porque concebirás y darás a luz un hijo. La navaja nunca pasará por su cabeza, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno materno. El comenzará a salvar a Israel del poder de los filisteos.»

La mujer fue a decir a su marido: «Un hombre de Dios ha venido a verme. Su aspecto era tan imponente, que parecía un ángel de Dios. Yo no le pregunté de dónde era, ni él me dio a conocer su nombre. Pero me dijo: «Concebirás y darás a luz un hijo. En adelante, no bebas vino ni bebida fermentada, ni comas nada impuro, porque el niño estará consagrado a Dios desde el seno de su madre hasta el día de su muerte.»»

La mujer dio a luz un hijo y lo llamó Sansón. El niño creció y el Señor lo bendijo. Y el espíritu del Señor comenzó a actuar sobre él.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17 (R.: cf. 8ab)

R.        Mi boca proclama tu alabanza y anuncia tu gloria.

Sé para mí una roca protectora, Señor,

Tú que decidiste venir siempre en mi ayuda,

porque tú eres mi Roca y mi fortaleza.

Líbrame, Dios mío, de las manos del impío.  R.

Porque tú, Señor, eres mi esperanza

y mi seguridad desde mi juventud.

En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre;

desde el seno materno fuiste mi protector.  R.

Vendré a celebrar las proezas del Señor,

evocaré tu justicia, que es sólo tuya.

Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud,

y hasta hoy he narrado tus maravillas.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas   1, 5-25

En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón. Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada.

Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios, le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso. Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.

Entonces se le apareció el Ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo. Pero el Ángel le dijo: «No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan. El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento, porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre, y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios. Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto.»

Pero Zacarías dijo al Ángel: « ¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada.»

El Ángel le respondió: «Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia. Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo.»

Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario. Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. El se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.

Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa. Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses. Ella pensaba: «Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres.»

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • Muerto Josué, la situación de las tribus israelitas en la tierra prometida no fue siempre tranquila. Los filisteos acosaban mucho a las tribus del sur. Dios quiso suscitar a un hombre para que defienda a su pueblo frente a los filisteos. El ángel de Dios se aparece a la mujer de Manoaj, que era estéril, anunciándole un hijo. Este tendrá un don especial de Dios y tendrá que ser consagrado por el nazareato, llevar una vida de consagración que implicaba ciertas privaciones.
  • Dios escoge a una mujer estéril para ser madre del que será defensor de su pueblo. De este modo quiere mostrar su bondad y omnipotencia llevando a cabo su plan salvador a través de lo humanamente inservible.
  • El anuncio del nacimiento de Sansón tiene muchos puntos en común con otras anunciaciones del Antiguo y Nuevo Testamento, con la de Isaac, con la de Samuel, con la de Juan Bautista y hasta con la de Jesús. Todos son hijos «dados por Dios». En todas aparecen dos aspectos sobresalientes: el nacimiento del muchacho se debe a una decisión divina ya que su madre era estéril y que el muchacho que nacerá, consagrado a Dios, tendrá una misión importante dentro del pueblo escogido.

***

  • En el evangelio tenemos otra anunciación que se debe a la fuerza exclusiva de Dios: la de Juan el Bautista. También: Isabel, la madre, era estéril, y los dos, también Zacarías, el padre, eran de edad avanzada. La vocación de Juan Bautista «que será grande a los ojos del Señor», no surge por generación espontánea; está preparada en el corazón y la vida de sus padres, que «eran justos a los ojos de Dios».
  • La esterilidad en ambos relatos, es como un signo de ausencia de bendición; permiten demostrar como Dios interviene  maravillosamente en la historia.
  • La historia es el lugar desde el cual Dios actúa y salva, pero desde los pobres, desde lo que aparentemente o realmente se muestra como estéril, como incapaz de nada grande, como impotente de cualquier acción y decisión. Y es desde allí, justamente desde lo que no es, desde donde Dios actúa, crea, y salva.
  • Hoy también quiere salvarnos, pero necesita de nuestra humilde confianza y disponibilidad. Cuando Sansón se independizó de Dios, perdió su fuerza; sin embargo, el Bautista nunca se creyó el Salvador, sino sólo la voz que anuncia su cercanía.
  • Dios puede hacer brotar la salvación de un tronco seco o, de un matrimonio estéril. Cuando se asoma algún brote de nueva vida inesperada o no calculada, siempre aparece la incredulidad. La novedad suele casi siempre tener opositores.
  • Cuando Dios se compadece, sólo la fe puede descubrirlo y animarse a la acción de gracias, a la alabanza y al anuncio; mientras que la incredulidad, nos reduce al silencio en el cual todo pierde su nombre y valor.
  • Como Dios se fijó en aquella buena mujer israelita estéril y en aquel buen matrimonio de ancianos, y sus hijos fueron decisivos para la historia de Israel; así pone su mirada en nosotros y nos llama a ser sus colaboradores en la gracia salvadora, que en esta Navidad, quiere derramar sobre todos los hombres.
  • Descubramos aquello que ya creíamos seco, sin vida, y pidamos confiadamente que por la gracia del Señor que viene, se transformen en camino de salvación.

PARA DISCERNIR

  • ¿Hay cosas de mi vida en las que creo que ya se ha dicho la última palabra?
  • ¿Creo posible para Dios lo humanamente imposible para mí?
  • ¿Me abandono con confianza en las manos de Dios providente?

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

Que se haga en mí Señor tu voluntad

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

San José, modelo de escucha

…”El silencio de san José es un silencio impregnado de la contemplación del misterio de Dios, en una actitud de disponibilidad total a las voluntades divinas. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino por el contrario, una plenitud de fe que lleva en su corazón, y guía cada uno de sus pensamientos y cada una de sus acciones. Un silencio gracias al cual José, al unísono con María, conserva la Palabra de Dios, conocida a través de las Santas Escrituras, confrontándolas permanentemente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración continua, de bendición del Señor, de adoración de su voluntad y de confianza absoluta en su providencia.

¡Dejémonos «contaminar» por el silencio de san José! Tenemos necesidad de ello en un mundo a menudo tan ruidoso que no favorece en absoluto el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparación a la Navidad, cultivemos el recogimiento interior, para acoger y conservar a Jesús en nuestra vida”…
Papa Benedicto XVI

PARA REZAR

Ven Señor Jesús

Ven Señor Jesús,

regalanos tu palabra

y ayudanos a comprender como nuestra vida

es un proyecto de tu amor.

Ven Señor Jesús,

reanima nuestro corazón cansado y decepcionado

para que renazca,

a un renovado deseo de amor por todos los hombres.

Ven Señor Jesús,

para que la fe nos dé una mirada nueva

y podamos contar tus maravillas,

que transforman nuestras debilidades y pobrezas,

en caminos ciertos de salvación.

Lectura del libro del profeta Isaías           7, 10-14

Una vez más, el Señor habló a Ajaz en estos términos: «Pide para ti un signo de parte del Señor, en lo profundo del Abismo, o arriba, en las alturas.» Pero Ajaz respondió: «No lo pediré ni tentaré al Señor.»

Isaías dijo: «Escuchen, entonces, casa de David: ¿Acaso no les basta cansar a los hombres, que cansan también a mi Dios? Por eso el Señor mismo les dará un signo. Miren, la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y lo llamará con el nombre de Emmanuel.»

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 23, 1-2. 3-4ab. 5-6 (R.: cf. 7c y 10b)

R.        Va a entrar el Señor, el Rey de la gloria.

Del Señor es la tierra y todo lo que hay en ella,

el mundo y todos sus habitantes,

porque Él la fundó sobre los mares,

él la afirmó sobre las corrientes del océano.  R.

¿Quién podrá subir a la Montaña del Señor

y permanecer en su recinto sagrado?

El que tiene las manos limpias y puro el corazón;

el que no rinde culto a los ídolos.  R.

El recibirá la bendición del Señor,

la recompensa de Dios, su salvador.

Así son los que buscan al Señor,

los que buscan tu rostro, Dios de Jacob.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas   1, 26-38

En el sexto mes, el Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.

El Ángel entró en su casa y la saludó diciendo: « ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.

Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.»

María dijo al Ángel: « ¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?»

El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios. También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes, porque no hay nada imposible para Dios.»

María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho.»

Y el Ángel se alejó.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • El rey Acaz, cercado por el rey de Damasco y el rey de Samaria, está a punto de ofrecer en sacrificio a su propio hijo. Isaías va a verlo y le pide que no tema: si guarda su “fe” en Dios, su descendencia está asegurada. Dios mismo se propone intervenir: un «hijo» le es anunciado, un nuevo heredero del trono de David. Ese hijo prometido por Dios será Ezequías, el rey piadoso que reinará en Jerusalén. Detrás de ese contexto histórico se presenta la profecía del Mesías. La importancia de este oráculo, el nombre que se le dará al niño: “Dios-con-nosotros”… el modo como llama a su madre, la “virgen” remiten a un signo que sólo puede provenir de Dios.

***

  • Hoy, desde el evangelio de Lucas, interpretamos el pasaje del profeta con la convicción de que la virgen es María de Nazaret, y su hijo el Mesías, Cristo Jesús.  Así se lo anuncia el ángel Gabriel, en este diálogo que además de ser la experiencia religiosa más trascendental en la vida de la Santísima Virgen, es  el símbolo del diálogo de Dios con la humanidad. Dios pronuncia su “sí” esperanzado, y la humanidad, representada en María, responde con su “sí” confiado. Del encuentro de esta esperanza con la confianza, de estas dos afirmaciones brota, por obra del Espíritu, Jesús el Salvador, el verdadero Dios-con-nosotros.
  • El sí de María no fue una respuesta pasiva o romántica, sino, muy por el contrario fue una experiencia audaz que se apoyó en la fidelidad de Dios. La mujer, en ese tiempo no tenía acceso a la Palabra escrita de la ley, o de los Profetas, por su sí,  María lleva ahora en su vientre, a la misma Palabra de Dios hecha carne.  La mujer, que no podía conversar con otro hombre que no fuera su marido, ahora por María, es capaz  de entrar en diálogo personal con Dios. La mujer, que vivía dependiente de las decisiones de su familia, ahora opta por quedar embarazada milagrosamente desafiando las costumbres y la condenación social.
  • Por eso María se nos presenta como el modelo más acabado de todos los que a lo largo de los siglos, habían dicho “sí” a Dios, en la historia del pueblo de la Alianza, y sobre todo, de los que a partir de ella, han creído en Cristo Jesús y lo han seguido.
  • El sí de María, se ha continuado a lo largo de los siglos en la comunidad de Jesús, y así, se ha ido encarnando continuamente, la salvación de Dios en cada momento de la historia, con la presencia siempre viva del Mesías Resucitado, que nos comunica por su Espíritu, la vida de Dios.
  • Nuestra fe es también un “sí” a Dios, un “hágase en mí según tu palabra”. Cada uno de nosotros, hoy, escucha el mismo anuncio del ángel y es invitado a contestar que sí, a recibir a Dios en la propia  vida. Dios está dispuesto a que en cada uno de nosotros se encarne de nuevo su amor salvador. Él es Dios-con-nosotros que abre nuestra existencia a la esperanza, porque además, quiere ser Dios-en-nosotros. Dios en Jesús se nos da Él mismo, Él mismo es la respuesta a todo lo que podamos desear, nos está invitando a la comunión de vida con Él y nos hace hijos suyos.
  • Ella dijo “Sí” y engendró físicamente al Hijo de Dios, al que ya había concebido desde la fe. Ese Dios que un día creció en el seno de María, también puede crecer hoy en nuestras vidas, si por la fe creemos, y si en la esperanza damos sentido a todo lo que hacemos y vivimos.

PARA DISCERNIR

  • ¿Qué “si” necesito dar para que el Señor se encarne en mi vida y mi ambiente?
  • ¿Cuál es mi experiencia de encuentro con la palabra?
  • ¿En dónde descubro que el Señor me llama a hacerlo presente?

REPITAMOS Y VIVAMOS HOY LA PALABRA

Quiero decir que “sí” como vos María

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

«Hágase en mí según tu palabra»

…”Hágase en mí por el Verbo según tu palabra. Hágase carne de mi carne según tu palabra, el Verbo que ya existía desde el principio en Dios.

No sea una palabra proferida, porque pasa; sino concebida, para que permanezca. Revestida, pero no de aire, sino de carne. Hágase en mí tu palabra, no sólo por que pueda escucharla con los oídos, sino tocarla con mis manos, contemplarla con los ojos y llevarla a cuestas.

No se haga en mí la palabra escrita y muda, sino encarnada y viva. No trazada con caracteres sin voz sobre pergaminos resecos, sino impresa vivamente en forma humana en mis castas entrañas; no por los rasgos de una pluma, sino por obra del Espíritu Santo.

En múltiples ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Nos dicen las Escrituras que unos escucharon la Palabra, otros la proclamaron y otros la cumplieron, pero yo te pido que se haga en mi vientre según tu Palabra. No quiero una palabra que predique o que declame. Quiero una Palabra que se dé silenciosamente. Hágase que se encame personalmente y descienda a mí corporalmente. Hágase universalmente para todo el mundo y en particular hágase para mí según tu palabra”…

San Bernardo. En alabanza de la Virgen Madre.

PARA REZAR

Ven Señor Jesús

Ven Señor Jesús,

dame silencio,

capacidad de escucha y apertura de corazón,

para que tu palabra resuene en mí.

Ven Señor Jesús,

que tu palabra,

se haga carne de mi carne, 

razón en mis pensamientos,

color de mis sentimientos.

Ven Señor Jesús,

para que se haga en mí tu Palabra

y pueda escucharla con los oídos del alma,

tocarla con mis manos en el dolor de los demás,

contemplarla con los ojos del asombro,

y vivirla con fidelidad cotidiana.