PRIMERA LECTURA

Lectura del primer libro de los Reyes      19, 9. 11-13a

Habiendo llegado Elías a la montaña de Dios, el Horeb, entró en la gruta y pasó la noche. Allí le fue dirigida la palabra del Señor. El Señor le dijo: «Sal y quédate de pie en la montaña, delante del Señor.»

Y en ese momento el Señor pasaba. Sopló un viento huracanado que partía las montañas y resquebrajaba las rocas delante del Señor. Pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, hubo un terremoto. Pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, se encendió un fuego. Pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó el rumor de una brisa suave. Al oírla, Elías se cubrió el rostro con su manto, salió y se quedó de pie a la entrada de la gruta.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 84, 9ab y 10. 11-12. 13-14 (R.: 8)

R.        Manifiéstanos, Señor, tu misericordia, y danos tu salvación.

Voy a proclamar lo que dice el Señor:

el Señor promete la paz,

la paz para su pueblo y sus amigos.

Su salvación está muy cerca de sus fieles,

y la Gloria habitará en nuestra tierra.  R.

El Amor y la Verdad se encontrarán,

la Justicia y la Paz se abrazarán;

la Verdad brotará de la tierra

y la Justicia mirará desde el cielo.  R.

El mismo Señor nos dará sus bienes

y nuestra tierra producirá sus frutos.

La Justicia irá delante de él,

y la Paz, sobre la huella de sus pasos.  R.

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Roma    9, 1-5

Hermanos:

Digo la verdad en Cristo, no miento, y mi conciencia me lo atestigua en el Espíritu Santo. Siento una gran tristeza y un dolor constante en mi corazón. Yo mismo desearía ser maldito, separado de Cristo, en favor de mis hermanos, los de mi propia raza.

Ellos son israelitas: a ellos pertenecen la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto y las promesas. A ellos pertenecen también los patriarcas, y de ellos desciende Cristo según su condición humana, el cual está por encima de todo, Dios bendito eternamente. Amén.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   14, 22-33

Después que se sació la multitud, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. «Es un fantasma,» dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: «Tranquilícense, soy yo; no teman.»

Entonces Pedro le respondió: «Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua.»

«Ven,» le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: «Señor, sálvame.» En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?»

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: «Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios.»

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • Jezabel, mujer del rey, en estrecha colaboración con los cultos cananeos y con los sacerdotes de los Baales es la causa de que el pueblo abandone a Dios.
  • Elías lucha contra los sacerdotes de Baal que perecerán en sus manos, lo que le ha valido la persecución por parte de la reina Jezabel. Elías sale en busca de Yahvé, hacia Horeb, la montaña del Sinaí, allí donde, según las tribus del Norte, Dios está más presente que en el monte de Sión.
  • Si el huracán, el terremoto y el fuego abrasador fueron señales de la presencia de Yahvé en el Sinaí cuando fue la promulgación de la ley, ahora Yahvé se revela al profeta Elías en el susurro de una brisa.
  • Allí experimenta la presencia de Dios y escucha su palabra, que le confirma su misión: Elías no puede abandonar la lucha, debe continuar la pelea.

***

  • El mayor de los privilegios que Israel ha recibido históricamente es la persona misma de Jesús. Sin embargo, esto tampoco ha sido suficiente ya que ver en Jesús a Dios Salvador es una cuestión de fe en la promesa.
  • Los versículos que se leen hoy, reflejan todo el dolor que san Pablo siente por su propia nación y comparte su proceso que va de la desolación, porque su pueblo rechaza el misterio de Cristo, a la esperanza; y de la esperanza a la certeza de la salvación.
  • Lo mismo que Moisés, Pablo desea ser reprobado si eso puede ayudar al pueblo, a desarrollar los múltiples privilegios recibidos.

***

  • Los que salieron a escuchar la palabra de Jesús en el desierto comieron hasta saciarse pan y peces. Esperaban a un Mesías que fuera rey de Israel, pero Jesús, cuando el pueblo quiere proclamarlo rey, se aleja y se retira Él solo al monte para orar.
  • Antes, obliga a sus discípulos a embarcarse, quiere ale­jarlos del escenario de la señal mesiánica y del contacto con la multitud, de modo que no cedan a la tentación de ver en Él, un Mesías de poder. Jesús se sabe servidor del Reino, por eso se retira a hacer oración para estrechar vínculos con el Padre, ahondar en su voluntad y fortalecer su confianza en la obra que le ha asignado.
  • Mientras tanto, los discípulos en la barca sufren las embestidas del viento tormentoso. «La barca» de los discípulos es figura de la comunidad. Después de calmar el hambre de la multitud que lo seguía, Jesús los ha enviado «a la otra orilla», a país pagano donde antes habían ido con Él. El “pan debe partirse y repartirse” con todos los pueblos, del mismo modo que se ha hecho en país judío. Sin embargo, «el viento» contrario, les impide llevar a cabo el encargo de Jesús, encargo que los alejaría del lugar don­de está la esperanza de que Jesús triunfe convirtiéndose en el líder de la multitud. Ven en el reparto de los panes, una extraordinaria manifestación de poder, exclusiva de Jesús, y no el efecto de la entrega personal de Jesús, que quiere que la salvación de Dios llegue a todos los hombres.
  • Durante la madrugada, en medio de la tormenta, ante los discípulos llenos de temor, Jesús aparece y se da a conocer. La palabra «¡Ánimo!» disipa el te­mor provocado por la aparición. La invitación a no tener miedo está sostenida por sus palabras: «Soy yo», fórmula de identifica­ción con la que Dios se revelaba en el Antiguo Testamento.
  • Pedro se deja fascinar por el atractivo de caminar sobre las aguas y provoca a Jesús, quiere participar de su mismo poder y hasta de su misión; sale de la barca con gran decisión, muy seguro de sí mismo, desafiando a todo y a todos.
  • Pedro «ve» el efecto del viento sobre el agua, y siente miedo, duda y se hunde. Su fragilidad se pone en evidencia nublando todas sus seguridades: mantenerse en pie en el camino hacia Jesús no es fruto del entusiasmo, sino de la fe.
  • Pedro es modelo de todo discípulo creyente, en su constante oscilar entre la fe en Jesús, el miedo, la duda y los falsos apoyos.
  • La única seguridad de la fe es correr el riesgo de caminar, fiados tan sólo en la palabra de Dios, que nos da la clave para comprender el proyecto de Dios sobre un mundo, y una historia que se nos presenta muchas veces incierta y desconcertante.

PARA DISCERNIR

  • ¿Cuáles son mis apoyos en el camino de mi fe?
  • ¿Cómo es el Jesús en el  que creo?
  • ¿Experimento la fe como una ventaja frente a los demás?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

No temas yo estoy contigo

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

…”Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas. Si eres tú, mándame (Mt 14,28): porque no puedo hacerlo por mí, sino por ti. Reconoció lo que era de por sí y lo que era por aquel por cuya voluntad creía poder lo que no podría ninguna debilidad humana. Por eso, si eres tú, mándame, pues nada más mandarlo, se hará; lo que no puedo yo presumiendo, lo puedes tú mandando. Y el Señor le dijo: Ven. Y bajo la palabra del que le mandaba, bajo la presencia de quien le sostenía, bajo la presencia de quien disponía, Pedro sin vacilar y sin demora, saltó al agua y comenzó a caminar. Pudo lo mismo que el Señor, no por sí, sino por el Señor. Porque en otro tiempo, fuisteis tinieblas, mas ahora sois luz, pero en el Señor (Ef. 5,8). Lo que nadie puede hacer en Pablo o en Pedro, o en cualquier otro de los apóstoles, puede hacerlo en el Señor. Por eso Pablo, rebajándose útilmente, exalta al Señor diciendo muy bien: ¿Acaso ha sido crucificado Pablo por vosotros ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo? (1 Cor 1,13). No, pues, en mí, sino conmigo; no bajo mi poder, sino bajo el suyo.

Pedro caminó sobre las aguas por mandato del Señor, sabiendo que por sí mismo no podía hacerlo. Por la fe pudo lo que la debilidad humana no hubiera podido. Éstos son los fuertes en la Iglesia. Atended, escuchad, entended, obrad. Porque no hay que tratar aquí con los fuertes para que sean débiles, sino con los débiles para que sean fuertes. A muchos les impide ser firmes su presunción de firmeza. Nadie logra la firmeza de manos de Dios, sino quien reconoce en sí mismo la flaqueza: El Señor derrama lluvia voluntaria en su heredad. ¿Por qué os adelantáis los que sabéis lo que voy a decir? Templad la velocidad para que nos sigan los más lentos. Esto dije y esto digo: Nadie logra de Dios la firmeza, si no reconoce en sí mismo la flaqueza…

Así dice Pedro: Mándame ir a ti sobre las aguas (Mt 14,28). Me atrevo, a pesar de ser hombre, pero no lo suplico a un hombre. Mándelo el Dios hombre, para que pueda lo que no puede el hombre. Dijo: Ven. Descendió y comenzó a caminar sobre las aguas. Pedro lo pudo, porque lo mandaba la Piedra. Eso es lo que podía Pedro en el Señor. ¿Qué podía en sí mismo? Sintiendo un viento fuerte, temió y comenzó a hundirse y exclamó: Señor, líbrame, que perezco! (Mc 14,30). Presumió del Señor y pudo por el Señor; pero titubeó como hombre y se volvió al Señor. Si decía: «Se ha movido mi pie»… ¿Por qué se ha movido, sino porque es mío? ¿Y qué sigue? Tú misericordia, Señor, me ayudaba (Sal 93,18). No mi poder, sino tu misericordia. ¿Acaso el Señor abandonó al que titubeaba, si le oyó cuando llamaba? ¿Dónde queda aquello: Quién invocó al Señor, y fue abandonado por él? Y aquello: Todo el que invocare el nombre del Señor será salvo (JI 2,32). Concediendo al momento el auxilio de su diestra, alzó al que se hundía y reprendió al que desconfiaba: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste? (Mt 14;31). Presumiste de mí y dudaste de mí”…

San Agustín. Sermón 76,5-9

PARA REZAR

Dios y Padre nuestro

que conoces nuestra poca fe

te pedimos que no desfallezca nuestra esperanza,

que tu Espíritu renueve

nuestro ardor, que se agota buscando

otras riquezas  y otros caminos.

Que tu palabra, sembrada en nuestro corazones,

crezca y dé fruto,

y así transforme nuestro mundo

y lo haga adelanto del reino definitivo.

Nos confías el cuerpo y la sangre de tu Hijo,

que son anticipo del Reino definitivo;

Ellos son fruto de nuestra tierra y de nuestro trabajo,

y son ya las primicias de los tiempos nuevos.

Que sean también, para nuestro gozo,

el alimento y la fuerza para el camino

que nos conduce

a tu encuentro.

Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo

a los Corintios            9,6-10

Hermanos:

Sepan que el que siembra mezquinamente, tendrá una cosecha muy pobre; en cambio, el que siembra con generosidad, cosechará abundantemente.

Que cada uno dé conforme a lo que ha resuelto en su corazón, no de mala gana o por la fuerza, porque Dios ama al que da con alegría.

Por otra parte, Dios tiene poder para colmarlos de todos sus dones, a fin de que siempre tengan lo que les hace falta, y aún les sobre para hacer toda clase de buenas obras.

Como dice la Escritura: El justo ha prodigado sus bienes: dio a los pobres y su justicia permanece eternamente.

El que da al agricultor la semilla y el pan que lo alimenta, también les dará a ustedes la semilla en abundancia, y hará crecer los frutos de su justicia.

Palabra de Dios

SALMO          Sal 112(111) ,1-2.5-6.7-8.9.

R.        Feliz el hombre que siempre camina en la ley de Dios.

Feliz el hombre que teme al Señor

y se complace en sus mandamientos.

Su descendencia será fuerte en la tierra:

la posteridad de los justos es bendecida. R.

Dichoso el que se compadece y da prestado,

y administra sus negocios con rectitud.

El justo no vacilará jamás,

su recuerdo permanecerá para siempre. R.

No tendrá que temer malas noticias:

su corazón está firme, confiado en el Señor.

Su ánimo está seguro, y no temerá,

hasta que vea la derrota de sus enemigos. R.

El da abundantemente a los pobres:

su generosidad permanecerá para siempre,

y alzará su frente con dignidad. R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según San Juan 12,24-26

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto.

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.

El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • En la metáfora del grano de trigo que muere en la tierra, la muerte, es la condición para que se libere toda la energía vital que la semilla contiene, y la vida allí encerrada, se manifieste plenamente. Con esta metáfora, Jesús afirma que el hombre no produce vida sin dar la propia. Amar es darse sin escatimar, hasta desaparecer, si es necesario.
  • Solamente el don total libera las capacidades del hombre. La vida es fruto del amor y no brota si el amor no es pleno, si no llega al don total.
  • Jesús va a entregarse por los demás, es solidario con los necesitados y por ellos ha aceptado la muerte y prevé ya el fruto. Dar la propia vida es condición para la fecundidad, es la suprema medida del amor. Tal decisión no es una pérdida para el hombre, sino una máxima ganancia; no significa frustrar la propia vida, sino llevarla a su completo éxito. «El que se ama a sí mismo pierde su vida, pero el que ofrece su vida por los demás la salvará».
  • La fecundidad viene del amor verdadero, que Dios ha infundido en nuestros corazones. El verdadero discípulo de Jesús debe seguirlo a Él hacia su glorificación en Dios, sabiendo que, sin miedo a los riesgos, sin miedo a las amenazas de quienes quieran silenciar al enviado de Dios, debe incluso afrontar la propia muerte como un signo de amor fecundo; que haga brotar en uno mismo y en los demás, la vida eterna.
  • El que ofrece su vida por los demás: ama de verdad, se olvida del propio interés y seguridad, lucha por la vida, la dignidad y la libertad, en medio de una sociedad donde reina la muerte.

PARA DISCERNIR

  • ¿A qué conversión en mi amor, en mi entrega, en mi fecundidad me invita esta palabra?
  • ¿Qué miedos son obstáculo para mi vida de discípulo/a?
  • ¿Me fío del Señor como el único capaz de colmar mi plenitud?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Que sea generoso y alegre Señor

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Si muere, da mucho fruto

…”Cuando san Lorenzo vio que llevaban al obispo Sixto al martirio, se puso a llorar. No fue el sufrimiento de su obispo lo que le hizo derramar lágrimas sino el hecho de que fuera al martirio sin él. Por eso lo interpeló con estas palabras: « ¿Dónde vas, Pedro, sin tu hijo? ¿Hacia dónde te apresuras a ir sin tu diácono? ¡Tú tenías la costumbre de jamás ofrecer el sacrificio sin ministro!… Da, pues, prueba de que has escogido a un buen diácono: aquél a quien has encomendado el ministerio de la sangre del Señor, aquél con quien compartes los sacramentos ¿rechazarás comulgar con él el sacrifico de la sangre?»…

El papa Sixto respondió a Lorenzo: «No es verdad que me olvido de ti, hijo mío, ni te abandono, sino que te dejó para que sostengas más grandes combates. Soy viejo y no puedo sostener más que una ligera lucha, pero tú eres joven y te queda mantener un triunfo mucho más grande y glorioso contra el tirano. Muy pronto vendrás, seca tus lágrimas. Dentro de tres días, tú me seguirás…»

Tres días después Lorenzo fue arrestado. Se le pide que traiga los bienes y los tesoros de la Iglesia. Y promete obedecer. Al día siguiente lleva consigo a los pobres. Le preguntan dónde están los tesoros que debía llevarles. Les enseña los pobres diciendo: «Aquí tenéis los tesoros de la Iglesia. ¿Qué mejores tesoros tendría Cristo sino aquellos de quien dijo: ‘Lo que hagáis a uno de estos pequeños, me lo hacéis a mí’?» (Mt 25,40). Lorenzo mostró estos tesoros y venció porque el perseguidor no tenía ningún deseo de quitárselos. Pero, furioso, lo hizo quemar vivo”…

San Ambrosio (hacia 340-397) obispo de Milán y doctor de la Iglesia – de los Oficios de los ministros I, 84; II, 28; PL 16,84

PARA REZAR

Padre, me abandono en tus manos

haz de mí lo que quieras.
Hagas lo que hagas, te lo agradezco.
Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo.
Hágase tu voluntad en mí
y en todas las criaturas.
Esto es todo lo que quiero, Señor.
En tus manos, Señor, encomiendo mi alma.
Te lo agradezco con todo el amor de mi corazón
porque te quiero, Señor.
No puedo menos de ofrecerme a mí mismo,
de entregarme en tus manos,
sin reservas y con ilimitada confianza,
porque tú eres mi Padre.

Carlos de Foucauld

Oremos

Dios nuestro, que inflamaste con el fuego de tu amor a San Lorenzo, para que brillara por la fidelidad a su servicio diaconal y por la gloria de un heroico martirio, haz que nosotros te amemos siempre como él te amó y practiquemos lo que él enseñó. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.

Lectura de la profecía de Ezequiel            2, 8-3, 4

Así habla el Señor:

Tú, hijo de hombre, escucha lo que te voy a decir; no seas rebelde como ese pueblo rebelde: abre tu boca y come lo que te daré.

Yo miré y vi una mano extendida hacia mí, y en ella había un libro enrollado. Lo desplegó delante de mí, y estaba escrito de los dos lados; en él había cantos fúnebres, gemidos y lamentos.

El me dijo: Hijo de hombre, come lo que tienes delante: como este rollo, y ve a hablar a los israelitas. Yo abrí mi boca y él me hizo comer ese rollo.

Después me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre y llena tus entrañas con este libro que yo te doy. Yo lo comí y era en mi boca dulce como la miel.

El me dijo: Hijo de hombre, dirígete a los israelitas y comunícales mis palabras.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 118, 14. 24. 72. 103. 111. 131 (R.: 103a)

R.        ¡Señor, qué dulce es tu palabra para mi boca!

Me alegro de cumplir tus prescripciones,

más que de todas las riquezas.  R.

Porque tus prescripciones son todo mi deleite,

y tus preceptos, mis consejeros.  R.

Para mí vale más la ley de tus labios

que todo el oro y la plata.  R.

¡Qué dulce es tu palabra para mi boca,

es más dulce que la miel!  R.

Tus prescripciones son mi herencia para siempre,

porque alegran mi corazón.  R.

Abro mi boca y aspiro hondamente,

porque anhelo tus mandamientos.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   18, 1-5. 10. 12-14

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: «¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?»

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.

Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron. De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • A continuación de la teofanía, Ezequiel recibe su vocación profética. Del mismo modo que con otros grandes profetas, su vocación está señalada por signos y  gestos simbólicos.
  • Ezequiel vive en una época ya marcada por la civilización escrita, por eso lo que el profeta recibe de parte de Dios no es la Palabra, sino un libro; ese es el motivo del gesto simbólico que le hizo realizar Dios, «comer» el rollo de su Palabra, antes de predicarla a los demás. Ezequiel era un desterrado en medio de su pueblo. La Palabra que tenía que anunciar, no era una Palabra fácil, ni agradable, pero no podía dejar de decirla, porque era como fuego devorador dentro de su ser.
  • Dios lo llama a hacerse solidario de ella; para que pueda hacer de mediador y,  transmitir al pueblo la voz de Dios y, a Dios la oración de su pueblo.
  • El profeta tendrá que transmitir la Palabra de Dios, y como todo profeta, él es un hombre, enviado a una misión, que lo sobrepasa. No habrá palabra de Dios sino allí donde se dé, al mismo tiempo la palabra del hombre.
  • Por eso su palabra humana tendrá un alcance divino; la primera obligación del profeta será asimilar y hacer suyo el mensaje, antes de pronunciarlo, ha de interiorizarlo. Lo que él ha de decir al pueblo no han de ser sólo palabras oídas, sino recibidas en el corazón.
  • Asimilado el pensamiento de Dios podrá luego ser su portavoz.

***

  • Los discípulos, todavía inmaduros y sin penetrar a fondo en el sentir de Jesús, aspiraban a ser hombres de prestigio a la sombra del Maestro. Tienen la humana preocupación del lugar que ocupan en la comunidad y se lo preguntan a Jesús.
  • La respuesta de Jesús es realmente desconcertante. Llama a un niño y lo pone como medida y modelo a seguir. Igual que los extranjeros, los enfermos y las mujeres, los niños carecían también de valor en el mundo antiguo. Su simplicidad e impotencia ante la vida, eran despreciadas en la mentalidad de la cultura antigua. Solo los varones adultos tenían algún valor.
  • Jesús, sin embargo, aprovecha ese significado de la niñez en aquella cultura, para enseñar la condición fundamental del discípulo. El niño que pone en medio puede ser un joven de los que habitualmente había en las casas haciendo los trabajos más domésticos. Al colocarlo en medio, lo hace Jesús centro de atención y modelo para los discípulos, echando por tierra que el más importante, no va a ser el que más sabe ni el más dotado de cualidades humanas. El más importante es aquel que se hace niño. 
  • Lo que Jesús alaba de un niño es su pequeñez, su indefensión, su actitud de apertura, su necesidad de los demás. Y, en los tiempos de Cristo, también su condición de marginado en la sociedad. Por lo tanto, hacerse como niños es cambiar de actitud, convertirse, ser sencillos de corazón, abiertos, sin vueltas ni cálculos fríos, convencidos de que no podemos nada por nuestras solas fuerzas y necesitamos de Dios y de los demás.
  • La disposición al servicio debe acompañar al discípulo en la misión; llevando de este modo con él, la presencia de Jesús.
  • Teniendo claro quién es el mayor, Mateo, presenta la actitud que debe tener la comunidad con los «pequeños», mediante la imagen de los pastores que abandonan el cuidado del rebaño para ir a buscar la oveja que se extravió. Con este relato sacado de la vida diaria de sus oyentes, muestra hasta dónde llega la misericordia de Dios y hasta dónde debe llegar la preocupación de la comunidad por cada uno de sus miembros, especialmente por los más pequeños o débiles.
  • A la actitud de los fariseos, Jesús opone la alegría de Dios, que prefiere la conversión del pecador, a la satisfacción de los justos estancados en sus hábitos adquiridos. Dios no espera el arrepentimiento para amar al pecador, sino que lo deja todo para ir en su búsqueda.
  • Jesús mismo es, fiel al deseo del Padre y, lleva hasta las últimas consecuencias la búsqueda del pecador. La misericordia es la que llama al pecador a la conversión y la que lo restaura para que pueda vivir en la libertad de los hijos de Dios.
  • Todo lo que se hace por el menor, por el más pequeño, es a Cristo a quien se hace.

PARA DISCERNIR

  • ¿Qué imagen tengo del discípulo?
  • ¿Quiénes son los más importantes para mí?
  • ¿Qué actitud tengo con los errados?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Hazme pequeño como un niño, Señor

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

Vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños

…”Ven, Señor Jesús, busca a tu siervo; busca a tu oveja fatigada; ven, pastor… Mientras tú te retrasas por los montes, tu oveja va errante: deja, pues, a las noventa y nueve restantes, que son tuyas y ven a buscar a la única que se ha perdido. Ven sin hacerte ayudar, sin hacerte anunciar; ahora es a ti a quien espero. No cojas tu látigo, coge tu amor; ven con la suavidad de tu Espíritu. No dudes en dejar en los montes a estas noventa y nueve ovejas que ya son tuyas; sobre las cumbres en que las has puesto, los lobos no tienen acceso a ellas… Ven a mí, que me extraviado quedando lejos de los rebaños de allá arriba, porque también a mí me habías colocado con ellas, pero los lobos de la noche me han hecho abandonar tus apriscos.

¡Búscame, Señor, puesto que mi oración te busca! ¡Búscame, encuéntrame, levántame, llévame!  Al que tú buscas, puedes encontrarlo, al que encuentras, dígnate levantarlo, al que levantas, póntelo sobre tus hombros. Esta carga de tu amor, jamás te es cargosa, y sin cansarte te haces el pagador de la justicia. Ven, pues, Señor, porque es verdad que me extravío, «no he olvidado tu palabra» (Sl 118,16), y sé que seré curado. Ven, Señor, tú eres todavía el único capaz de llamar a tu oveja perdida, y a las otras que vas a dejar, no les causarás ningún dolor; también ellas estarán contentas de ver como regresa el pecador. Ven, y habrá salvación en la tierra y gozo en el cielo (Lc 15,7).

No mandes a tus pequeños servidores, no mandes mercenarios, ven tú mismo a buscar a tu oveja. Levántame en esta misma carne en que cayó Adán. Por tu gesto reconoce en mí, no al hijo de Eva sino al hijo de María, virgen pura, virgen por gracia, sin ninguna sospecha de pecado; después, llévame hasta tu cruz, ella es la salvación de los extraviados, el solo descanso de los cansados, la única vida de los que mueren”…

San Ambrosio (hacia 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia

Comentario al salmo 118, 22, 27-30; CSEL 62, 502-504 

PARA REZAR

Señor

luz para mis pobres ojos,
luz que ilumina por dentro,
luz que señala el sendero,
luz que da color a las cosas,
luz que despeja horizontes,
luz que rodea los montes,
luz que clarifica mi mente,
luz que desvanece las tinieblas,
luz que eres Dios, horno ardiente,
luz, siempre luz, plena luz.
Luz total, luz incandescente,
Luz de Luz, toda la luz.
Toda está en Ti,
envuelve en Ti, penetra en Ti,
y nos la das para que vivamos en Ella.
Carmen Cerezo

Lectura de la profecía de Ezequiel            9, 1-7; 10, 18-22

Oí al Señor llamar en voz alta: Acérquense, verdugos de la ciudad, empuñando cada uno su arma mortal.» Entonces aparecieron seis hombres por el camino de la puerta de arriba, la que da al norte, empuñando mazas. En medio de ellos, un hombre vestido de lino, con los avíos de escribano a la cintura. Al llegar, se detuvieron junto al altar de bronce.

La gloria del Dios de Israel se había levantado del querubín en que se apoyaba, yendo a ponerse en el umbral del templo.

Llamó al hombre vestido de lino, con los avíos de escribano a la cintura, y le dijo el Señor: Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén y marca en la frente a los que se lamentan afligidos por las abominaciones que en ella se cometen.»

A los otros les dijo en mi presencia: «Recorran la ciudad detrás de él, hiriendo sin compasión y sin piedad. A viejos, mozos y muchachas, a niños y mujeres, mátenlos, acaben con ellos; pero a ninguno de los marcados lo toquen. Empiecen por mi santuario.» Y empezaron por los ancianos que estaban frente al templo. Luego les dijo: Profanen el templo, llenando sus atrios de cadáveres, y salgan a matar por la ciudad.»

Luego la gloria del Señor salió, levantándose del umbral del templo, y se colocó sobre los querubines. Vi a los querubines levantar las alas, remontarse del suelo, sin separarse de las ruedas, y salir. Y se detuvieron junto a la puerta oriental de la casa del Señor; mientras tanto, la gloria del Dios de Israel sobresalía por encima de ellos.

Eran los seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel a orillas del río Quebar, y me di cuenta de que eran querubines. Tenían cuatro rostros y cuatro alas cada uno, y una especie de brazos humanos debajo de las alas, y su fisonomía era la de los rostros que yo había contemplado a orillas del río Quebar. Caminaban de frente.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 112, 1-6

R.        La gloria del Señor se eleva sobre el cielo

Alaben, siervos del Señor,

alaben el nombre del Señor.

Bendito sea el nombre del Señor,

ahora y por siempre. R.

De la salida del sol hasta su ocaso,

alabado sea el nombre del Señor.

El Señor se eleva sobre todos los pueblos,

su gloria sobre el cielo. R.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,

que se eleva en su trono

y se abaja para mirar

al cielo y a la tierra? R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   18, 15-20

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

«Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano. Les aseguro que todo lo que aten en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo. Les aseguro, además, que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • En la  visión de hoy un personaje misterioso vestido de lino marca en la frente a los que «gimen y lloran por las abominaciones que se cometen en la ciudad», o sea, a los que han resistido a la tentación de la idolatría y son fieles a la Alianza con Dios. Los que llevan esa marca se salvan.
  • También, en la visión,  el profeta ve cómo la Gloria del Señor abandonó el umbral del templo posándose sobre los querubines y se dirige, con los deportados, hacia el Norte. Es un detalle simbólico que deja lugar a la esperanza.
  • Dios abandona el templo de Jerusalén para ir a habitar en tierra extranjera, a reunirse con los deportados a orillas del río de Babilonia. El Señor no está ligado a un santuario, ni a un lugar determinado sino que está presente en todas partes, especialmente allá donde los hombres creen en El, allá donde los hombres sufren.
  • Aparece ahora la gran promesa de un nuevo y maravilloso éxodo en el que Él mismo les arrancará el corazón de piedra y les dará un corazón de carne, con el que sean capaces de quitar todas las iniquidades y abominaciones.

***

  • El capítulo 18 de Mateo está centrado en la dinámica que debe caracterizar las relaciones de los discípulos de Jesús entre sí. Hoy, el evangelista aborda el tema del perdón.
  • La ley del talión, marca un progreso importante al tener que ser la venganza, no superior a la ofensa o daño recibido. Si bien el Levítico da un paso en este proceso, no establece la obligación del perdón. Sin embargo se pone un fuerte acento en la solidaridad que debe unir a los hermanos entre sí y deja bien en claro la prohibición de arreglar sus diferencias recurriendo a procedimientos judiciales.
  • Una de las novedades que aporta el texto es la aparición del término «hermano» para designar la relación existente entre los integrantes de la comunidad de discípulos de Jesús.
  • Al inicio se presentan tres caminos para ganar al hermano. Los dos primeros: la corrección privada y la hecha en presencia de dos o tres testigos eran procedimientos habituales entre los judíos y confirmados por los libros sagrados.
  • Las ofensas y perjuicios entre hermanos llevan a la pérdida de fraternidad y ésta no se recupera si el perjudicado, no gana al ofensor por el camino del perdón.
  • El camino de la corrección fraterna lleva al ofendido a buscar a la persona que le ha causado el problema y a tratar de hacerle ver el error. De este modo, se rompe el círculo vicioso de las ofensas mutuas porque el ofendido toma una actitud reconciliadora.
  • Jesús repite a toda la comunidad lo que había dicho personalmente a Pedro: “Todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo, y todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo”. Así, todos los miembros de la comunidad quedan encargados de perdonar a sus hermanos. La Iglesia  tiene que ser el lugar de la misericordia.
  • Nuestras comunidades necesitan ser espacios reconciliados y reconciliadores. Comunidades abiertas al diálogo, tolerantes y comprometidas con las necesidades de quienes lo necesitan.

PARA DISCERNIR

  • ¿Cuál es nuestra actitud ante nuestros amigos, compañeros y vecinos cuando se presenta un conflicto?
  • ¿Somos capaces de vivir el amor de Cristo en la vida cotidiana?
  • ¿Preferimos aislarnos en nuestro rencor o damos pasos para el perdón?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo, tomado del capítulo 18 de Mateo, presenta el tema de la corrección fraterna en la comunidad de los creyentes: es decir, cómo debo corregir a otro cristiano cuando hace algo que no está bien. Jesús nos enseña que si mi hermano cristiano comete una falta en contra de mí, me ofende, yo debo tener caridad hacia él y, ante todo, hablarle personalmente, explicándole que lo que dijo o hizo no es bueno. ¿Y si el hermano no me escucha? Jesús sugiere una intervención progresiva: primero, vuelve a hablarle con otras dos o tres personas, para que sea mayormente consciente del error que cometió; si, con todo, no acoge la exhortación, hay que decirlo a la comunidad; y si no escucha ni siquiera a la comunidad, hay que hacerle notar la fractura y la separación que él mismo ha provocado, menoscabando la comunión con los hermanos en la fe.

Las etapas de este itinerario indican el esfuerzo que el Señor pide a su comunidad para acompañar a quien se equivoca, con el fin de que no se pierda. Es necesario, ante todo, evitar el clamor de la crónica y las habladurías de la comunidad —esto es lo primero, evitar esto—. «Repréndelo estando los dos a solas» (v. 15). La actitud es de delicadeza, prudencia, humildad y atención respecto a quien ha cometido una falta, evitando que las palabras puedan herir y matar al hermano. Porque, vosotros lo sabéis, también las palabras matan. Cuando hablo mal, cuando hago una crítica injusta, cuando «le saco el cuero» a un hermano con mi lengua, esto es matar la fama del otro. También las palabras matan. Pongamos atención en esto. Al mismo tiempo, esta discreción de hablarle estando solo tiene el fin de no mortificar inútilmente al pecador. Se habla entre dos, nadie se da cuenta de ello y todo se acaba. A la luz de esta exigencia es como se comprende también la serie sucesiva de intervenciones, que prevé la participación de algunos testigos y luego nada menos que de la comunidad. El objetivo es ayudar a la persona a darse cuenta de lo que ha hecho, y que con su culpa ofendió no sólo a uno, sino a todos. Pero también de ayudarnos a nosotros a liberarnos de la ira o del resentimiento, que sólo hacen daño: esa amargura del corazón que lleva a la ira y al resentimiento y que nos conducen a insultar y agredir. Es muy feo ver salir de la boca de un cristiano un insulto o una agresión. Es feo. ¿Entendido? ¡Nada de insultos! Insultar no es cristiano. ¿Entendido? Insultar no es cristiano.

En realidad, ante Dios todos somos pecadores y necesitados de perdón. Todos. Jesús, en efecto, nos dijo que no juzguemos. La corrección fraterna es un aspecto del amor y de la comunión que deben reinar en la comunidad cristiana, es un servicio mutuo que podemos y debemos prestarnos los unos a los otros. Corregir al hermano es un servicio, y es posible y eficaz sólo si cada uno se reconoce pecador y necesitado del perdón del Señor. La conciencia misma que me hace reconocer el error del otro, antes aún me recuerda que yo mismo me equivoqué y me equivoco muchas veces.

Por ello, al inicio de cada misa, somos invitados a reconocer ante el Señor que somos pecadores, expresando con las palabras y con los gestos el sincero arrepentimiento del corazón. Y decimos: «Ten piedad de mí, Señor. Soy pecador. Confieso, Dios omnipotente, mis pecados». Y no decimos: «Señor, ten piedad de este que está a mi lado, o de esta, que son pecadores». ¡No! «¡Ten piedad de mí!». Todos somos pecadores y necesitados del perdón del Señor. Es el Espíritu Santo quien habla a nuestro espíritu y nos hace reconocer nuestras culpas a la luz de la palabra de Jesús. Es Jesús mismo que nos invita a todos a su mesa, santos y pecadores, recogiéndonos de las encrucijadas de los caminos, de las diversas situaciones de la vida (cf. Mt 22, 9-10). Y entre las condiciones que unen a los participantes en la celebración eucarística, dos son fundamentales, dos condiciones para ir bien a misa: todos somos pecadores y a todos Dios da su misericordia. Son dos condiciones que abren de par en par la puerta para entrar bien en la misa. Debemos recordar siempre esto antes de ir al hermano para la corrección fraterna”.

Papa Francisco – Ángelus – Plaza de San Pedro – Domingo 7 de septiembre de 2014

PARA REZAR

Señor Dios

ayúdanos a trabajar en comunidad.

Que cada uno aprenda a poner en común,

esa parte de verdad y de bien

que todos poseemos.

Que no haya egoísmos.

Danos valor y comprensión.

Que nunca callemos

cuando debamos hablar

y que nunca digamos

ni un sola palabra de más

cuando tenemos que callar.

Te pedimos constancia y entusiasmo,
ganas de participar y fuerzas para hacerlo.
Que nos queme el fuego del servicio,
los deseos de salir de adentro nuestro
para correr hacia Vos que estás en los otros,
en el hermano que pasa a nuestro lado.

Que sepamos servir con alegría
porque ser alegres nos llena de vida
y sabemos que a tu lado, es posible.

Amén.

Lectura de la profecía de Ezequiel            12, 1-12

La palabra del Señor me llegó en estos términos:

Hijo de hombre, tú habitas en medio de un pueblo rebelde: ellos tienen ojos para ver, pro no ven, tienen oídos para oír, pero no oyen, porque son un pueblo rebelde. En cuanto a ti, hijo de hombre, prepara tu equipaje como si tuvieras que ir al exilio, y parte en pleno día, a la vista de ellos. Emigrarás del lugar donde te encuentras hacia otro lugar, a la vista de ellos: tal vez así comprendan que son un pueblo rebelde.

Sacarás tu equipaje en pleno día, a la vista de ellos, y saldrás por la tarde, también a al vista de ellos, como salen los deportados. Abrirás un boquete en el muro y saldrás por él, a la vista de ellos. Cargarás el equipaje sobre tus espaldas y saldrás cuando sea de noche, cubriéndote el rostro para no ver el país, porque yo te he convertido en un presagio para el pueblo de Israel.

Yo hice exactamente lo que se me había ordenado: saqué mi equipaje en pleno día como quien parte para el exilio, y por la tarde abrí un boquete en el muro con la mano. Salí cuando estaba oscuro y cargué el equipaje sobre mis espaldas, a la vista de ellos.

A la mañana, la palabra del Señor me llegó en estos términos: Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, ese pueblo rebelde, qué es lo que estás haciendo? Diles: Así habla el Señor: Este oráculo se refiere al príncipe que está en Jerusalén y a todo el pueblo de Israel que vive en medio de ella. Diles también: Yo soy un presagio para ustedes. Lo mismo que yo hice se hará con ellos: serán deportados e irán al exilio. El príncipe que está en medio de ellos cargará el equipaje sobre sus espaldas durante la noche, y saldrá por el boquete que abrirán en el muro para hacerlo salir; y él se cubrirá el rostro, para no ver el país.

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 77, 56-57. 58-59. 61-62 (R.: cf. 7c)

R.        No se olviden de las proezas de Dios.

Ellos tentaron e irritaron a Dios,

no observaron los preceptos del Altísimo;

desertaron y fueron traidores como sus padres,

se desviaron como un arco fallido.  R.

Lo afligieron con sus lugares de culto,

le provocaron celos con sus ídolos:

Dios lo advirtió y se llenó de indignación,

y rechazó duramente a Israel.  R.

Entregó su Fortaleza al cautiverio,

su Arca gloriosa en manos del enemigo.

Entregó su pueblo a la espada,

se enfureció contra su herencia.  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   18, 21-19, 1

Se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: «Señor, dame un plazo y te pagaré todo.» El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: «Págame lo que me debes.» El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: «Dame un plazo y te pagaré la deuda.» Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: «¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?» E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos.»

Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • El profeta está anunciando la segunda deportación a Babilonia tanto del rey, como de los habitantes de la ciudad. El pueblo no quiere hacer caso a Ezequiel y reconocer que Jerusalén puede ser arrasada. Todavía tiene la ilusión de que es posible oponerse a Babilonia. Por eso no han cambiado su vida. El pueblo aparentemente ha perdido toda posibilidad de percibir aquello que Dios ha dicho y hecho. Confían en que Dios, como un siglo antes, contra Senaquerib, los salvará, pero no se convierten de sus malos caminos.
  • Ezequiel espera todavía que el pueblo pueda ver y entender; por eso, tanto la acción simbólica, como la explicación que le sigue, anuncian realidades funestas para el pueblo;  pero apuntan hacia la conversión.
  • La intención es que todos entiendan que es inevitable el destierro, la segunda deportación por parte de los babilonios. Esta vez Dios los deja a las consecuencias de su pecado y permite que sean desterrados.
  • Paradójicamente el exilio fue el inicio del más profundo período para Israel. El pueblo se vio obligado a abandonar sus sueños demasiado humanos y construye una nueva comunidad en la que, la escala de valores es ya de orden religioso y no político.

***

  • Al comienzo de este discurso «comunitario» son todos los apóstoles los que hicieron una pregunta a Jesús. Ahora es Pedro el que pregunta: “Señor, ¿cuántas veces lo tendré que perdonar?”
  • Si ayer era la corrección fraterna, hoy Jesús, sigue dando consignas sobre el perdón de las ofensas. Los apóstoles ubican el perdón de las ofensas en el campo legal o en la casuística. Están preocupados por los límites de la actitud fraterna.
  • Pedro que creía ir ya muy lejos proponiendo hasta siete veces, es sobrepasado por Jesús que va mucho más allá: “no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Simbolismo de las cifras: «siete» es la cifra perfecta, multiplicada por sí misma, indica el infinito. En el antiguo testamento el número setenta y siete representaba la venganza de los hijos de Caín. Jesús cambia los términos y convierte el número de la venganza en símbolo de la reconciliación. Luego propone una parábola que muestra a que se exponen los que tratan de contabilizar la misericordia, el perdón y la fraternidad.
  • La parábola exagera a propósito: la deuda perdonada al primer empleado es descomunal. La que él no perdona a su compañero, pequeñísima. El contraste sirve para destacar el perdón que Dios concede y la mezquindad de nuestro corazón, porque nos cuesta perdonar una insignificancia. Lo propio de Dios es perdonar. Lo mismo han de hacer los discípulos de Jesús: el aviso es claro: «lo mismo hará con ustedes mi Padre del cielo, si no perdonan de corazón a su hermano».
  • Si Dios perdona gratuitamente las mayores deudas, nadie puede aducir razón válida para negar a otro el perdón. El perdón, se presenta así como el único modo de romper la cadena de la violencia interminable,  iniciada y simbolizada en la venganza de los hijos de Caín.
  • Es el nuevo estilo de vida que Jesús propone a sus discípulos, es más exigente que el de los diez mandamientos del Antiguo Testamento. «Perdonar de corazón» está en relación con la sexta bienaventuranza.
  • La pertenencia al reino está marcada por el perdón y éste es sin límites y a todos, tomando como ejemplo a Dios mismo que desbarata todo cálculo humano. Vivir con perdón es el estilo del reino.
  • Dios nos perdona ilimitadamente, porque quiere hacer triunfar al amor. Y para confirmarlo basta contemplar al Crucificado.

PARA DISCERNIR

  • ¿Somos promotores de reconciliación y perdón en nuestras comunidades?
  • ¿Pongo límites al perdón?
  • ¿Hacemos del perdón y el amor una oportunidad de crecimiento en el amor?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Perdona, Señor, la infidelidad de tu pueblo

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

“Si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros”

Todo hombre está en deuda con Dios y todo hombre está en deuda con su hermano. En efecto, ¿quién no estaría en deuda con Dios sino aquel en quien no se encontrara pecado? ¿Y quién no estaría en deuda con su hermano sino aquel que nunca ha ofendido a nadie? Así pues, todo hombre es a la vez deudor y acreedor… Un mendigo te pide limosna y tú eres el mendigo de Dios, porque, cuando oramos, todos nosotros somos mendigos de Dios. Permanecemos en pié, o mejor, nos prosternamos ante la puerta de nuestro Padre de familia (cf Lc 11,5s); le suplicamos lamentándonos, deseosos de recibir de él una gracia, y esta gracia, es Dios mismo. ¿Qué es lo que te pide el mendigo? Pan. Y tú, que es lo que le pides a Dios si no es a Cristo, el cual ha dicho: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo” (Jn 6,51). ¿Queréis ser perdonados? Perdonad. “Devolved y se os devolverá”. ¿Queréis recibir? “Dad y se os dará” (Lc 6,37)…

Debemos, pues, estar dispuestos a perdonar todas las faltas que se cometen contra nosotros si queremos que Dios nos perdone. Sí, verdaderamente, si nos ponemos a considerar nuestros pecados y pasamos revista a las faltas que hemos cometido, no creo que podamos dormirnos sin que nos sintamos el peso de nuestra deuda. Por eso cada día presentamos a Dios nuestras peticiones, cada día nuestras peticiones llegan a sus oídos, cada día nos prosternamos diciendo: “Perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido”. ¿Qué deudas quieres que se te perdonen? ¿Todas, o una parte? Seguro que respondes: Todas. Pues haz tú lo mismo con tu deudor.

San Agustín (354-430) – obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia –

Sermón 83

PARA REZAR

Perdón

Seguiremos caminando,
más allá de fracasos y golpes.
Seguiremos amando,
venciendo a soledades y deserciones.
Seguirá la historia,
la memoria poblada y la espera impaciente
de lo que ha de llegar.
Uniremos los pedazos dispersos,
los fragmentos de sueños.
Estrecharemos brazos heridos.
Setenta veces siete alzaremos los ojos
y retomaremos la ruta.

Con otros,
igual de frágiles,
igual de fuertes,
igual de humanos,
haremos surcos
en la tierra fértil
para seguir sembrando
un evangelio de carne y hueso
regado con los anhelos más hondos,
y crecerá, imparable, la vida.

José María Rodríguez Olaizola, sj

Lectura de la profecía de Ezequiel            16, 1-15. 60. 63

La palabra del Señor me llegó en estos términos:

Hijo de hombre, da a conocer a Jerusalén sus abominaciones. Tú dirás: Así habla el Señor a Jerusalén: Por tus orígenes y tu nacimiento, perteneces al país de Canaán; tu padre era un amorreo y tu madre una hitita. Al nacer, el día en que te dieron a luz, tu cordón umbilical no fue cortado, no fuiste lavada con agua para ser purificada, ni frotada con sal, ni envuelta en pañales. Nadie se compadeció de ti para hacerte alguna de esas cosas, sino que fuiste arrojada en pleno campo, porque dabas asco el día que naciste.

Yo pasé junto a ti, te vi revolcándote en tu propia sangre y entonces te dije: «Vive y crece como un retoño del campo.» Tú comenzaste a crecer, te desarrollaste y te hiciste mujer; se formaron tus senos y crecieron tus cabellos, pero estabas completamente desnuda. Yo pasé junto a ti y te vi. Era tu tiempo, el tiempo del amor; extendí sobre ti el borde de mi manto y cubrí tu desnudez; te hice un juramento, hice una alianza contigo -oráculo del Señor- y tú fuiste mía. Yo te lavé con agua, limpié la sangre que te cubría y te perfumé con óleo.

Te puse un vestido bordado, te calcé con zapatos de cuero fino, te ceñí con una banda de lino y te cubrí con un manto de seda. Te adorné con joyas, puse brazaletes en tus muñecas y un collar en tu cuello; coloqué un anillo en tu nariz, pendientes en tus orejas y una espléndida diadema en tu cabeza. Estabas adornada de oro y de plata, tu vestido era de lino fino, de seda y de tela bordada; te alimentabas con la mejor harina, con miel y aceite. Llegaste a ser extraordinariamente hermosa y te convertiste en una reina. Tu fama se extendió entre las naciones, porque tu belleza era perfecta gracias al esplendor con que yo te había adornado -oráculo del Señor- .

Pero tú te preciaste de tu hermosura y te aprovechaste de tu fama para prostituirte; te entregaste sin pudor a todo el que pasaba y fuiste suya.

Pero yo me acordaré de la alianza que hice contigo en los días de tu juventud y estableceré para ti una alianza eterna. Para que te acuerdes y te avergüences, y para que en tu confusión no te atrevas a abrir la boca, cuando yo te haya perdonado todo lo que has hecho -oráculo del Señor- .

Palabra de Dios.

SALMO          Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6 (R.: 1c)

R.        Se ha apartado tu ira y me has consolado.

Este es el Dios de mi salvación:

yo tengo confianza y no temo,

porque el Señor es mi fuerza

y mi protección;

él fue mi salvación.

Ustedes sacarán agua con alegría

de las fuentes de la salvación.  R.

Den gracias al Señor, invoquen su Nombre,

anuncien entre los pueblos sus proezas,

proclamen qué sublime es su Nombre.  R.

Canten al Señor porque ha hecho algo grandioso:

¡que sea conocido en toda la tierra!

¡Aclama y grita de alegría, habitante de Sión,

porque es grande en medio de ti

el Santo de Israel!  R.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Mateo   19, 3-12

Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: « ¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?»

El respondió: « ¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne? De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido.»

Le replicaron: «Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?»

Él les dijo: «Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así. Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio.»

Los discípulos le dijeron: «Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse.» Y él les respondió: «No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!»

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • Jerusalén ha recorrido la historia de Canaán con toda clase de dificultades. El amor de Yahvé a Jerusalén se manifiesta como una elección personal, como un don del corazón. Se trata de una comunión total, y nada, en la vida de la ciudad, es ignorado por el amor y la gracia divina.
  • Ezequiel usa una gran alegoría, mediante la imagen del matrimonio;  de una jovencita abandonada, perdida, que alguien recoge y ama. Y cuando podía esperar amor de ella, se encontró con una esposa infiel. Las relaciones con los ídolos son explicadas con la imagen de la prostitución o fornicación, en cuanto significan infidelidad hacia Dios.
  • Finalmente Ezequiel habla de la esposa perdida y hallada de nuevo, del amor cuya llama renace.
  • Es la actitud concluyente del Señor: a pesar de todo, a pesar de la infidelidad a la alianza; Dios la restablecerá por pura benevolencia y gratuidad.

***           

  • Jesús en su camino a Jerusalén, terminado ya el «discurso eclesial o comunitario», da unas recomendaciones: esta vez es la tan controvertida cuestión del divorcio.
  • La pregunta no es acerca de la licitud del divorcio, que era algo admitido. Sino sobre cuál de las dos interpretaciones de la ley era más correcta: la de algunos maestros como Hillel, que multiplicaban los motivos para que el marido pudiera pedir el divorcio, no así la mujer, o la de la escuela de Shammai, que sólo lo admitía en casos extremos, por ejemplo el adulterio.
  • En la sociedad judía de la época, los varones tenían todas las ventajas, eran los propietarios de la tierra, de los bienes y de sus esposas. Podían despedirlas cuando quisieran y, muchas veces, sin causa justa. Estas mujeres quedaban entonces en la más absoluta pobreza y corrían el peligro, si no se casaban pronto, de perder toda su dignidad.
  • Con esta realidad como contexto los fariseos se acercan de nuevo a Jesús para ponerlo a prueba en el conocimiento de la ley y obtener una declaración contra la ley de Moisés.
  • Del mismo modo que lo hace con el tema del perdón, Jesús deja aparte la casuística y reafirma la indisolubilidad del matrimonio, recordándoles el proyecto de Dios: ya no son dos, sino una sola carne: así pues, que el hombre no separe lo que Dios ha unido. Y así, negando el divorcio, Jesús restablece la dignidad de la mujer, que no puede ser tratada como un objeto o desde una perspectiva interesada.
  • Esta respuesta de Jesús da un paso más allá de la ley y rescata el valor de las personas creadas por Dios y hechas a imagen suya.
  • El hombre y la mujer se dan el uno al otro, ya no son más que una sola carne, con el mismo impulso, la misma ternura de Dios cuando se da, cuando se entrega a su criatura.
  • La reacción de los discípulos evidencia las dificultades que engendra la ley de la indisolubilidad. Jesús con su respuesta evidencia que esta indisolubilidad no se fundamenta en normas humanas; es el reflejo de un don de Dios. El hombre y la mujer se dan el uno al otro por medio de Cristo, al mismo tiempo que se dan por amor. Esto es posible y sólo tiene sentido en la fe; es imposible para el hombre y la mujer abandonados a sus propias fuerzas.
  • El matrimonio, desde la perspectiva del reino, es el rostro de Cristo que entrega su vida por la Iglesia, y esto es una gracia, un don de Dios que se da en el hombre y la mujer cuando viven entre sí el amor y el perdón que Dios es el primero en testimoniarles.
  • Los discípulos protestan contra tal rigorismo: en esas condiciones, el matrimonio no es ventajoso. Jesús ante lo que acaban de decir les quiere hacer entender que la fidelidad estable vale igualmente para los que han optado por otro camino; tal como dedicarse total y absolutamente al trabajo por el reino de Dios.
  • Jesús afirma que renunciar al matrimonio no es posi­ble para todo hombre; hace falta un don especial para ello. El celibato es un don de Dios que debe estar al servicio del Reino.
  • Los discípulos del Señor desde la vida matrimonial o desde la vida consagrada al servicio del reino, deben ser un resplandor de la fidelidad y del amor de Dios por su pueblo.

PARA DISCERNIR

  • ¿Reconocemos en el amor fiel y generoso una manifestación del amor de Dios?
  • ¿Cuál es nuestra actitud ante las pruebas por las que tiene que pasar el amor?
  • ¿Vivimos en el interior de nuestras familias los valores de la justicia y el respeto?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

Tengo confianza y no temo

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

«Los dos no hacen más que uno sólo»

En la Biblia, la relación de  Dios con Israel viene expresada a través de las metáforas de los desposorios y del matrimonio; y, por consiguiente, la idolatría es adulterio y prostitución… Pero el amor-eros de Dios por el hombre es al mismo tiempo y totalmente amor-ágape. No tan sólo porque se nos da de manera absolutamente gratuita, sin ningún mérito anterior, sino porque es un amor que perdona… En la Biblia, pues, por una parte nos encontramos ante una imagen estrictamente metafísica de Dios: Dios es, de manera absoluta, la fuente originaria de todo ser; pero por otra parte, la razón primordial de ser de este principio creador de todas las cosas, es alguien que ama con toda la pasión de un verdadero amor. De esta manera, el amor-eros queda ennoblecido al grado más alto y, al mismo tiempo, purificado hasta fundirse en uno solo con el amor-ágape… La primera novedad de la fe bíblica consiste en esta imagen de Dios; la segunda, esencialmente unida a la primera, la encontramos en la imagen del hombre.

El  relato bíblico de la creación habla de la soledad del primer hombre, Adán, a quien Dios ha querido dar una ayuda… La idea de que el hombre,  por su misma constitución,  sería incompleto, es decir, siempre en búsqueda del otro, de la parte que le falta para su integridad, o sea, la idea de que es sólo en comunión con el otro sexo que llega a «ser completo», está, sin duda, presente. El relato bíblico se concluye con una profecía que se refiere a Adán: «Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos formarán una sola carne» (Gn 2,24).

Aquí hay dos aspectos importantes: el eros está como enraizado en la misma naturaleza del hombre; Adán está en búsqueda y «deja a su padre y a su madre» para encontrar a su mujer; es solamente unidos que representan la totalidad de la humanidad, que llegan a ser «una sola carne». El segundo aspecto no es menos importante: según una orientación que tiene su origen en la creación, el eros llama al hombre al matrimonio, a un vínculo caracterizado por la unicidad y por lo definitivo; así, y solamente así, su destino en profundidad llega a su plenitud. La imagen del matrimonio monogámico se corresponde con la imagen del Dios del monoteísmo. El matrimonio, fundado sobre un amor exclusivo y definitivo aparece como la imagen de la relación de Dios con su pueblo, y recíprocamente: la manera de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano.

Benedicto XVI – Papa 2005-2013 – Encíclica «Deus caritas est», § 9-11

PARA REZAR

¡Enamórate!
Nada puede importar más que encontrar a Dios.
Es decir, enamorarse de Él
de una manera definitiva y absoluta.
Aquello de lo que te enamoras atrapa tu imaginación,
y acaba por ir dejando su huella en todo.
Será lo que decida qué es
lo que te saca de la cama en la mañana,
qué haces con tus atardeceres,
en qué empleas tus fines de semana,
lo que lees, lo que conoces,
lo que rompe tu corazón,
y lo que te sobrecoge de alegría y gratitud.
¡Enamórate! ¡Permanece en el amor!
Todo será de otra manera.

Joseph Whelan sj

Lectura del libro del Apocalipsis   11, 19a; 12, 1-6a. 10ab

Se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca de la Alianza.

Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.

Estaba embarazada y gritaba de dolor porque iba a dar a luz.

Y apareció en el cielo otro signo: un enorme Dragón rojo como el fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y en cada cabeza tenía una diadema. Su cola arrastraba una tercera parte de las estrellas del cielo, y las precipitó sobre la tierra. El Dragón se puso delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo en cuanto naciera.

La Mujer tuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones con un cetro de hierro. Pero el hijo fue elevado hasta Dios y hasta su trono, y la Mujer huyó al desierto, donde Dios le había preparado un refugio.

Y escuché una voz potente que resonó en el cielo: «Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías.»

Palabra de Dios.

SALMO          Sal 44, 10bc. 11-12. 15b-16 (R.: 10b)

R.        Es la reina, adornada con tus joyas y con oro de Ofir.

Una hija de reyes está de pie a tu derecha:

es la reina, adornada con tus joyas

y con oro de Ofir.  R.

¡Escucha, hija mía, mira y presta atención!

Olvida tu pueblo y tu casa paterna,

y el rey se prendará de tu hermosura.

El es tu señor: inclínate ante él.  R.

Las vírgenes van detrás, sus compañeras la guían,

con gozo y alegría entran al palacio real.  R.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo

a los cristianos de Corinto 15, 20-27a

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos, el primero de todos. Porque la muerte vino al mundo por medio de un hombre, y también por medio de un hombre viene la resurrección.

En efecto, así como todos mueren en Adán, así también todos revivirán en Cristo, cada uno según el orden que le corresponde: Cristo, el primero de todos, luego, aquellos que estén unidos a él en el momento de su Venida.

En seguida vendrá el fin, cuando Cristo entregue el Reino a Dios, el Padre, después de haber aniquilado todo Principado, Dominio y Poder. Porque es necesario que Cristo reine hasta que ponga a todos los enemigos debajo de sus pies. El último enemigo que será vencido es la muerte, ya que Dios todo lo sometió bajo sus pies.

Palabra de Dios.

EVANGELIO

Lectura del santo Evangelio según san Lucas   1, 39-56

María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó:

« ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor.»

María dijo entonces:

«Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de su servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo! Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre.»

María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Palabra del Señor.

PARA REFLEXIONAR

  • La Asunción de María es un acontecimiento que nos afecta de cerca. Sobre todo hombre destinado a morir, hay una promesa de Cristo que lo abre a una futura resurrección. El misterio de la Asunción de la Virgen nos asegura que la muerte no es la última palabra.
  • Dios da señales que invitan a la esperanza: la lucha a muerte del dragón contra la mujer y su descendencia, el arca de la alianza como signo de la presencia de Dios en medio su pueblo. María asunta es figura de la Iglesia, tanto la celestial como la que camina dando a luz a Cristo para el ser humano de hoy, y prefigura la victoria final de toda la Iglesia con Cristo, por Él y en Él.
  • La segunda lectura nos afirma que Cristo es el Resucitado, el vencedor de la muerte, causa de la resurrección de los muertos. Cristo ha derrotado la muerte en su propio terreno y le ha arrebatado todo su poder sobre la vida, liberando a todos los que estaban bajo su poder.
  • El evangelio se centra en el encuentro de las dos madres y de sus respectivos niños, se unen los relatos paralelos de la infancia de Juan, el último profeta y de Jesús. El Espíritu marca la continuidad del designio de Dios entre Antiguo y Nuevo Testamento. Lucas pone en boca de María este himno inspirado en el cántico de Ana y en toda la tradición bíblica que expresa la fe y la esperanza de los pobres y humildes del pueblo de Dios. Son los pobres del Señor quienes, en María y con ella, alaban a Dios por las grandes obras que ha hecho en ellos.
  • La «asunción» gloriosa de María que celebramos no se trata de ninguna elevación o traslación física, de ningún viaje sideral. Esa asunción gloriosa significa que en María, Dios ha dignificado a todos los seres humanos, convirtiéndolos en plenos participantes de su obra salvífica. Dios, en Jesús, llama al mundo al nuevo orden, donde todos los seres humanos son igualmente dignos y de este modo se inaugura una nueva era de plenitud.
  • Esta fiesta nos invita a vivir en el presente el futuro prometido por Dios y adelantado en la Virgen. María vivió su existencia como una manifestación de la obra salvadora de Dios. No hubo momento de su existencia en el que el amor misericordioso del Padre no se hiciera solidaridad, misericordia y compasión con todas las personas que, como ella, vivían situaciones de pobreza y exclusión.
  • María encarnó todos aquellos valores que nos permiten comprender como el futuro de Dios se puede manifestar en las limitaciones de nuestro presente. María nos invita a vivir gozosamente la vida como un encuentro permanente con el Dios de la vida y la historia que realiza su obra redentora en las miserias de nuestro mundo y en las limitaciones de nuestra existencia.
  • La Asunción es la victoria de Dios confirmada en María y asegurada para nosotros. La Asunción es una señal y promesa de la gloria que nos espera, cuando en el fin del mundo, nuestros cuerpos resuciten y sean reunidos con nuestras almas.
  • «Hoy sube al cielo la Virgen llena de gloria, y colma de gozo a los ciudadanos celestes». « ¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este gesto maravilloso de amistad —que es dar y recibir— se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los hombres». San Bernardo.

PARA DISCERNIR

  • ¿Cómo ilumina mi fe la realidad de la muerte?
  • ¿Qué lugar le doy a la Virgen en mi esperanza?
  • La Asunción de la Virgen ¿Qué le aporta a mi experiencia de de fe?

REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA

El Poderoso ha hecho grandes cosas en mí

PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

En Cristo, hijos de la Reina del cielo

¿Sobre qué reposa la feliz certeza de ser hijos de la Reina del Cielo? Antes que nada, sobre el dogma de nuestra incorporación a Cristo, en nuestra cualidad de miembros.

Una mujer, ¿no es madre al ser fuente de vida para alguien y comunicar la vida que tiene en sí misma? En el orden sobrenatural, ¿de dónde viene en nosotros esta vida divina destinada no a terminar con la muerte cómo nuestra vida corporal, sino a expandirse en gloria en la eternidad? Eva nos dio la vida según la naturaleza y el pecado, la vida de la gracia vino a nosotros por María. María es la nueva Eva, asociada por su predestinación al nuevo Adán. ¡Cuán eficaz fue su cooperación a la obra redentora! En la Anunciación, cómo lo hemos dicho, de cierta forma es a su consentimiento que Dios ha querido subordinar la venida de su Hijo. La Virgen se convirtió entonces en la criatura privilegiada que comunica a todos el don de Dios, la vida sobrenatural, aceptando su maternidad según la grandeza de las intenciones divinas. Además, los designios de Dios implicaban que ella fuera madre no solamente de Cristo sino de todos sus miembros. (…)

Aceptando ser hijos de María, entramos plenamente en el designio misericordioso del Señor. El Padre nos “predestinó a reproducir la imagen de su Hijo” (Rom 8,29). (…) ¡Qué consuelo! Con nuestra veneración y amor a María, culminamos nuestra semejanza al Salvador.

Beato Columba Marmion (1858-1923) – abad – La Virgen María y el sacerdote

PARA PROFUNDIZAR UN POCO MÁS

FUNDAMENTO DE ESTE DOGMA
El Papa Pío XII bajo la inspiración del Espíritu Santo, y después de consultar con todos los obispos de la Iglesia Católica, y de escuchar el sentir de los fieles, el primero de Noviembre de 1950, definió solemnemente con su suprema autoridad apostólica, el dogma de la Asunción de María. Este fue promulgado en la Constitución «Munificentissimus Deus»:

«Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo».

El Papa Pío XII presentó varias razones fundamentales para la definición del dogma:

1-La inmunidad de María de todo pecado: La descomposición del cuerpo es consecuencia del pecado, y como María, careció de todo pecado, entonces Ella estaba libre de la ley universal de la corrupción, pudiendo entonces, entrar prontamente, en cuerpo y alma, en la gloria del cielo.

2-Su Maternidad Divina: Como el cuerpo de Cristo se había formado del cuerpo de María, era conveniente que el cuerpo de María participara de la suerte del cuerpo de Cristo. Ella concibió a Jesús, le dio a luz, le nutrió, le cuidó, le estrechó contra su pecho. No podemos imaginar que Jesús permitiría que el cuerpo, que le dio vida, llegase a la corrupción.

3-Su Virginidad Perpetua: como su cuerpo fue preservado en integridad virginal, (toda para Jesús y siendo un tabernáculo viviente) era conveniente que después de la muerte no sufriera la corrupción.

4-Su participación en la obra redentora de Cristo: María, la Madre del Redentor, por su íntima participación en la obra redentora de su Hijo, después de consumado el curso de su vida sobre la tierra, recibió el fruto pleno de la redención, que es la glorificación del cuerpo y del alma.

PARA REZAR

Decir tu nombre, María

Decir tu nombre, María,
es decir que la Pobreza
compra los ojos de Dios.

Decir tu nombre, María,
es decir que la Promesa
sabe a leche de mujer.

Decir tu nombre, María,
es decir que nuestra carne
viste el silencio del Verbo.

Decir tu nombre, María,
es decir que el Reino viene
caminando con la Historia.

Decir tu nombre, María,
es decir junto a la Cruz
y en las llamas del Espíritu.

Decir tu nombre, María,
es decir que todo nombre
puede estar lleno de Gracia.

Decir tu nombre, María,
es decir que toda muerte
puede ser también Su Pascua.

Decir tu nombre, María,
es decirte Toda Suya,
Causa de Nuestra Alegría.

Oración

Señor Dios todopoderoso, tú que, mirando complacido la profunda humildad de la siempre Virgen María, la elevaste a la excelsa dignidad de ser madre de tu Hijo hecho hombre y, en este día, la coronaste de gloria y de honor, concédenos, por su intercesión, que ya que como María tenemos parte en tu redención, alcancemos, también como ella, la gloria del reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.