25 DE JULIO – SANTIAGO APÓSTOL (F)
26 DE JULIO – SANTOS JOAQUÍN Y ANA, PADRES DE LA VIRGEN MARÍA (M.O)
SANTA MARTA (M.O)
TIEMPO DTE EL AÑO – CICLO A
DOMINGO XVI
Dejen que crezcan juntos
PRIMERA LECTURA
Lectura del libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19
Fuera de ti, no hay otro Dios que cuide de todos, a quien tengas que probar que tus juicios no son injustos.
Porque tu fuerza es el principio de tu justicia, y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos. Tú muestras tu fuerza cuando alguien no cree en la plenitud de tu poder, y confundes la temeridad de aquellos que la conocen. Pero, como eres dueño absoluto de tu fuerza, juzgas con serenidad y nos gobiernas con gran indulgencia, porque con sólo quererlo puedes ejercer tu poder.
Al obrar así, tú enseñaste a tu pueblo que el justo debe ser amigo de los hombres y colmaste a tus hijos de una feliz esperanza, porque, después del pecado, das lugar al arrepentimiento.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 85, 5-6. 9-10. 15-16a (R.: 5a)
R. Tú, Señor, eres bueno e indulgente.
Tú, Señor, eres bueno e indulgente,
rico en misericordia con aquellos que te invocan:
¡atiende, Señor, a mi plegaria,
escucha la voz de mi súplica! R.
Todas las naciones que has creado
vendrán a postrarse delante de ti,
y glorificarán tu Nombre, Señor,
porque tú eres grande, Dios mío,
y eres el único que hace maravillas. R.
Tú, Señor, Dios compasivo y bondadoso,
lento para enojarte, rico en amor y fidelidad,
vuelve hacia mí tu rostro y ten piedad de mí. R.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta del apóstol san Pablo
a los cristianos de Roma 8, 26-27
Hermanos:
El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad porque no sabemos orar como es debido; pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que sondea los corazones conoce el deseo del Espíritu y sabe que su intercesión en favor de los santos está de acuerdo con la voluntad divina.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-43
Jesús propuso a la gente otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña. Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: «Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?
El les respondió: «Esto lo ha hecho algún enemigo
Los peones replicaron: «¿Quieres que vayamos a arrancarla?
«No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero.»»
También les propuso otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo. En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas.»
Después les dijo esta otra parábola:
«El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa.»
Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas, para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo.»
El les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.
¡El que tenga oídos, que oiga!»
Palabra del Señor.
PARA REFLEXIONAR
- En la primera lectura el sabio medita la historia y le arranca enseñanza. En las sucesivas etapas del pasado ve que el poder de Dios es el principio de su justicia y de su misericordia. Este pasaje forma parte de la reflexión sapiencial sobre los castigos infligidos por Dios a los cananeos a causa de sus crímenes. La actitud severa que Dios ha adoptado ha estado acompañada de sentimientos de misericordia. Esto no es manifestación de debilidad sino de su señorío. La garantía de la justicia de Dios es precisamente su fuerza y su poder. Más aún, precisamente porque es todopoderoso es también misericordioso. Yahvé es el único Dios que juzga de todo y no tiene que dar cuentas a nadie de su proceder, pero quiere demostrarnos que sabe juzgar con justicia. Este poder no es un motivo para que obre como un tirano; por el contrario, es el fundamento de su serena justicia.
***
- Todos los trabajos y esfuerzos de la humanidad van encaminados tras la vida, la felicidad, la libertad y son equiparables a un parto. Pablo es consciente de que esto encierra el anhelo universal por la redención del hombre y la liberación.
- La humanidad vive en estado de parto, ilusionada con dar a luz el hombre nuevo. Pero también experimenta la debilidad, el egoísmo que la encierra en sí misma, imposibilitando toda colaboración en la tarea de la nueva creación. El Espíritu viene en nuestra ayuda abriéndonos la perspectiva del nuevo estado de felicidad y libertad, al que ya pertenecemos por nuestra condición de hijos. Esta acción del Espíritu es silenciosa. El que escudriña los corazones, Dios, reconoce en estos gemidos inefables de nuestro corazón la oración del Espíritu por nuestra redención. La esperanza nunca quedará defraudada.
***
- La parábola quiere responder a una situación de la comunidad primitiva que padeció pronto la tentación de la rigidez que la llevaba a vivir como un escándalo los pecados ocurridos después del bautismo. También en tiempo de Jesús existía el movimiento fariseo, que pretendía ser el pueblo santo, separado de la multitud de los pecadores. Asimismo estaba el movimiento de Qumran, con su idea de oposición y separación, de rígida santidad, que exigía rechazar a cuantos no eran puros. Por otro lado la predicación del Bautista anunciaba al Mesías como el que tamizaría el grano y lo separaría de la cizaña. Tanto los zelotes, fariseos y Qumran afirmaban la santidad a costa de la separación. Llega Jesús y parece hacer lo contrario de todas estas tentativas: no separa a los pecadores, sino que hasta come con ellos.
- La parábola del trigo y la cizaña va seguida de una explicación y enseña que en el campo hay buenos y malos. La presencia de la cizaña no constituye un fracaso. En el Reino de Dios tienen cabida todos, incluidos aquellos de los cuales tal vez menos se sospecha.
- Existen siempre los que quieren anticipar el juicio de Dios; pero no debe anticiparse y no está reservado a los hombres. Dios es el que establece la hora; el bien y el mal deben llegar a su plenitud. El centro de la parábola no se encuentra simplemente en la presencia de la cizaña, ni tampoco que más tarde el trigo será separado de la cizaña. El centro lo constituye el hecho de que la cizaña no sea arrancada ahora. La fuerza novedosa, sorpresiva y escandalosa es la paciencia de Dios y la nueva dinámica del Reino de Dios. El Reino ha llegado aunque siga habiendo pecadores.
- Para Jesús amar a los hombres es amarlos hasta en su pecado, hasta cuando rechazan los planes que Dios tiene sobre ellos. El pecado de los hombres es el que ha llevado a Cristo a la cruz. La mayor prueba de amor, es la de dar la vida por aquellos a quienes se ama. Hasta el mismo momento en que el pecado del hombre conduce a Jesús a la muerte, todavía persiste el amor, se hace todavía más grande y se afirma victorioso. La paciencia de Jesús se reveló en toda su plenitud durante su Pasión. En el momento supremo, en que los proyectos divinos llegan aparentemente al fracaso, el amor se hace completamente misericordioso. Jesús ha amado a los hombres hasta el fin.
- El Reino crece, sea como sea. Nada lo puede frenar. Incluso crece en el mismo lugar donde el Maligno ha sembrado mala semilla; «los hijos del Reino» viven en los mismos lugares donde viven «los hijos del Maligno». Claramente la parábola añade que Dios «da lugar al arrepentimiento».
- Trigo y cizaña cuando nacen tienen las mismas apariencias y no cualquiera podría distinguirlos, crecen tan juntos que no se podría arrancar uno sin arrancar la otra. Ello hace que sea necesario tolerar el crecimiento de la cizaña.
- Lo mismo pasa en nuestra vida. La frontera entre el bien y el mal pasan por el corazón de cada uno. Todos tenemos trigo y cizaña; capacidad de bien y de mal. Por eso, nadie está en condiciones de rechazar enteramente a ningún hermano. Porque rechazaría su cizaña y ciertamente también su trigo. No se trata nunca de eliminar a un hombre porque tenga cizaña, sino de hacer crecer su trigo hasta que domine a la cizaña.
- El campo de la parábola es el mundo, en el que observamos la presencia simultánea del bien y mal, tan entrelazado, que resulta difícil distinguir uno y otro. Por eso en la vida de la comunidad vemos que se mezclan, continuamente, el evangelio y el pecado: injusticias, explotaciones, envidias con actos de generosidad, de amor, de justicia. En una realidad ambigua y mediocre crece el Reino. La misma Iglesia no es la comunidad de los salvados, de los elegidos, sino el lugar donde podemos salvarnos, y no podemos pensar que acaparamos todo el trigo y que fuera de nosotros no hay más que cizaña. Fuera de la Iglesia también hay trigo y dentro de ella también hay cizaña. Necesitamos asumir que vivimos en una mezcla y que podemos avanzar y crecer, descubriendo los signos del Reino para potenciarlos. Es imposible crecer, y buscar el Reino en ningún otro lugar que en esta realidad.
- Parece increíble, pero así somos. Con el mismo corazón con que creemos «amar a Dios sobre todas las cosas», envidiamos, somos avaros y odiamos. Somos capaces de pasar del «amar con todo el corazón» al «odiar con todo el corazón».
- Todos estamos en camino, absolutamente todos. Sin dejar de ser exigentes, debemos poner los medios para avanzar juntos; soportando también juntos el peso de las imperfecciones ajenas.
- El crecimiento del Reino no obedece nuestros criterios, ni su lógica es la nuestra. El dueño del campo corrige la impaciencia de los criados que querían arrancar la cizaña cuanto antes. Por naturaleza tendemos a ser precipitados, impacientes y exigentes. La velocidad y la manera de hacer de nuestro tiempo, seguramente aceleran el afán de resolver las cosas de golpe, y olvidando que somos también trigo y cizaña, quisiéramos más de una vez, imponer nuestros criterios en este campo que es el mundo y la Iglesia; olvidando que detrás de la cizaña hay trigo también. Como nunca, somos hoy llamados a la paciencia. Esta paciencia que no es una realidad pasiva o estática, sino algo activo y eficaz.
- La paciencia es una espera amorosa, convencida de que, por don de Dios, cada persona es un ser de posibilidades. La fe en el Reino de Dios nos pide la tolerancia y paciencia. La paciencia tiene que empezar con nosotros mismos, aceptándonos con los límites que nos son propios y que nos definen. Pretender arrancar de nosotros el mal es absolutamente imposible; perderíamos también nuestra condición humana. Lo que sí podemos hacer es que en nuestro campo crezca el dominio del bien, sabiendo, incluso, sacar experiencia de nuestro propio pecado. Si Dios perdona, es porque hasta el mismo pecado puede ser un elemento positivo en nuestro crecimiento espiritual. La condición de seres que llevan simultáneamente trigo con cizaña, lejos de inmovilizarnos en una postura fatalista, debe impulsarnos a apoyarnos en lo bueno y sano, para ganarle terreno al mal. Partir con este esquema, nos lleva a tener elementos interesantes para transformar los vínculos y criterios en el ámbito familiar, escolar, laboral y pastoral.
- La misión del discípulo es ser sembrador de la semilla de la Palabra de Dios, que tiene potencia propia para convertirse en árbol frondoso. La gracia de Dios es una levadura capaz de fermentar toda la masa, no se quedará ausente en la construcción de este mundo, sino que hará cuanto esté en su mano para abrirse camino.
PARA DISCERNIR
- ¿Qué situaciones propias, comunitarias, del mundo que considero cizaña, indeseables, quiero arrancar?
- ¿Qué realidades personales tengo que convertir mirándome con la paciencia y misericordia de Dios?
- ¿A qué gestos, opciones nuevas me invita la Palabra de este día?
REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA
El Señor es paciente y misericordioso
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
…”Jesús alude a esta esperanza del Antiguo Testamento y proclama su cumplimiento. El reino de Dios constituye el tema central de su predicación, como lo demuestran sobre todo las parábolas.
La parábola del sembrador (Mt 13, 3-8) proclama que el reino de Dios está ya actuando en la predicación de Jesús; al mismo tiempo invita a contemplar la abundancia de frutos que constituirán la riqueza sobreabundante del reino al final de los tiempos. La parábola de la semilla que crece por sí sola (Mc 4, 26-29) subraya que el reino no es obra humana, sino únicamente don del amor de Dios que actúa en el corazón de los creyentes y guía la historia humana hacia su realización definitiva en la comunión eterna con el Señor. La parábola de la cizaña en medio del trigo (Mt 13, 24-30) y la de la red para pescar (Mt 13, 47-52) se refieren, sobre todo, a la presencia, ya operante, de la salvación de Dios. Pero, junto a los “hijos del reino”, se hallan también los “hijos del maligno”, los que realizan la iniquidad: sólo al final de la historia serán destruidas las potencias del mal, y quien ha escogido el reino estará para siempre con el Señor. Finalmente, las parábolas del tesoro escondido y de la perla preciosa (Mt 13, 44-46), expresan el valor supremo y absoluto del reino de Dios: quien lo percibe, está dispuesto a afrontar cualquier sacrificio y renuncia para entrar en él”…
San Juan Pablo II – Tomado de la audiencia general del miércoles 18 de marzo de 1987
PARA REZAR
Tu Reino Señor
Tu Reino, Señor Jesús, habita dentro de mí
tu Reino es como un tesoro escondido dentro de un campo;
llevo en el fondo de mi ser la libertad y el amor,
la justicia y la verdad, la luz y la belleza.
Llevo dentro de mí el amor de tu Padre que me llama:
la gracia de tu amor que me salva y libera,
la amistad y la comunión de tu Espíritu que me hace fuerte.
¡Tu Reino, Señor, habita dentro de mí, gracias!
Tu Reino, Señor, habita en medio del mundo.
Tu Reino está presente oculto en medio de los hombres.
Donde el amor es más fuerte que el odio, allí está tu Reino.
Donde el perdón es más fuerte que la venganza,
allí está tu Reino.
Donde la verdad es más fuerte que la mentira,
allí está tu Reino.
Donde la justicia es más fuerte que la opresión,
allí está tu Reino.
Donde la libertad es más fuerte que la esclavitud,
allí está tu Reino.
Donde la ternura es más fuerte que el desamor,
allí está tu Reino.
¡Tu Reino, Señor, habita en el corazón de los hombres
que te aman, se aman y te siguen!
LUNES XVI
En el día del juicio la reina del sur se levantará contra esta generación
Lectura del libro del Éxodo 14, 5-18
Cuando informaron al rey de Egipto que el pueblo había huido, el Faraón y sus servidores cambiaron de idea con respecto al pueblo, y exclamaron: « ¿Qué hemos hecho? Dejando partir a Israel, nos veremos privados de sus servicios.» Entonces el Faraón hizo enganchar su carro de guerra y alistó sus tropas. Tomó seiscientos carros escogidos y todos los carros de Egipto, con tres hombres en cada uno. El Señor endureció el corazón del Faraón, el rey de Egipto, y este se lanzó en persecución de los israelitas, mientras ellos salían triunfalmente. Los egipcios los persiguieron con los caballos y los carros de guerra del Faraón, los conductores de los carros y todo su ejército; y los alcanzaron cuando estaban acampados junto al mar, cerca de Pihajirot, frente a Baal Sefón.
Cuando el Faraón ya estaba cerca, los israelitas levantaron los ojos y, al ver que los egipcios avanzaban detrás de ellos, se llenaron de pánico e invocaron a gritos al Señor. Y dijeron a Moisés: « ¿No había tumbas en Egipto para que nos trajeras a morir en el desierto? ¿Qué favor nos has hecho sacándonos de allí? Ya te lo decíamos cuando estábamos en Egipto: «¡Déjanos tranquilos! Queremos servir a los egipcios, porque más vale estar al servicio de ellos que morir en el desierto.»»
Moisés respondió al pueblo: « ¡No teman! Manténganse firmes, porque hoy mismo ustedes van a ver lo que hará el Señor para salvarlos. A esos egipcios que están viendo hoy, nunca más los volverán a ver. El Señor combatirá por ustedes, sin que ustedes tengan que preocuparse por nada.»
Después el Señor dijo a Moisés: « ¿Por qué me invocas con esos gritos? Ordena a los israelitas que reanuden la marcha. Y tú, con el bastón en alto, extiende tu mano sobre el mar y divídelo en dos, para que puedan cruzarlo a pie. Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, y ellos entrarán en el mar detrás de los israelitas. Así me cubriré de gloria a expensas del Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus guerreros. Los egipcios sabrán que soy el Señor, cuando yo me cubra de gloria a expensas del Faraón, de sus carros y de sus guerreros.»
Palabra de Dios.
SALMO Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6 (R.: 1b)
R. Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria.
Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria:
Él hundió en el mar los caballos y los carros.
El Señor es mi fuerza y mi protección,
Él me salvó.
El es mi Dios y yo lo glorifico,
es el Dios de mi padre y yo proclamo su grandeza. R.
El Señor es un guerrero,
su nombre es «Señor.»
El arrojó al mar los carros del Faraón y su ejército,
lo mejor de sus soldados se hundió en el Mar Rojo. R.
El abismo los cubrió,
cayeron como una piedra en lo profundo del mar.
Tu mano, Señor, resplandece por su fuerza,
tu mano, Señor, aniquila al enemigo. R.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 12, 38-42
Algunos escribas y fariseos le dijeron a Jesús: «Maestro, queremos que nos hagas ver un signo.»
El les respondió: «Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás. Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón.»
Palabra del Señor.
PARA REFLEXIONAR
- Hoy vemos al faraón que se arrepiente de haber dejado escapar a este pueblo numeroso, que era mano de obra barata. El mismo que había dejado partir a los hebreos, hizo enganchar su carro, tomó todos los carros de Egipto y se lanza a perseguirlos.
- Por otro lado, el pueblo israelita que acaba de ser liberado de la esclavitud, se ha olvidado de Dios y empieza a murmurar contra Moisés. A pesar de todo están dispuestos a volver a la vida de esclavos, debido a las ventajas que sacaban. Acorralados entre el mar y sus perseguidores egipcios, no ven salida a la situación. Moisés los anima y los invita a avanzar hacia la libertad, con decisión y sin miedo, porque el Señor les va a conceder la victoria aunque el camino esté lleno de dificultades.
- El relato del paso del Mar Rojo es un acontecimiento clave y el mejor símbolo de la liberación, es el hecho constituyente del pueblo de Israel. No es una historia científica sino un relato religioso, en el que continuamente el Dios fiel a su promesa, salva a su pueblo y lo guía.
- Por encima de un pueblo que duda y que no acaba de confiar en la palabra de Yahvé, Moisés aparece como un hombre de fe pura e inquebrantable.
***
- Jesús había realizado signos suficientes para mostrar no solamente que venía de Dios, sino que era Dios. Pero, aun así, a algunos maestros de la ley y fariseos no les alcanzaba y le piden que demuestre su procedencia divina con una señal prodigiosa. Le piden que les dé muestras palpables de que es el Hijo de Dios. Sin embargo, por más milagros que hubiera hecho, no habrían creído.
- El Señor, con tono profético, tomando una señal prodigiosa del Antiguo Testamento, anuncia su muerte, sepultura y resurrección. Jesús les recuerda el signo particular que Dios realizó en el profeta Jonás, cuando estuvo en el vientre de una ballena, durante tres días completos y luego lo arrojó.
- Esta figura del misterio pascual, es la única señal que se les dará. Allí el poder de Dios se manifestará con todo su esplendor. Frente a ella deberán optar.
- Ellos no aceptan el mensaje salvador que les ha anunciado Jesús. Han cerrado su mente y su corazón a la novedad del Reino. Se sienten seguros en sus tradiciones, instituciones y códigos. Su sabiduría y elocuencia los hace soberbios y autosuficientes.
- Existe en nuestra vida una tendencia a pedir señales, milagros, signos, pruebas indiscutibles, para poder creer. Lo que produce beneficios entra dentro de nuestra escala de valores. El utilitarismo nos condiciona y queremos experimentar ya los efectos de lo que pedimos.
- Hemos perdido el sentido de la gratuidad y de los procesos. Esto hace que la fe sea demasiado débil y atada a resultados inmediatos.
- La resurrección de Jesús es el único signo que se nos ha dado y se nos dará. También nosotros, hemos sido sepultados con Cristo, y vivimos por Él y en Él, ahora y por siempre, habiendo dado un verdadero “paso pascual”: paso de muerte a vida, del pecado a la gracia. Liberados de la esclavitud del pecado, llegamos a ser hijos de Dios. Es “el gran prodigio”, que ilumina nuestra fe y nos abre a la esperanza de vivir amando como Dios nos invita a hacerlo, para poseer su Amor en plenitud.
- La resurrección es el triunfo de la vida sobre toda forma de muerte. Por eso la Pascua de Jesús como la nuestra, por el bautismo, son el signo de vida por excelencia; causa de tantos “milagros cotidianos de la gracia”.
PARA DISCERNIR
- ¿Le pedimos a Jesús que nos dé un “signo”, una “prueba” de su presencia?
- ¿Qué busco en este tipo de pedido?
- ¿Cambia mi actitud de fe ante la ausencia de respuestas visibles?
REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA
Jesús, bendito signo del Padre
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
…”Conozco dos tipos de creyentes. Los que necesitan milagros para creer y aquellos a quienes el milagro no añade ni una onza de fe; más aún, casi les supone una mortificación. No hace falta escarnecer a los primeros; están en buena compañía, puesto que el mismo san Agustín dice con ellos: «Sin los milagros no sería cristiano». A los segundos no les hace falta creer demasiado: si bajara a una plaza cualquiera, en una hora de tráfico o de mercado, gritando que a una milla de allí se había aparecido la Virgen, en un abrir y cerrar de ojos se quedaría desierta la plaza, estoy seguro de ello. Y los primeros en correr detrás de mí serían tal vez los materialistas, los llamados incrédulos, pero inmediatamente después, no menos jadeantes, vería a muchos de esos amigos que solían decirme: «El milagro es para mí algo superfluo, mi fe no necesita milagros».
La verdad para todos nosotros es sólo esta: que somos milagros, venimos del milagro y estamos hechos por milagros. Hasta el hombre que lo tiene todo invoca el milagro, porque el milagro, antes de ser un socorro benéfico, antes de ser un don útil y resolutivo contra la pena, es la exaltación de la infancia que vuelve a encantarnos, la revancha de aquella primera sabiduría inocente sobre la falaz sabiduría de después.
El Evangelio es el campo de los milagros. Sin embargo, hay una cosa que aparece clara de inmediato: que Cristo fue enemigo de los milagros. El milagro, para Él, es lo que debería brotar como consecuencia, algo para cuya obtención cedió a hacerse brujo y que, sin embargo, sólo en rara ocasión consiguió: la fe. «Más adelante vio a otros dos hermanos: Santiago, el de Zebedeo, y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo reparando las redes. Les llamó también, y ellos, dejando al punto la barca y a su padre, le siguieron». Nosotros nos hemos quedado reparando las redes, aunque él nos ha mirado en más de una ocasión; tranquilos en la barca con nuestro padre y los mozos, hemos hecho fracasar el milagro rarísimo, ése ante el cual la resurrección de Lázaro es un juego. El milagro que le sale una vez de cada mil y que nadie ha sido capaz de contar. Seguirle”…
L. Santucci, Una vida de Cristo.
PARA REZAR
Oración de san Francisco
Alto y glorioso Dios:
ilumina las tinieblas de mi corazón,
dame una fe recta,
esperanza cierta,
caridad perfecta
y humildad profunda.
Dame, Señor,
comprensión y discernimiento
para cumplir
tu verdadera y santa voluntad.
Amén.
MARTES XVI
25 DE JULIO – SANTIAGO APÓSTOL (F)
El que quiera ser grande que se haga servidor
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo
a los cristianos de Corinto 4, 7-15
Hermanos:
Nosotros llevamos un tesoro en recipientes de barro, para que se vea bien que este poder extraordinario no procede de nosotros, sino de Dios.
Estamos atribulados por todas partes, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.
Siempre y a todas partes, llevamos en nuestro cuerpo los sufrimientos de la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Y así aunque vivimos, estamos siempre enfrentando a la muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De esa manera, la muerte hace su obra en nosotros, y en ustedes, la vida.
Pero teniendo ese mismo espíritu de fe, del que dice la Escritura: Creí, y por eso hablé, también nosotros creemos, y por lo tanto, hablamos. Y nosotros sabemos que aquel que resucitó al Señor Jesús nos resucitará con él y nos reunirá a su lado junto con ustedes.
Todo esto es por ustedes: para que al abundar la gracia, abunde también el número de los que participan en la acción de gracias para gloria de Dios.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 125, 1-2b. 2c-3. 4-5. 6 (R.: 5)
R. Los que siembran entre lágrimas, cosecharán entre canciones.
Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía que soñábamos:
nuestra boca se llenó de risas
y nuestros labios, de canciones. R.
Hasta los mismos paganos decían:
« ¡El Señor hizo por ellos grandes cosas!»
¡Grandes cosas hizo el Señor por nosotros
y estamos rebosantes de alegría! R.
¡Cambia, Señor, nuestra suerte
como los torrentes del Négueb!
Los que siembran entre lágrimas
cosecharán entre canciones. R.
El sembrador va llorando
cuando esparce la semilla,
pero vuelve cantando
cuando trae las gavillas. R.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 20-28
La madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.
«¿Qué quieres?», le preguntó Jesús.
Ella le dijo: «Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»
«No saben lo que piden», respondió Jesús. «¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?»
«Podemos», le respondieron.
«Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre.»
Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús los llamó y les dijo: «Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo: como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.»
Palabra del Señor.
PARA REFLEXIONAR
- Los apóstoles son, por antonomasia, los testigos de la resurrección de Cristo, es decir, mensajeros y proclamadores del triunfo de Jesús sobre la muerte y, por tanto, los primeros anunciadores de la salvación para todos los hombres. Son aquellos que nos dan el perfil auténtico del discípulo-misionero que reclama la Iglesia de hoy: en contacto con el Señor, aprendiendo en la escuela de su vida y anunciando lo que han visto y oído.
- La primera lectura nos habla de cómo unos años después de la resurrección, Santiago y los demás apóstoles, igual que el Maestro, pasaban haciendo el bien y dando testimonio de Jesús resucitado entre el pueblo, con la convicción de estar cumpliendo la voluntad de Dios, hasta el punto de poder decir: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres».
- Esta tarea la realizan con fuerza y decisión, porque son dóciles al Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen. Una fuerza que los sostiene hasta el fin, hasta el martirio si es necesario.
- La lectura a los Corintios nos presenta el tesoro de ser apóstol, en vasos de barro. El texto se inicia con una lista de calamidades, con las que se quiere ilustrar la metáfora del vaso de barro. Pero esas calamidades, no destruyen ese vaso de debilidad que es el apóstol, porque la predicación del evangelio es acción de Dios, sostenida con la fuerza del Espíritu Santo. Eso hace posible que el apóstol no viva angustiado, ni desesperado, ni abandonado.
- En el evangelio, un día, la madre de los Zebedeo con sus hijos, se postró para pedir a Jesús, puestos de honor y gloria; uno a su derecha y el otro a su izquierda en el reino. Estos dos hermanos, junto a Pedro, presenciaron la resurrección de la hija de Jairo, la gloria del Tabor y la agonía de Getsemaní; y acreditaron su vehemencia, pidiendo a Jesús que lloviera fuego sobre los que lo rechazaban, ganándose así el apodo de “Boanerges” hijos del trueno. Creían también, que el mesianismo de Jesús, iba por el camino de los honores y de la autoridad. Pero a la vez hicieron valer su arrojo y valentía, dispuestos a beber el cáliz de su Señor.
- Santiago y su hermano Juan recibieron una lección muy clara por parte de Jesús. Jesús los exhortó al servicio humilde de los hermanos. Frente a la ambición de los hijos del trueno, que buscan un primer puesto, el Señor les apunta que al Reino se llega por el camino de la cruz.
- Esto no es un ideal inasequible, sino un ideal que puede ser asumido en la vida del discípulo: Jesús vivió según esta ley. Su misión fue servir a la humanidad abriéndole el camino de la vida, hasta morir por ello. El amor que ha salido del Padre lo impulsa al servicio, y el servicio lo empuja hasta la entrega de la vida. No recurre, en su lucha por la liberación de la humanidad, ni al dinero, ni a las armas, ni al prestigio, para lograr el éxito de la causa de Dios. Fue el amor su única arma. El discípulo debe marchar por el camino del Maestro, que «no ha venido para que lo sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos». Es esta una lección perpetuamente válida en la Iglesia, no sólo para los que, continuando el ministerio apostólico, tienen cargos de dirección en la comunidad cristiana, sino también para todos los miembros de la comunidad, llamados igualmente al servicio común.
- Jesús es consciente de que el ideal que Él propone, va contra las tendencias más innatas del espíritu humano, que impulsan a dominar a los demás.
- El camino de conversión de los doce, y en particular, el que fue haciendo Santiago, es un llamado y esperanza para todos nosotros; que también podemos hacer realidad una Iglesia con carismas puestos en comunión. Se hace necesario perder muchos miedos. Hay que volver al Evangelio sin prejuicios, ni medias tintas.
- Santiago aprendió la lección con su propia vida. Se hizo servidor, dio su vida para dar vida. Y así siguió el camino del Maestro. Todos aquellos que hoy celebramos su fiesta, debemos pedirle que aprendamos a seguir su camino de fe, de servicio, de darse. Y no el camino de creernos mejores, de pretender imponer en vez de anunciar. El reino se construye al modo de Jesús: dando y no exigiendo.
- Pidamos que cada uno, en nuestra tarea, sepamos ejercer nuestra responsabilidad, no buscando el aplauso ni el privilegio, sino el servicio. Pidámoslo en cada eucaristía haciendo memorial de la última cena de Aquel que siendo el Maestro y Señor lavó los pies de los discípulos, para darnos ejemplo y para que también nosotros lo hagamos así.
- Los discípulos, y Santiago entre ellos, lo comprendieron con la mirada puesta en su Maestro y lo confirmaron al precio de su propia sangre.
- «Santiago vivió poco tiempo, pues ya en un principio le movía un gran ardor: despreció todas las cosas humanas y ascendió a una cima tan inefable que murió inmediatamente». San Juan Crisóstomo.
PARA DISCERNIR
- ¿Cómo puedo llegar a ser “grande”?
- ¿Cómo vivo la actitud de servicio que pide Jesús?
- ¿En qué momentos específicos noto que me siento más inclinado a mandar o a servir?
REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA
Enviado a ser servidor
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
«Jesús los llevó a solas a una montaña alta y se transfiguró ante ellos.» – Mc 9,2
…”Todos los que ven a Cristo no son iluminados del mismo modo sino según la medida de su capacidad de recibir la luz. Nuestros ojos corporales no siempre están iluminados del mismo modo por el sol. Cuanto más alto uno sube, más puede contemplar su salida y mejor percibe su resplandor y su calor. Del mismo modo, nuestro espíritu cuanto más alto se eleva y sube hasta Cristo, más descubrirá el esplendor de su claridad, más intensamente será iluminado por su luz. El Señor mismo lo declara por boca del profeta: «Acercaos a mí y yo me acercaré a vosotros.» (Zac 1,3)…
De manera que no todos nosotros nos llegamos a Cristo de la misma manera, sino que cada uno lo hace según «sus capacidades». (Mt 25,15) O bien, nos vamos con las multitudes hacia él para que nos sacie con el pan de sus parábolas para no desfallecer por el camino (Mc 8,3), o bien, nos quedamos a sus pies, sin preocuparnos de nada más que de escuchar su palabra, sin dejarnos distraer por las múltiples necesidades del servicio. (Lc 10,38ss)… Sin duda alguna que los que se acercan así al Señor recibirán mucha más luz.
Pero, igual que los apóstoles, sin alejarnos nunca de él, «permanecemos» constantemente con él en las tribulaciones (Lc 22,28) Cristo nos explicará en secreto lo que había dicho a las multitudes y con más claridad todavía nos iluminará. (M13, 11ss). En fin, si él encuentra a alguien capaz de subir a la montaña con él, como Pedro, Santiago y Juan, éste ya no sólo será iluminado por la luz de Cristo sino también por la voz del Padre”…
Orígenes (185-253) presbítero y teólogo
Homilías sobre el Génesis 1,7; SC 7 Pág. 72-73
PARA REZAR
Padre nuestro: necesitamos tu Espíritu:
- para comprender las necesidades de todos los hombres
- para participar con generosidad en tus planes
- para iniciar en esta vida la salvación de la vida eterna
- para responder al Evangelio con la promoción de la fe
- para superar el materialismo que impregna nuestras vidas
- para sumarnos al esfuerzo actual de solidaridad
- para comprometernos en promover la paz y la justicia
- para llenar nuestro corazón de tu presencia
- para renovar nuestra forma de orar y meditar.
R.A.J.
MIÉRCOLES XVI
26 DE JULIO – SANTOS JOAQUÍN Y ANA, PADRES DE LA VIRGEN MARÍA (M.O)
Lectura del libro del Eclesiástico 44, 1. 9-15
Elogiemos a los hombres ilustres, a los antepasados de nuestra raza. No sucede así con aquellos, los hombres de bien, cuyas obras de justicia no han sido olvidadas. Con su descendencia se perpetúa la rica herencia que procede de ellos.
Su descendencia fue fiel a las alianzas y también sus nietos, gracias a ellos. Su descendencia permanecerá para siempre, y su gloria no se extinguirá.
Sus cuerpos fueron sepultados en paz, y su nombre sobrevive a través de las generaciones. Los pueblos proclaman su sabiduría, y la asamblea anuncia su alabanza.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 131, 11. 13-14. 17-18 (R.: Lc 1, 32b)
R. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre.
El Señor hizo un juramento a David,
una firme promesa, de la que no se retractará:
«Yo pondré sobre tu trono
a uno de tus descendientes.» R.
Porque el Señor eligió a Sión,
y la deseó para que fuera su Morada.
«Este es mi Reposo para siempre;
aquí habitaré, porque lo he deseado. R.
Allí haré germinar el poder de David:
yo preparé una lámpara para mi Ungido.
Cubriré de vergüenza a sus enemigos,
y su insignia real florecerá sobre él.» R.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 16-17
Jesús dijo a sus discípulos:
«Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.»
Palabra del Señor.
PARA REFLEXIONAR
- Ante la necesidad de dilucidar la cuestión de la ascendencia de María, Padres de la Iglesia oriental, como San Epifanio y San Juan Damasceno, tomaron de una vieja tradición diversas noticias acerca de los abuelos maternos de Jesús. Por otra parte, el hecho de que tantas veces encontremos representaciones pictóricas y escultóricas alusivas a los primeros años de María, quien aparece reclinada en los brazos de su madre, Santa Ana, y a escenas de la vida pastoril de San Joaquín, a quien se presenta como padre de María, atestigua la popularidad y el cariño con que han gozado en el pueblo cristiano, San Joaquín y Santa Ana como padres de María y abuelos de Jesús.
- La devoción a Santa Ana es más popular y más antigua que la de San Joaquín. Ya en el año 550, el 25 de julio el emperador Justiniano le dedicó una basílica a Santa Ana en Constantinopla. Desde entonces, las iglesias orientales celebraron su fiesta en esa fecha. Siglos más tarde, y sobre todo a raíz de las cruzadas, esta celebración se difundió en Occidente, pero la celebración se colocó el día 26. Finalmente, en 1584 la fiesta quedó fijada para toda la Iglesia, tanto en los países orientales como en los occidentales.
- El culto de San Joaquín se introduce hacia el siglo XIV, época en la que también se populariza el culto de San José. Dos siglos más tarde se consolida la fiesta que se celebraba primero el 20 de marzo. En 1738 se trasladó al domingo siguiente al 15 de agosto (Asunción de la Virgen); y finalmente, a principios del siglo XX, el Papa Pío X la fijó en el día siguiente de la Asunción, el 16 de agosto. A raíz de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, en 1969, se unió la conmemoración de los padres de María en una única fiesta, la del 26 de julio.
***
- Ante la ausencia de datos ciertos, el pasaje de Mateo, nos sirve como marco de reflexión para la celebración de la fiesta de san Joaquín y santa Ana. Jesús alaba y llama felices a los discípulos porque, no solamente ven y escuchan lo que todos ven y escuchan, sino porque, además, pueden descubrir el paso de Dios. A diferencia de las otras bienaventuranzas que encontramos en Mateo 5, en esta, no se hace mención alguna a la condición de contrariedad o desgracia actual de los futuros bienaventurados. La felicidad aquí, es ver y entender desde ahora mismo el proyecto de Jesús. Jesús afirma que la felicidad se encuentra en el hecho de poder verlo y de oír sus palabras, porque con Él, ha llegado el tiempo definitivo (cfr. He 1,1-2), de tal manera que, al poner la mirada en su persona, podemos hablar de un antes y un después.
- Así, Dios se sirve de unos elementos humanos como preparación del nuevo tiempo: por el hecho de formar parte de nuestra historia, el Hijo de Dios necesita una madre, y ésta será María; la Virgen también necesita unos padres que fueron Joaquín y Ana. Ellos, sin saberlo, serán los abuelos del Mesías.
- La felicidad es haber descubierto la perla de gran valor. «El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra…» (Mt 13, 44-45). Así, pues, a semejanza de un tesoro o de una perla de gran valor, el Reino de Dios -el Reino de los cielos – se encontraba escondido en aquella casa de Nazaret, en la que María, hija de Joaquín y Ana, se preparaba al momento de la Anunciación.
- …”Nosotros, cuando meditamos sobre el acontecimiento de la Anunciación en la plegaria del «Ángelus Domini», pedimos que el Reino de Dios -el Reino de los cielos- esté también escondido en nuestros corazones, en nuestras familias, en todo el campo de nuestra vida, a fin de que no se malgaste este tesoro, no se pierda esta perla de tanto valor, no se pierda por ningún motivo, ya que, «¿qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?» …(San Juan Pablo II 1981)
PARA DISCERNIR
- ¿Le damos valor a los gestos cotidianos en los que Dios nos manifiesta su proyecto de amor?
- ¿Buscamos a Dios en lo sencillo de la vida?
- ¿Le damos valor a nuestra familia y a nuestra historia?
PARA REZAR
Señor, Dios de nuestros padres,
que concediste a san Joaquín y a santa Ana
el privilegio de tener como hija a María,
la madre del Señor, concédenos,
por la intercesión de estos dos santos,
la salvación que has prometido a tu pueblo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
JUEVES XVI
A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino
Lectura del libro del Éxodo 19, 1-2. 9-11. 16-20b
El primer día del tercer mes, después de su salida de Egipto, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí. Habían partido de Refidím, y cuando llegaron al desierto del Sinaí, establecieron allí su campamento. Israel acampó frente a la montaña.
El Señor dijo a Moisés: «Yo vendré a encontrarme contigo en medio de una densa nube, para que el pueblo pueda escuchar cuando yo te hable. Así tendrá en ti una confianza a toda prueba.» Y Moisés comunicó al Señor las palabras del pueblo.
Luego añadió: «Ve adonde está el pueblo y ordénales que se purifiquen hoy y mañana. Que laven su ropa y estén preparados para pasado mañana. Porque al tercer día el Señor descenderá sobre la montaña del Sinaí, a la vista de todo el pueblo.
Al amanecer del tercer día, hubo truenos y relámpagos, una densa nube cubrió la montaña y se oyó un fuerte sonido de trompeta. Todo el pueblo que estaba en el campamento se estremeció de temor. Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y todos se detuvieron al pie de la montaña. La montaña del Sinaí estaba cubierta de humo, porque el Señor había bajado a ella en el fuego. El humo se elevaba como el de un horno, y toda la montaña temblaba violentamente. El sonido de la trompeta se hacía cada vez más fuerte. Moisés hablaba, y el Señor le respondía con el fragor del trueno.
El Señor bajó a la montaña del Sinaí, a la cumbre de la montaña, y ordenó a Moisés que subiera a la cumbre.
Palabra de Dios.
SALMO Dn. 3, 52a. 52b. 53. 54. 55. 56
R. Alabado y exaltado eternamente.
Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito sea tu santo y glorioso Nombre. R.
Bendito seas en el Templo de tu santa gloria,
por encima de todo.
Bendito seas en el trono de tu reino,
y exaltado eternamente. R.
Bendito seas tú, que sondeas los abismos,
y te sientas sobre los querubines.
Bendito seas en el firmamento del cielo,
aclamado y glorificado eternamente. R.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 10-17
En aquel tiempo, los discípulos se acercaron y le dijeron: « ¿Por qué les hablas por medio de parábolas?»
El les respondió: «A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice:
Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán. Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.»
Palabra del Señor.
PARA REFLEXIONAR
- Entramos en los capítulos que constituyen la parte central del Éxodo. En ellos nos encontramos con el relato de la preparación de la alianza, el código de la alianza y el relato de la celebración de la alianza.
- Los hijos de Israel llegaron al desierto del Sinaí, donde Dios espera a los suyos para hacer alianza con ellos, y darles su ley.
- Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos, relámpagos y una densa nube sobre la montaña. Dios se sirve también de los fenómenos naturales para dar a conocer su presencia salvadora; una gran tormenta resonando, un movimiento sísmico o una erupción volcánica con humaredas grandiosas. Dios quiere preparar al pueblo antes de dictarle las cláusulas de la Alianza.
- El pueblo reconoce la grandeza de Dios y se purifica para encontrarse con Él, aunque sólo Moisés será el elegido para subir al monte.
- Yahvé ayudó a Israel a atravesar el desierto, conduciéndolo hasta el Sinaí, para establecer una alianza con este pueblo.
- Yahvé le dice a Moisés que se presentará en una densa nube. En toda la tradición bíblica, la «nube» seguirá siendo el signo de la presencia divina. Dios es el que toma la iniciativa de ese encuentro.
***
- Los discípulos preguntan a Jesús porque a la gente le habla en parábolas y a ellos no. Jesús responde diciendo que ellos, son de los que han comprendido y asimilado la Palabra, y que los otros aun habiéndola escuchado, no se han dejado transformar por su novedad.
- Esta aptitud para comprender la palabra no se trata de un privilegio ‘dado’ a algunos, y ‘negado’ a otros. El comprender o no, es fruto de una apertura de corazón a su palabra, de un camino de conversión, de acercamiento a Jesús, y requiere esfuerzo. No es un simple oír la Palabra y dejar que ésta pase exteriormente sin que toque y cuestione la vida.
- Para quien ha hecho un camino serio de apertura y confrontación con la Palabra de Dios, todo lo que sucede es ocasión de crecimiento, por eso está en condiciones de recibir más. Pero para quien no ha recorrido este camino, lo poco que podría tener lo pierde.
- La causa de tal cerrazón es el corazón endurecido que no deja penetrar la ‘buena nueva’ de Cristo.
- Jesús termina dirigiendo una “alabanza” a quienes estaban junto a Él y declara dichosos sus ojos, porque lo ven, y sus oídos, porque lo oyen.
- Con Él llega la plenitud de los tiempos, y esta alabanza también nos alcanza. Si bien no hemos visto a Jesús con nuestros ojos, sí lo hemos conocido y lo conocemos por la fe. No hemos escuchado su voz con nuestros oídos, pero sí hemos escuchado y escuchamos sus palabras. El conocimiento que la fe nos da, aunque no es sensible, es un auténtico conocimiento, nos pone en contacto con la verdad y, por eso, también nos hace felices.
- Que nuestro trato con Jesús sea tan cercano como el que tenían aquellos discípulos que estaban junto a Él, que lo vieron y oyeron. Estamos realmente en su tiempo, el tiempo de su gracia y salvación, un tiempo que no acaba. La oración y la Eucaristía nos aseguran esta cercanía y nos hacen realmente dichosos al mirarlo con ojos y oídos de fe.
PARA DISCERNIR
- ¿Qué realidad personal he dejado transformar por mi escucha de la Palabra de Dios?
- ¿Me animo a vivir cada día como tiempo de gracia y salvación?
- ¿Qué cerrazones y endurecimientos me impiden recibir “más”?
REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA
Que comprenda, tu Palabra
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
«Muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros»
…”Al emperador Adriano, Augusto César, y a Verísimo, su hijo filósofo, y a Lucio, filósofo, y al Senado y a todo el pueblo romano: yo, Justino de Neápolis [Naplouse] en Siria de Palestina, uno de los muchos hombres de toda raza que son injustamente odiados y perseguidos, dirijo este discurso a favor de todos ellos…
Se nos pone la objeción de que aquel a quien llamamos Cristo no es sino un hombre, que los prodigios que le atribuimos son debidos a arte de magia y que logró hacerse pasar por Hijo de Dios. Nuestra demostración no se apoyará sobre lo que se dice sino sobre unas profecías hechas antes del acontecimiento, a las cuales, necesariamente, hemos de creer porque hemos visto y todavía vemos que se realiza lo que estaba predicho…
Entre los judíos hubo profetas de Dios a través de los cuales el Espíritu profético anunció por adelantado los acontecimientos futuros. Estas profecías fueron cuidadosamente conservadas por los sucesivos reyes de Judea, tal cual habían sido pronunciadas, en unos libros escritos en hebreo por la mano misma de los profetas…
Ahora bien, leemos en los libros de los profetas que Jesús, nuestro Cristo, ha de venir, que nacerá de una virgen, que llegará a la edad adulta, que curará toda clase de enfermedades y dolencias, que resucitará a los muertos, que será menospreciado y perseguido, será crucificado y morirá, que resucitará y subirá al cielo, que es y será reconocido Hijo de Dios, que enviará a algunos a anunciar estas cosas al mundo entero y que serán sobre todo los paganos los que creerán en él. Estas profecías fueron pronunciadas hace cinco mil, tres mil, dos mil, mil, ochocientos años antes de su venida porque los profetas se fueron sucediendo uno tras otro de generación en generación”…
San Justino (hacia 100-160), filósofo, mártir – Primera apología, 1.30-31
PARA REZAR
A pesar de todo
A pesar de todo…
Creo en la fuerza silenciosa y la oración
que viene de lo alto.
Creo en la serenidad, nobleza y comprensión.
Creo en la bondad espontánea,
en el gesto comunitario de quien sirve.
Creo en la luz radiante
reflejada en las manos que oran.
Creo en el sufrimiento
que habla de renuncia y donación.
Creo en la mirada comprensiva
de los que expresan paz interior
por su oración.
Creo en la flor de la gratitud
que florece en el fondo del alma.
Creo en el silencio y la oración
que todavía construyen islas de bienestar
en el barullo y la competencia.
A pesar de todo… y sobre todo,
creo en el Amor alimentado de oración,
silencio y reflexión
que puede trasformar la tierra colocándola
más cerca del cielo.
Dios es silencio,
palabra hecha oración.
VIERNES XVI
El que escucha la palabra y la comprende produce fruto
Lectura del libro del Éxodo 20, 1-17
Dios pronunció estas palabras:
Yo soy el Señor, tu Dios, que te hice salir de Egipto, de un lugar en esclavitud.
No tendrás otros dioses delante de mí.
No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos.
No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano.
Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día sábado y lo declaró santo.
Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.
No matarás.
No cometerás adulterio.
No robarás.
No darás falso testimonio contra tu prójimo.
No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 18, 8. 9. 10. 11 (R.: Jn 6, 68c)
R. Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.
La ley del Señor es perfecta,
reconforta el alma;
el testimonio del Señor es verdadero,
da sabiduría al simple. R.
Los preceptos del Señor son rectos,
alegran el corazón;
los mandamientos del Señor son claros,
iluminan los ojos. R.
La palabra del Señor es pura,
permanece para siempre;
los juicios del Señor son la verdad,
enteramente justos. R.
Son más atrayentes que el oro,
que el oro más fino;
más dulces que la miel,
más que el jugo del panal. R.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 18-23
Jesús dijo a sus discípulos:
«Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador. Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno.»
Palabra del Señor.
PARA REFLEXIONAR
- La tercera etapa de la historia de la salvación la constituye la formación de Israel como pueblo peculiar, bajo la guía de Moisés.
- El decálogo que significa «las diez palabras» es un código en el que se recogen las cláusulas del pacto o alianza del Sinaí. Son las palabras que Israel ha de observar para ser pueblo «consagrado» y «propiedad escogida». Son revelación de Dios, y su objeto es prolongar, perpetuar la relación creada en el primer conocimiento, que es el de la liberación de la servidumbre.
- Es un sumario de diez preceptos absolutos. Presenta la misma estructura y distribución que los pactos de los hititas: tiene una introducción: «Yo soy el Señor, tu Dios»; un prólogo histórico: «que te saqué de Egipto, de la esclavitud»; las estipulaciones o cláusulas del pacto, la primera de carácter general y las restantes más particulares. El documento del pacto o de la alianza, en este caso las Tablas de la Ley, se depositaba y guardaba en el santuario.
- El decálogo contiene dos clases de preceptos: los que definen la actitud justa ante Dios y los que regulan el comportamiento con el prójimo formando un todo indivisible: no se responde a uno si no se responde igual al otro.
- En los primeros se exige reconocer como Dios, al único que se ha revelado salvador, que excluye la divinización de falsos dioses y las representaciones del Dios trascendente; prohíbe hacer uso vano de su nombre; manda recordarlo en la fiesta como creador y salvador. Los deberes para con Dios son liberadores: «nada» material merece nuestra adoración.
- En la segunda clase de preceptos se exige honor y respeto a la persona, comenzando por las que están cercanas desde el mismo momento del nacimiento: la familia; y así hasta incluir la gran familia humana. Se prohíbe toda forma de daño a la persona y a sus bienes, hasta con la intención. Dios está de parte del hombre y quiere liberarlo de todo lo que pueda destruir o atentar contra su vida y su desarrollo humano y social.
***
- Contemplamos a Dios como un agricultor bueno y magnánimo, que siembra a manos llenas. No ha sido avaro en la redención del hombre, sino que lo ha gastado todo en su propio Hijo Jesucristo, que como grano enterrado se ha convertido en vida y salvación nuestra, gracias a su Resurrección.
- La parábola del sembrador, es retomada para mostrar lo que sucede en el hombre desde la experiencia de la Palabra, que germina en la vida. Dios nos ofrece el don de su palabra, sin fijarse inicialmente qué tipo de terreno somos.
- La palabra se la compara con una semilla, porque es fuerza de vida que genera Vida en la vida de quien la recibe.
- Están los que no tienen el espacio suficiente para que ella haga su efecto, y entonces se pierde rápidamente. Hay otros oyentes distraídos, que no se dan al menos un espacio de silencio y oración para asimilar la Palabra, o más exactamente, para “comprenderla”.
- Existen dos factores que impiden en la vida espiritual que el camino de asimilación y maduración sea siempre ascendente y provechoso: las preocupaciones del mundo, y el apego a las cosas que distraen el corazón de lo esencial.
- Por el contrario, se encuentran en situación de comprender la palabra los que le permiten un espacio en su vida, y se dejan confrontar por ella. Esto provoca una experiencia vital de la Palabra que, como semilla, germina en nosotros y está en condiciones de dar los frutos de vida nueva, de la cual es portadora.
- Nunca debemos olvidar que el éxito de la cosecha, no radica en nuestras estrategias humanas, sino en la iniciativa salvadora de Dios “rico en misericordia”, y en la eficacia del Espíritu Santo, que puede transformar nuestras vidas; para que demos generosos frutos de caridad y de alegría contagiosa.
PARA DISCERNIR
- ¿Qué nos muestra la parábola del sembrador?
- ¿Con cuál de los cuatro tipos me identifico?
- ¿Qué decisiones necesito para dar fecundidad evangélica a mi vida?
REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA
Que te escuche, Señor, y me convierta
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Tú eres lo único que deseo, Señor: que ningún ídolo se interponga entre tú y yo: ni el ídolo de mi yo, sordo y ciego, ni el ídolo de la riqueza y del prestigio, sino que te reconozco a ti, y sólo a ti, como verdaderamente digno de ser servido, amado, adorado.
Purifica, Señor, mi corazón y mis labios para que nunca llegue a nombrarte sin respeto y veneración. Que nunca deshonre, con una conducta indigna de un hijo, tu santo nombre de Padre, que tu Hijo unigénito ha revelado y glorificado con la obediencia hasta la cruz.
Tuyo es el tiempo, oh eterno Creador: que toda mi existencia discurra en el único día que Cristo, al resucitar de la muerte, ha abierto sobre la cabeza del género humano. Y que el recuerdo de tus beneficios constituya la dulce fiesta de toda mi vida.
Toda paternidad y toda maternidad proceden de ti, oh Dios, fuente y plenitud de la vida: infunde en mí una profunda veneración y gratitud hacia todo el que, con santo temor y humildad, participa del poder generador de tu amor.
Que ningún pábulo de violencia, Señor, se insinúe en mis pensamientos, en mis sentimientos, en mis acciones dirigidas a los hombres mis hermanos. Haz que, viendo en ellos tu misma imagen, los trate con suma reverencia, sea cual sea su color y su condición. Si los matara, aunque sólo fuera en mi corazón con el rechazo o con la indiferencia, el grito de su angustia llegará, a tu rostro e infligiré un infinito dolor a tu corazón de Padre, que me verá más muerto que aquellos a quienes yo haya matado, un infinito dolor por la enormidad de mi pecado.
«No cometerás actos impuros». Este mandamiento nos sorprende hoy: ¿por qué no dejar a nuestra naturaleza que se desfogue libremente? No podemos olvidar que la malicia ha corrompido el corazón humano, que el amor ha degenerado en concupiscencia, la gratuidad en egoísmo posesivo.
Señor, que yo no robe tu gloria jactándome de lo que no es mérito mío; que no sustraiga a mis hermanos cuanto les has concedido para la vida física y moral: la estima, la libertad, el pan, la salud… Que goce yo más con su bien que con el mío, porque, teniéndote a ti, nada me falta.
Que toda mi conducta vital sea tal que refleje tu justicia y tu misericordia, Señor. Que la mentira o la ambigüedad nunca oscurezcan el espejo de mi conciencia.
Que mi corazón sea sencillo y puro, a fin de que también mi mirada se pose sobre todas las criaturas sin contaminarlas. Que todo yo vea tu luz, Señor, con el virginal candor de tu belleza.
Presérvame, Señor, de la codicia, del ansia de poseer y de gozar, de la envidia por los bienes de mi prójimo. Que mi corazón se encuentre de verdad allí donde está mi tesoro: Tú, sumo bien, nuestra eterna bienaventuranza.
A. M. Cánopi, Obediencia a la Palabra, Isola S. Julio. 2001
PARA REZAR
Alabanza sin fin
Quiero ensalzarte,
Rey mío y Dios mío,
y bendecir tu nombre para siempre.
Deseo bendecirte cada día
y cantarle a tu nombre para siempre.
Pues grande es el Señor,
digno de recibir toda alabanza,
y no puede medirse su grandeza.
Una generación le habla a otra
muy bien de tus hazañas,
le cuenta tus proezas,
Hablan de tu esplendor
y de la gloria de tu majestad,
nos refieren tus hechos milagrosos.
Nos cuentan el poder de tus prodigios,
nos narran tus grandezas.
Nos harán recordar tu gran bondad,
y anunciarán, alegres, tu justicia.
El Señor es clemente y compasivo,
lento para enojarse y lleno de bondad.
Bueno es el Señor para con todos,
y compasivo con todas sus obras.
El hace lo que quieren aquellos que lo temen
escucha su llamado y los salva.
Que mi boca recite en alta voz
la alabanza del Señor,
que todos los mortales
bendigan su santo nombre,
por los siglos de los siglos.
Amén.
Georgio Di Capitani
SÁBADO XVI
SANTA MARTA (M.O)
Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
Lectura de la primera carta
del Apóstol San Juan 1 Jn. 4, 7-16
Queridos hermanos:
Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados.
Queridos hermanos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo.
Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.
Palabra de Dios.
SALMO Sal 33, 2-11
Bendigo al Señor en todo momento
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R:
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 11,19-27
En aquel tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa.
Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le dice:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»
Palabra del Señor.
O bien:
Lucas 10,38-42
PARA REFLEXIONAR
- La memoria litúrgica de Santa Marta, la hermana de Lázaro y María, nos llega del siglo XIII, cuando los franciscanos, custodios de los Santos Lugares de Tierra Santa, la introdujeron en el calendario de la iglesia.
- La primera lectura, de la 1a carta de Juan, nos presenta la preeminencia del amor en la vida del cristiano. Esto es lo que han descubierto y encarnado los santos de modo admirable: Dios nos amó primero y nos redimió por la sangre de su Hijo, por eso todo “el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios”.
***
- El evangelio, tomado del capítulo 11 de san Juan, nos presenta el momento en que Marta encuentra a Jesús que, con sus discípulos, se acerca a la aldea en donde hace poco había muerto su amigo Lázaro. Jesús llega y Marta sale a su encuentro. Mientras tanto María permanece en la casa, la muerte de su hermano la reduce a la inactividad. La idea de la muerte como final, paraliza a la comunidad y la hace permanecer en el ambiente del dolor.
- El diálogo entre Jesús y Marta está centrado en la idea de la resurrección de los muertos. Muchos judíos, entre ellos los saduceos, consideraban la resurrección de los muertos contraria a las más antiguas y veneradas tradiciones, sin embargo los fariseos, y el sector más piadoso del pueblo, consideraban que Dios la había prometido a los justos, antes del juicio final, para poder darles el premio merecido por sus obras.
- Jesús llega a Betania y la frase de Marta muestra su pena y pone de manifiesto un reproche: el dolor de la muerte de Lázaro podía haberse evitado si el maestro hubiera llegado a tiempo. Esperaba una curación milagrosa, que sin lugar a dudas duraría un tiempo, sin darse cuenta de que la vida que Jesús vino a comunicar, ha curado de raíz la esclavitud de la muerte a la que el hombre estaba sometido.
- Pero, por otro lado expresa su confianza en Jesús al decirle que todo lo que pida al Padre se lo concederá. Jesús responde a Marta devolviéndole la esperanza: la muerte de su hermano no es definitiva y le afirma que Lázaro resucitará. Marta interpreta las palabras de Jesús según la creencia farisea y popular, y le responde que sabe que resucitará al final de los tiempos. Marta no se resigna a la desaparición de su hermano y Jesús le revela que Él es la resurrección y la vida; y que todo el que cree en Él, aunque haya muerto vivirá. La vida que Él comunica, al encontrarse con la muerte, la supera.
- Jesús no viene a prolongar la vida física que el hombre posee, suprimiendo o retrasando indefinidamente la muerte; viene a comunicar la vida que Él mismo posee y de la que dispone. Marta responde realizando una confesión de fe cristiana en Jesús como el Mesías, el Ungido, el Consagrado por Dios con el Espíritu, el Hijo de Dios, la presencia del Padre entre los hombres.
- Para que la realidad de vida definitiva que es Jesús llegue al hombre, es imprescindible la adhesión a Él, el acto incondicional de fe. Aceptar su vida y su muerte como camino para la propia vida. A esta adhesión, responde Él con el don del Espíritu, que nos regala un nuevo nacimiento a una vida nueva que la muerte no frena.
PARA DISCERNIR
- ¿Manifiesto con la confianza de Marta el sentir de mi corazón a Jesús?
- ¿Vivo dando testimonio de una esperanza grande en la eternidad?
- ¿A qué conversión me invita el Evangelio de este día?
REPITAMOS A LO LARGO DE ESTE DÍA
Creo Señor, Tú eres el Hijo de Dios
PARA LA LECTURA ESPIRITUAL
Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa
…”En la eternidad todos estaremos sentados a la mesa. Yo no me atrevería a decirlo si no fuera porque el mismo Señor lo promete. Promete una gran recompensa a sus servidores porque les dice: «Los hará sentar a la mesa y uno a uno los irá sirviendo» (Lc 12,37)… Grande es, pues, la promesa y dichoso su cumplimiento. Actuemos de manera tal que lo merezcamos; que podamos ser ayudados de manera que alcancemos este lugar en el que el Señor nos servirá a la mesa.
¿Qué será esta cena si no un descanso? Y ¿qué quiere decir «Él nos servirá» sino que nos saciará? ¿De qué alimento y de qué bebida? Seguramente de la misma verdad… ¿No crees que Dios te puede alimentar así, siendo así que de esta misma manera tu ojo se sacia de luz? Que sean muchos los que vean la luz ya que brilla con abundancia; aunque la vean pocos ella brilla con la misma intensidad. Esparce consuelo, pero no puede faltar; se la usa sin que ella disminuya… ¿Por qué todavía no lo entendéis? Porque estáis ocupados en muchas cosas. El trabajo de Marta os tiene ocupados; más aún: nos ocupa a todos. Porque ¿quién está dispensado de este trabajo de asistencia?…
Por eso, amados míos, os ruego y exhorto…: esta vida, deseémosla todos juntos. Vayamos todos juntos, corriendo, hacia ella para, al llegar, permanecer en ella. Llega la hora y ésta no tendrá fin cuando el Señor nos hará sentar a la mesa para servirnos. ¿Qué nos servirá sino es él mismo? ¿Por qué buscar qué vamos a comer? –es el mismo Señor… «Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor… (Sl 27,4)—No queramos, pues, el sabor de las cosas carnales…: éstas pasarán. Si quieres hacer el oficio de Marta ocupándote en ellas, que sea con moderación y misericordia… El trabajo pasa, el descanso vendrá, pero no se llega al descanso si no es a través del trabajo. La nave acaba su misión, se llega a la patria, pero no se llega a la patria si no es por la nave. Pero estoy seguro que no vamos a naufragar, porque somos llevados sobre el madero de la cruz.
San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), y doctor de la Iglesia
Sermón 104.
PARA REZAR
Señor Jesús
Mi fuerza y mi fracaso
eres tú.
Mi herencia y mi pobreza.
Tú, mi justicia, Jesús.
Mi guerra, y mi paz.
¡Mi libre libertad!
Mi muerte y mi vida.
Tú. Palabra de mis gritos,
silencio de mi espera,
testigo de mis sueños,
¡Cruz de mi cruz!
Causa de mi amargura,
perdón de mi egoísmo,
crimen de mi proceso,
juez de mi pobre llanto,
razón de mi esperanza,
¡Tú! Mi tierra prometida
eres tú…
La Pascua de mi Pascua,
¡nuestra gloria por siempre,
Señor Jesús!